Yo

“Lisbeth Salander se apoyó contra la almohada y siguió la conversación con una sonrisa torcida. Se preguntó por qué ella, a la que le costaba tanto hablar de sí misma con gