Sasha Grey como ‘actriz seria’


En estos días vi The Girlfriend Experience, una película de Steven Soderbergh (que ha hecho unas pocas pelis buenas y otras tantas más dudosas/malas), falso documental sobre una prostituta de clase alta, si se le puede decir.

Lo que me llamó de la película, mejor dicho lo que hizo que la viera, fue su protagonista. Para quienes no saben, les cuento. Sasha Grey fue (creo ya no hace pero puedo estar equivocada) una actriz porno. Sí, yo la conozco de esa época (ni que fuera hace tanto, me refiero a que la conozco de antes de pasar al ‘cine’). No, no vi ninguna de sus películas aunque sí algún que otro videito. Es que lo caracteriza a esta mujer como actriz porno es que no le tiene miedo a nada, que disfruta del sexo y lo demuestra todo el tiempo y que se caracteriza más que nada por sus escenas hardcore (googleen, no voy a publicar nada). Pero Sasha Grey siempre fue más que una simple actriz porno. Es una mujer sumamente inteligente y culta, y no de las que se hacen las inteligentes, demuestra que lo es realmente. Uno se podría preguntar entonces, ¿por qué alguien con esa capacidad intelectual termina trabajando en películas ‘sucias’ en lugar de seguir una carrera universitaria? La respuesta que ella da es simple y concreta: porque le gusta, le gusta el sexo y toma todo esto como una especie de liberación femenina. Bien por ella. Me encanta la gente que hace lo que quiere. Por supuesto no coincido. Sí, me gusta el sexo pero no con gente que no conozco y mucho menos que me vean. Pero en gustos…
La cuestión es que Soderbergh (que dice que leyó de ella en alguna revista) la contrata para algo diferente, aunque a simple vista suene parecido. Porque interpreta a una prostituta. Pero, además de ser como una acompañante (o sea, sí tiene sexo pero además puede acompañar al cliente a otro lado, a desayunar, conversar sobre la economía…) de clase alta, no hay escenas de sexo, sólo algún desnudo muy sutil.
Sobre la película, me gusta el tema y el modo en qué está tratado. El personaje principal, que parece una joven que lo tiene ‘todo’ (o sea, tiene su pareja, un entrenador, con quien tiene conversaciones banales y poco importantes, viste siempre bien y de diseñador, es bonita, joven, se puede hablar de cualquier tema con ella…) pero de repente vemos que elige a sus ‘parejas’ por la fecha de nacimiento basada en un libro cualquiera, se encuentra con una competencia más fresca que ella y es víctima de falsas promesas.
El problema es que se torna un poco aburrida y larga, a veces se queda en escenas que dicen poco y nada, y parece al final no llegar a ningún lado. Cada otro personaje está desdibujado y aparecen y desaparecen cuando el director quiere. No es una película larga, pero sí se la siente así.

Sasha Grey en la reciente presentación de su libro, recién editado.

Finalmente voy a ver al BAFICI


Jueves 7
-Copie Conforme 14.45
-Vete más lejos, Alicia 16.45

Viernes 8
-The Good Life 14.45
-13 assassins 23.45

Sábado 9
(el único día que no voy, debería ir a ver Blue Valentine pero el destino es muy perro e hizo que se agotaran antes de que fuera a comprarlas)

Domingo 10
-She Monkeys 13.45
-Meek’s Cutoff 17.00
-Blame 19.45

Lunes 11
-Copacabana 14.30
-Happiness is a warm gun 17.30

Martes 12
-The Fatherless 15.30

Miércoles 13
-Agnus Dei 15.45

Jueves 14
-Weekend 15.30

Viernes 15
-Le Petit Criminel15.15
-La lisiere 17.00

Sábado 16
-La Mariage a trois 16.30
-Essential Killing 21.00

Domingo 17
-Norberto apenas tarde 15.30

Triste sí, por no haber conseguido para Blue Valentine (hay otra función pero con un horario horrible, o sea, imposible para mí) pero me consuelo sabiendo que la estrenan el 21 del mes y que allí estaré. Pero feliz porque conseguí quiénes me acompañen a ver 13 Assassins que tan tarde la dan siempre.
Así que de estas pelis que veré sí les hablaré en el blog cuando lo haga. Algunas voy sola (la mayoría), otras me las ingenié para conseguir quién me acompañe y otras veremos. La compañía siempre es bienvenida.

Mi lista (provisoria) de películas para ver en el BAFICI

En mi agenda ya están con día y horario que voy a ir a verlas. Al final agrego un par más que no sé si podré ir a ver justamente por los horarios pero que me gustaría hacer. Estoy abierta a escuchar nuevas recomendaciones.

(Las sinopsis son de la página oficial del festival)
Copie Conforme -Abbas Kiarostami

Acaso el temor principal que surgió al conocerse la noticia de que Abbas Kiarostami planeaba filmar en la Toscana italiana con Juliette Binoche fuera que el realizador iraní abandonara no sólo su territorio geográfico sino su universo temático. Pero como sucedió con Hou Hsiao-hsien en El viaje del globo rojo –también protagonizada por Binoche, acaso musa de directores en exilio–, Kiarostami monta el mapa de su cine sobre el de la campiña europea y transforma a este viaje entre un hombre y una mujer que apenas se conocen (o que tal vez se conocen de toda la vida y hacen como que no) en una exploración sobre el vínculo entre ficción y realidad, entre la copia y el original, forzando a repensar esas convenciones a partir de nuevos ejes. Suerte de cruza entre El sabor de la cereza y A través de los olivos con elementos de Y la vida continúa…, Kiarostami transforma el paisaje de la Toscana en otra de esas rutas fluctuantes de su Irán natal y pone a los espectadores a atravesar un camino que va y vuelve, que se retuerce y termina chocando contra sí mismo. O contra su sombra proyectada en una pantalla.

Vete más lejos, Alicia -Elisa Miller
En su opera prima, Elisa Miller propone un relato íntimo del viaje personal de una joven mexicana que decide ir a Buenos Aires para encontrarse a sí misma, lejos de sus raíces. En esta nueva ciudad, Alicia toma clases de trapecio y se encuentra ante el temor a realizar ciertas destrezas propias de esta práctica. Sin embargo, en su viaje, nada parece detenerla: decide ir aún más lejos y, esta vez, viaja hasta llegar a El Calafate. Allí, por un lado el derrotero se volverá más introspectivo, apoyado en un uso del formato Super 8 para acompañar imágenes relacionadas con la percepción propia y, por otro, aparecerá el espacio para una nueva relación, con un joven argentino (un muy preciso Martín Piroyansky) y el uso del video como formato para narrar estos encuentros. Es en esta combinación de los espacios propios, íntimos, y los totalmente ajenos –un paisaje totalmente desconocido y lejano junto a un joven casi extraño–, en donde Miller parece hallar la dinámica de su película y presentar, de modo personal, este viaje de iniciación a la vida adulta.

The Good Life -Eva Mulvad
Dos mujeres, una madre y su hija ya mayores, viven en la soleada costa de Portugal. Siempre han contado con una fortuna a su nombre para llevar la “buena vida” frívola del título, bajo ese principio anhelado por muchos y alcanzado por muy pocos: mucho placer y nada de trabajo. Hasta que un día el dinero desapareció sin dejar rastros ni otra explicación que la del derroche salvaje del pasado. Frente al colapso de su mundo, la hija deberá salir a buscar trabajo, con un currículum vacío y una insufrible actitud de niña rica (a los cincuenta y pico) como todo mérito. Tres años estuvo la danesa Eva Mulvad detrás de esa extraña pareja, filmando horas y horas para componer un documental inmenso sobre una tragedia minúscula, que bien podría haber caído en un tono muy a la “eso te pasa por…”, pero que elude esos lugares comunes para construir un film encantadoramente despreocupado, sin agenda social a la vista. En su libertad de enfoque, The Good Life es un contrapunto ideal para tanto cine de denuncia post-crisis económica global. Además, claro, de un gran homenaje a los Grey Gardens de los hermanos Maysles.

Blue Valentine -Derek Cianfrance
(ésta ya la vi, ya hablé en el blog de ella, y saben que me gustó mucho)
Fin de semana, hija en casa del abuelo, una reservación gratuita pendiente en el hotel temático del pueblo (la habitación “futurista” parece ser la más tentadora): por esas circunstancias estúpidamente lógicas del matrimonio, el futuro conyugal de Dean y Cindy parece reducirse a una noche más bajo el mismo techo. Alrededor de esa situación definitoria, Derek Cianfrance construye su relato de amor oxidado, que atraviesa las décadas recientes del indie norteamericano hasta toparse con el fantasma de John Cassavetes. Con una estructura que desafía a la linealidad más común en las historias de parejas-que-ya-no-se-aman-pero-siguen-juntas-por-sus-hijos, la acción de Blue Valentine avanza y retrocede en el tiempo, alternando temporalidades para contrastar todo aquello soñado y prometido que jamás se vuelve realidad. Lo sorprendente del caso es que cualquiera de estos rasgos de originalidad narrativa termina pareciendo ínfimo en comparación con las interpretaciones de su dupla protagónica; como reforzando, de alguna manera, la poética cassavetiana.

She Monkeys -Lisa Aschan
Cuando Emma conoce a Cassandra, comienzan una relación llena de desafíos físicos y psicológicos. Emma trata de hacer lo que sea para dominar las reglas del juego. Las líneas se cruzan y los riesgos se vuelven cada vez más altos. A pesar de esto, Emma no puede resistir el sentimiento intoxicante de control total. Según su directora Lisa Aschan, “She Monkeys juega con las reglas que rodean a la conducta humana. Me interesa explorar las contradicciones de la sociedad permitiendo a mujeres jóvenes llevar a cabo acciones brutales. Mostrar estos temas tabú en contraste con lo inocente y lo que parece ingenuo. El foco de la historia es el juego de poder entre dos adolescentes y el mundo que las rodea. Están en constante competencia. Van y vienen, controlando y controladas. Me interesa retratar la duplicidad y la incertidumbre. Representar a la gente como individuos, pero también como parte de una estructura mucho mayor”.

Blame -Michael Henry
Tenso, en su primera parte fuertemente enigmático, este thriller australiano arroja violencia seca y vertiginosa sin demasiados prolegómenos. Y después sigue sin mayores explicaciones. Luego del shock inicial, ponemos en orden los elementos: hay un profesor, una casa aislada, con ese aislamiento gigantesco que vimos en varias películas australianas. Una casa aislada, por supuesto, en uno de esos paisajes inequívocamente australianos. Explayarse sobre el argumento de una película como ésta, que propone intriga y tanta sorpresa para después dosificar astutamente razones y explicaciones, es ser un tanto injusto con esas propuestas. Así que digamos que la acción es muy concentrada temporalmente y que es diurna, con una luz diurna evidentemente australiana. Y que hay unos jóvenes muy atildados vestidos todos del mismo color, que hay conflictos y fuertes decisiones, que hay ocultamientos, y que la violencia electrifica prácticamente todo el relato.

Meek’s Cutoff -Kelly Reichardt
Quizá pueda verse Meek’s Cutoff como un simple western reducido a su esqueleto: una serie de personajes característicos, un escenario conocido, aunque sin ningún ánimo de restaurar los rasgos narrativos consustanciales al género. Preferiría recomendar otra perspectiva: enfrentarse a la película de Kelly Reichardt (escrita de nuevo por Jon Raymond) como una película histórica; una película que aborda la Historia en sus detalles aparentemente más nimios, por mucho que el material narrativo bien hubiese podido dar lugar a un relato épico: lo hiperbólico cede su lugar a lo cotidiano. Inspirándose en un suceso histórico, Reichardt y Raymond, a medio camino entre Caravana de valientes (John Ford) y Nanuk, el esquimal (Robert J. Flaherty), reconstruyen el itinerario de unos colonos que se sienten embaucados por un explorador (Stephen Meek) en Oregón, allá por 1845, y que deambulan por un paisaje desértico e inhóspito buscando su destino pero, sobre todo, buscando desesperadamente agua. Luego de Dead Man (Jim Jarmusch), puede que éste sea el único western posible… y verosímil.

Copacabana -Marc Fitoussi
“Cualquiera sea la historia que tenga ganas de contar, no puedo evitar hacer una comedia. Me interesan los films que agitan al público. Estoy cómodo con eso porque creo que hace falta coraje para mantenerse feliz, y quiero evitar la trampa del realismo sórdido antes que nada. Prefiero aludir ese tipo de cosas. Y siempre tuve inclinación por los slackers y los perdedores, sobre todo porque aportan una dimensión de aventura hasta a la vida más rutinaria.” Qué mejor manera de adentrarse en el universo embriagadoramente caótico de Copacabana que con esa cita de su director, Marc Fitoussi; que no sólo funciona como manifiesto de un cine rebelde y vital, sino también como una especie de radiografía de Badou, la alocada protagonista interpretada por Isabelle Huppert que hará todo lo posible por recuperar el amor de su hija. En las idas y vueltas del relato, en sus múltiples intentos por volverse “un poco más normal”, Badou dejará muy en claro que la rutina existe para alterarla; para empujarla al borde de la vida.

The Fatherless -Marie Kreutzer
A partir de la muerte del padre, cuatro hermanos muy distintos se reúnen después de mucho tiempo sin verse (incluso sin saber de la existencia de uno de ellos) en las afueras de Viena. Un fin de semana de luto en el campo se convierte, de forma inevitable, en un ambiente donde la tensión familiar crece hasta el límite, mientras esos seres intentar lidiar con la herencia que recibieron. Por su parte, el padre, ahora ausente, cobrará vida no sólo en la presencia fantasmal que todavía los acecha, sino también a través de los flashbacks que nos llevan a un pasado extraño; señalando la convivencia infantil en una comunidad hippie donde las drogas y el sexo libre no eran algo exótico, y de la cual todos los jóvenes escaparon en cuanto tuvieron oportunidad. Un pasado repleto de secretos, violencia y mentiras que, tarde o temprano, verá la luz sólo para reconfigurar el presente con esa capacidad casi intrínseca que tiene el cine austríaco de unir lugares hermosos con sordidez y perversión, sin nunca perder la elegancia ni su atractivo visual.

Agnus Dei, Cordero de Dios -Alejandra Sánchez
En la última década, las denuncias de abusos de menores por parte de sacerdotes empezaron a circular con frecuencia, sacudiendo al clero internacional con un tema que por fin se debatía. Aunque muchos medios, a veces cómplices, deformaron el espesor de estos conflictos relacionados con jerarcas de la iglesia vaticana, el problema logró instalarse en la agenda pública, aunque pocas veces las víctimas pudieron dar la cara, tanto por problemas legales como por dolor o vergüenza. Este documental rompe con esa situación gracias a Jesús Romero, de 26 años, quien no sólo tiene la valentía de contar la historia de abuso que padeció quince años atrás, cuando era monaguillo, sino que inicia la búsqueda del sacerdote violador que sigue libre y protegido por la curia. Alejandra Sánchez registra atenta los pasos de Romero para desentramar la complicidad, la injusticia y la hipocresía de la Iglesia Católica, no sólo con un complejo testimonio en primera persona sino también a través de una investigación que incluye ásperos e inéditos documentos visuales sobre corrupción.

Happiness is a warm gun -Thomas Imbach
El 20 de octubre de 1992, leí en el diario que el general del ejército Gert Bastian había asesinado de un disparo a Petra Kelly, la activista del Partido Verde de los años ’80, mientras estaba dormida. Unos instantes más tarde, Bastian se suicidó. La noticia me golpeó como un rayo, aun sin ser un gran admirador de Kelly. Fue el disparo lo que me fascinó; quise saber más al respecto. No estaba satisfecho con la especulación salvaje de la prensa –rumores de una mafia nuclear, el servicio secreto chino, celos, etc.– ni con la indignación generalizada respecto a que un general retirado la hubiera asesinado mientras dormía. Para mí, estaba claro desde el comienzo que el disparo era una consecuencia de la historia de amor entre ellos; que Petra había sido parcialmente responsable de que él apretase el gatillo. Quise resucitarla en una película y, de esa manera, darle una oportunidad para comprender su propia muerte.

Weekend -Andrew Haigh
Es posible que las historias de amor de fin de semana siempre pertenezcan a ese género intermedio entre comedia y drama, bautizable como dramedias románticas. Andrew Haigh lleva este subgénero hasta las últimas consecuencias a partir de la visita de Russell a una disco gay un viernes a la noche, donde conoce a Glen y comienzan una relación de sábado y domingo, pero que tiene la intensidad de un shock emocional de largo alcance. En una Nottingham serena, la intimidad de ambos parece flotar hasta entintar de luminosidad esa locación urbana despojada. Retratando la cultura gay contemporánea sin pudores ni estilización, y sin caer en ninguna casilla trillada de marginalidad o de glamour, el ojo de la película privilegia lo más cotidiano de un romance fugaz, como los diálogos espontáneos con voz de mañana o el deseo sexual eléctrico descubriendo el cuerpo ajeno; pero sin nunca tomar el atajo del costumbrismo ni de la estampa convencional de amores pasajeros.

Le mariage a trois -Jacques Doillon
(sin sinopsis, ¿por qué la quiero ver se preguntarán si no sé nada al respecto? misterios de la vida)

Essential Killing -Jerzy Skolimowski
Si Four Nights with Anna (2008) podía parecer la esporádica vuelta al cine de un has been, con la inmediata Essential Killing queda demostrado que el polaco Jerzy Skolimowski volvió al cine para quedarse. Película de acción pura, cuya actualidad no le impide tocar temas universales, y que propone un héroe masculino diferente sin resignar un ápice de los atractivos del género, ha recibido premios desde su estreno en Venecia, entre otros el de mejor película en el vecino festival de Mar del Plata. La acción comienza en las montañas afganas, donde un guerrillero talibán es descubierto y capturado por fuerzas occidentales. Torturado e interrogado por los militares, es trasladado a una de las bases de máxima seguridad que EE.UU. tiene en el este de Europa. El resto de la película narra la fuga desesperada del guerrillero a través de un bosque nevado. En el papel protagónico, un siempre interesante Vincent Gallo acomete el desafío físico y emocional del hombre capturado, que nunca habla y de quien no conocemos ni su nombre.

Norberto Apenas Tarde -Daniel Hendler
De golpe, los cambios se amontonan en la vida de Norberto. Primero pierde su trabajo, aunque luego consigue ser empleado en una inmobiliaria. Al mismo tiempo, comienza a participar en una compañía de teatro, un poco por recomendación de su nuevo jefe, otro poco por una extraña fascinación al ver una obra. Casi desdoblado, en persona y en personaje, en máscara y en rostro, Norberto atraviesa crisis a cada paso, con su pareja y en todo ámbito en el que ensaya una nueva vida. Crisis ínfimas, porque la opera prima de Daniel Hendler tiene una sutileza notable para construir una narrativa que, con una fuerza sigilosa, se abre a una travesía montevideana donde entra y sale el humor, el misterio y la tensión dramática, entre otros matices. Más que una reflexión sobre su propio métier, la actuación, Hendler demuestra poder sostener una puesta en escena precisa, que logra que “apenas” se note –como los maestros clásicos– para desarrollar un relato contemporáneo que celebra las vidas mínimas como grandes reinvenciones.

 

Y las que quisiera ver pero todavía no sé si podré amoldarlas en la agenda:

13 assassins -Takashi Miike
El hiperactivo, ultraviolento, súper-excesivo Miike parece haber dejado varios prefijos por el camino para construir esta película. Y ese camino no es otro que el del samurai, pero antes de que piensen cualquier cosa –si algo aprendimos de Miike es a pensar cualquier cosa–, hay que decir que 13 Assassins no intenta parodiar al cine clásico de samurais ni darle una vuelta de tuerca. No: ésta es una película de samurais en toda regla, con sus personajes de una sola pieza, sus apropiados tonos crepusculares, incluso con más rigor histórico que muchas otras, como queda claro desde el detallista suicidio ritual del principio. Partiendo del film homónimo de 1963, Miike despliega pacientemente su visión de la decadencia del shogunato (a mediados del siglo XIX), centrándose en el sádico señor feudal Naritsugu y el equipo de guerreros, al mando del legendario Shinzaemon, quien tiene por misión asesinarlo. La batalla final ocupa ¡45 minutos! de acción y tensión, carne humana cortada, espadazos errados, barro, sangre: la demostración más virtuosa posible de que Miike sigue teniendo la receta para sorprendernos.

Gabi on the roof in July -Lawrence Michael Levine
Lawrence Michael Levine dirige Gabi on the Roof in July, al mismo tiempo que interpreta a uno de sus protagonistas, Sam: un joven artista en la lucha por llevar adelante su vida en Nueva York. Tras el divorcio de sus padres, recibe en su departamento a Gabi (Sophia Takal, a su vez productora del film), hermana ingobernable de veinte años, supuestamente de visita para pasar el verano; durante el cual ambos inician una etapa de encuentros y desencuentros en sus romances que servirán de contrapunto con las dificultades en su relación como hermanos. En un estilo despojado y libre, el film de Levine logra combinar algunos de los mejores elementos del cine independiente norteamericano –destellos cómicos en clave low-fi, un cierto afán cassaveteano en la ligereza de la puesta en escena, naturalidad en la interpretación– en un relato que toma la herencia de las décadas pasadas para transformarla en algo refrescantemente nuevo.

Fleurs du mal -David Dusa
Gecko es un pibe parisino que practica una especie de parkour híper-estilizado como forma de sobrellevar el caos urbano. Ocasionalmente, se envuelve en un traje de botones de hotel para ganar algo de plata y, como él dice, “gastarla sólo en viajes e internet”. Anahita (o Miss Dalloway, respetando su identidad virtual) es una chica iraní que está de visita en París; aunque, más que turístico o estudiantil, el motivo de su viaje parece tener algo de exilio, según lo dejan entrever las conversaciones por Skype con su madre y los videos de la represión policial en su país (durante las manifestaciones por las elecciones presidenciales de 2009) que mira compulsivamente por YouTube. Con una apariencia de tranquilidad, pero sin privarse de algunas explosiones narrativas, la ópera prima de Dusa es la historia sencilla de Gecko y Anahita, de cómo se conocen, cómo se enamoran y, por más trillado que suene, de cómo su amor es capaz de dejar al complicado mundo que los rodea reducido a un tamaño insignificante.

18 cigarrillos y medio -Marcelo Tolces
“El cigarrillo nos permite comunicarnos con el fuego sin ser consumidos por él”, se anuncia en letras blancas en la pantalla antes de la aparición de los protagonistas de 18 cigarrillos y medio. Eso es lo que fuma Ezequiel a lo largo de todo el film, que recoge tan sólo un pequeño fragmento de una vida repleta de búsquedas e incertidumbres.
sí es como podremos seguir a este joven y a sus amigos por diferentes lugares y contextos, exclusivamente en los momentos que transcurren entre que Ezequiel prende un cigarrillo y lo termina. Así es como todos los contecimientos atravesados, como la visita a un prostíbulo y la golpiza que le propicia el nuevo novio de su ex, serán reconstruidos luego verbalmente, cenicero de por medio. De esta manera peculiar se entreteje la historia entre Ezequiel y Vivian (la muchacha que tiene nuevo novio), un romance pasado que él no parece dar por cerrado. Ellos se habían hecho un promesa: en vez de, si algún día se peleaban ambos tendrían derecho a pedir un último beso, y exactamente eso es lo que le busca Ezequiel.

Ben Stiller es Greenberg

I get so hungry about the world, you know? If I knew who to write a letter about all the stupidity in the world, I’d do it.

Película nominada a los Independent Spirit Awards (sin llevarse ninguna estatuilla), protagonizada por un Ben Stiller que no hemos visto hasta el momento, alejado de su costado cómico, dirigida y escrita por el compañerito de guión de las recientes películas de Wes Anderson, Noah Baumbach.

Ben Stiller es Greenberg, un hombre entrado a los 40, que tras salir de un hospital psiquiátrico, regresa a su ciudad para quedarse en la casa de su hermano, que se iba de vacaciones con su familia a Vietnam. Pero antes de conocerlo a Greenberg, conocemos a Florence Welch (Greta Gerwig), una joven asistente de su hermano, una chica bonita, responsable, pero frágil emocionalmente.
Greenberg tiene sólo un amigo que está cuando lo llama, pues el resto lo abandonó cuando era joven, porque fue él quien no quiso firmar un contrato discográfico que nunca se perdió. Sí, entre otras cosas, es un músico frustrado. Y mientras dice ser carpintero, y construye una casa para Mahler, el perro de su hermano, arma un cd para Florence tras escucharla cantar en un bar apenas concurrido. En un momento de su vida en el que decide no hacer nada por un tiempo, se la pasa escribiendo cartas de queja a compañías como American Airlines o Starbucks y cuando se reencuentra con sus viejos amigos, aparece Beth, una ex suya, probablemente la más importante para él, que apenas lo recuerda.
Con Florence comienzan una relación rara, rara por lo rápido que se sucede todo y por lo rápido que se desvanece también la relación, para después volver a juntarse. Es que Roger Greenberg es una persona difícil, graciosa pero sin reírse nunca de él, ingenioso y mordaz. Florence es joven, acaba de salir de una relación larga y comienza a experimentar con el ‘sexo casual’, que a veces arruina hablando demasiado. Entre idas y vueltas, terminan además cuidando a Mahler, el perro que enferma. Eso, sumado a un hecho más que no quiero spoilerear, los termina juntando de nuevo y haciendo a Greenberg, reflexionar un poco sobre su propia persona.
Resumiendo, es una película de Baumbach, con personajes que a simple vista parecen únicos para después darnos cuenta que tenemos mucho en común con ellos, un film auténtico, divertido algunos momentos más que otro, con un precioso soundtrack de James Murphy.

Rob Zombie y su mirada


De Rob Zombie, músico y cineasta, sólo vi dos de sus películas (me faltan las de Halloween): su ópera prima, House of 2000 Corpses y su secuela The Devil’s Rejects. Y de ellas dos voy a hablar.

Y confieso que a mí me gusta ver películas gore pero sobretodo cuando se propone algo diferente o medianamente novedoso. Películas como SAW (de la cual sólo vi sus dos primeras) o Hostel me han aburrido un poco. Y no soy impresionable, no me molesta ver sangre por doquier o escenas de extrema violencia; soy de las que nunca se cubren los ojos. No sé si lo disfruto tampoco, sólo en estos casos. Casos como estos dos de Rob Zombie.
La primer entrega es sobre un grupo de adolescentes que sin querer terminan cayendo en la casa de una familia donde son todos psicópatas y los terminarán torturando hasta la muerte. Poco original parece. Pero los personajes, los villanos, son lo más rico que tiene. Rob se toma de actores tan interesantes como su mujer, la hermosa Sheri Moon, Bill Moseley (a quién veo particularmente sexy en estas películas), Karen Black (que en la segunda entrega sería reemplazada por Leslie Easterbook por problemas de cachet) y Sid Haig. Rob Zombie juega mucho con el cine, se permite muchas citas, crea imágenes muy atractivas y juega.
La segunda entrega, que nos llega dos años después, va un poco más allá. La historia comienza cuando esta familia es descubierta por la policía y allanan su casa, pero en el medio del tiroteo terminan escapando todos excepto su madre que termina presa. El policía es ni más ni menos que el hermano de una de las víctimas de la película anterior, que está inmerso en una gran sed de venganza. Y mientras la primera parte seguimos observando cómo esta familia se aprovecha de inocentes personas no sólo para ayudar a escapar sino también para seguir torturándolos gratuitamente hasta la muerte, poco después, traición por medio, son atrapados por este policía y el rol se invierte. Y lo que Rob Zombie logra es genial. Porque los transforma en víctimas. Pero lo hace de una manera tan estupenda que nosotros no nos sentimos satisfechos porque por fin están tomando un poco de su propia medicina, si no que nos da pena. Y queremos que escapen. Queremos que sigan adelante, queremos ver más de sus desventuras. No quiero spoilerear pero al final aparece ese personaje que estaba perdido y le agrega mucha emoción a lo que estamos viendo.
Pero la frutillita del postre es la escena final, que no voy a describir ni contar sólo por no arruinárselos. Sólo decirles que además de ser muy atractiva visualmente, suena ‘Free Bird’ de Lynyrd Skynyrd logrando una escena realmente memorable y conmovedora. Un final muy digno para sus personajes.
Resumiendo, sé que soy poco objetiva y quizás no a todos les guste y les haya provocado todas estas cosas estas dos películas, pero recomiendo que las vean, porque el entretenimiento es asegurado. Pero encima, hay mucho más que ver.

De Londres con amor

 

Este video titulado “From London with Love” de la campaña Primavera/Verano 2011 de Orla Kiely está dirigido por Gia Coppola, sobrina de Sofia, mi directora preferida. La canción que suena es ‘Can’t Get Enough’ de Eureka, el último álbum de Rooney, banda liderada por Robert Schwartzman.

En estos pocos minutos, se resume gran parte de mi amor por una ciudad que lamentablemente todavía nunca he tenido la suerte de pisar, pero en la cual moriré, lo sé.

Y sin duda, podemos ver en Gia mucho del talento de su tía.

Érase una vez en Irlanda

Juro que no tiene nada que ver que hoy sea el día de San Patricio, del cual nunca me acordaría si no me hicieran acordar y me sigue resultando indiferente. Es que justo escribí el título de la entrada y me di cuenta que podrían pensar que me voy a dedicar a otro tema, algo más relacionado al santo. Sépanlo, no. Nada que ver.

Es que hace unos días, un poco más de una semana quizás, vi por Isat una película que tenía pendiente desde hace tiempo, sobretodo después de que en el blog de Mily (MilY, no MilI) tanto su autora como varios de sus comentaristas la mencionaran repetidas veces.
Con lo que me encontré fue con una pequeña película musical con dos protagonistas para mí desconocidos, aunque uno me enteré es el líder de una banda llamada The Frames. No es un musical al que muchos están acostumbrados. No hay miles de extras bailando por detrás, ni escenarios ostentosos. La música, en el film, toma otro lugar.
Una historia pequeña y sencilla de amor, no sólo entre ellos, sino un gran amor por la música. Son dos almas sufridas en el amor que se encuentran, entre sueños frustrados y una esperanza que no terminan nunca de abandonar. Dos personas de las cuales nunca sabremos sus nombres. Ambos son aficionados, ninguno vive de eso; ella toca un piano que le suelen prestar en un negocio, él toca una guitarra rota en las calles de Dublín aunque su trabajo sea de ‘arreglar aspiradoras’. Aún así, se deciden a grabar en un estudio, aunque les cueste el esfuercito económico.
La película está plagada de canciones muy disfrutables en cualquier momento con las voces preciosas de los dos protagonistas. Canciones que llegan a conmover y estremecer. Más que recomendable.

Girl: How come you don’t play during daytime? I see you here everyday.
Guy: During the daytime people would want to hear songs that they know, just songs that they recognize. I play these song at night or I wouldn’t make any money. People wouldn’t listen.
Girl: I listen.

Escuchá Falling Slowly, uno de los temas más lindos del film:

Y volví a caer en los brazos del vampiro.


El viernes volví a ver aquel musical que tanto me había fascinado. Aquel basado en una de mis novelas preferidas, en la historia más atrapante del personaje más interesante de la historia: Drácula.

Ya había hablado del musical, de lo mucho que lo disfruté y la verdad es que me moría por volver. Esta vez desde la 2da fila al medio (la primera vez lo más cercano que conseguí fue la 9), ya conociéndome varias de las letras de las canciones y sin poder siquiera pestañear para no perderme nada, regresé al Teatro Astral, esta vez no con un novio que se quedaba dormido a los 10 minutos de empezada la función (ojo, no digo que este sea uno de los motivos por los cuales ya no es mi novio, en absoluto) sino con mi hermana menor la cual me acompaña siempre en este tipo de experiencias culturales, si se le puede decir (es la que me acompaña al cine, a festivales, teatros, ferias de libro, etc.). Claro que la que siempre paga termina siendo yo pero bueno, eso sólo demuestra que soy muy fucking generosa.
Tras más de tres horas de espectáculo, a la salida me di el gustito de sacarme fotitos con los protagonistas y los dos Mahler (del cual el más pequeño, el director de la orquesta, me encuentro perdidamente enamorada).
1. Con Damián Mahler (hijo de Ángel, director de la orquesta)
2. Con Leonel Fransezze (Jonathan Harker)
3. Con Juan Rodó (Drácula)
4. Con Luna Perez Lening (Lucy)
5. Con Candela Cibrian (sobrina de Pepe, Mina)
6. Con Ángel Mahler (Pepe no había ido esta función).

No me dejes ir

None of you will go to America. None of you will work in supermarkets. None of you will do anything, except live the life that has already been set out for you. You will become adults, but only briefly. Before you are old, before you are even middle aged, you will start to donate your vital organs. And sometime around your third or fourth donation, your short life will be completed. You have to know who you are, and what you are. It’s the only way to lead decent lives.

Sobre Never Let Me Go no sabía prácticamente nada. Sólo conocía a sus protagonistas y como mucho había visto algún que otro still del film. Por la estética, me imaginaba un drama romántico.

Si, en parte lo es. Pero además es una película de ciencia ficción y de horror. Si digo de qué se trata, muchos la asociarán con una de las malísimas películas de Michael Bay, The Island. Pero por suerte no, no se le parece en nada.
Los tres protagonistas de niños son criados en una especie de escuela idílica, donde aprenden, juegan e interactúan entre ellos. Lo que no saben y no son conscientes, es de que, como les advierte una maestra que tras el discurso es despedida, ellos no tienen un futuro como el resto de las personas del mundo. Estos niños fueron creados genéticamente para que, en la eventualidad, donaran sus órganos.
En el trío protagonista sucede que hay dos personitas enamoradas (Carey Mulligan y Andrew Garfield, tan distinto de su Wardo) que tras una especie de trampa de parte de la tercera (Keira Knightley) no pueden estar juntos porque ella lo ‘atrapa’ primero.
El tiempo pasa, ellos crecen, se acercan a su objetivo, y se separan. Kathy (Carey) se vuelve cuidadora. Con eso retarda un poco más sus donaciones pero a la vez es testigo de tantas otras. Y gracias a este trabajo vuelve a encontrarse con una ya bastante devastada Ruth (Keira). Ruth fantasea con un viaje y juntas van a buscar a Tommy (Andrew) para realizarlo. Allí, se enteran que el motivo de Ruth era otro: les confiesa que no quería estar sola por eso se quedó con Tommy pero que sabe que son ellos dos los que están enamorados y les da un dato sobre una posible postergación para sus donaciones que se les da a los que están realmente enamorados.
El filme es de un ambiente opresivo. Por momentos, los personajes parecen un poco distantes. Y es triste. Es triste ver cómo se manejan estos personajes que saben están destinados a una vida tan corta. Y cómo se aferran a una leve esperanza que tan rápidamente se desvanece.
Sin duda es una experiencia que no dejará indiferente.

Una historia de amor.

I didn’t want to be somebody’s husband and I didn’t want to be somebody’s dad, that wasn’t my goal in life. But somehow it was. I work so I can do that.

‘Una historia de amor’ reza uno de los taglines del film. Blue Valentine es una película que no te puede dejar indiferente. Es una película hermosa pero agria. El modo en que está retratado el proceso de enamoramiento apasionado hasta el desvanecimiento de todo sentimiento, es precioso, crudo y realista.

Es imposible no verse reflejado, pero es también doloroso. Ya a la mitad de la película hay una escena que me hizo desvanecerme en lágrimas y desde ahí me costó detenerme.
La película nos cuenta dos historias de la misma pareja. Una es una hermosa historia de amor, en la cual los protagonistas parecen dos seres destinados a estar juntos por el resto de su vida. Ryan Gosling es Derek, un gran hombre, romántico, sencillo que, si bien nunca pensó ni imaginó estar casado con hijos, cuando conoce a Cindy, interpretada magistralmente por Michelle Williams, cambia de opinión para darse cuenta que quiere tener una familia con ella. La otra historia es la de unos años después, en la cual los dos protagonistas siguen juntos pero sin una pizca del brillo que tenían antes como pareja. Intentan vanamente obligarse a recomponer lo que se perdió, sobretodo Derek que insiste e insiste ante una emocionalmente frustrada Cindy, para poder seguir con esa familia que formaron. Las historias se entrelazan entre sí, contrastadas.
A simple vista uno no podría entender cómo una pareja que alguna vez se amó tanto de repente se encuentre tan deteriorada. Pero lo hacemos. Lo hacemos porque sabemos de qué se habla, porque hemos estado en esos zapatos, sufriendo y llorando como los dos protagonistas lo hacen.
Hay una clara ruptura entre las escenas del apogeo de la relación y las del deterioro (se divide en el casamiento). Están claramente filmadas de manera distintas (las primeras en Super 8 y luego en RED), están filmadas cronológicamente y la caracterización de los protagonistas es (en Michelle más sutil) distinta.
En fin, es una experiencia agria, dura pero a la vez necesaria y hermosa. De las películas que vi nominadas para los Oscars (me faltan un par aún), me pareció de las mejorcitas y más interesantes propuestas.
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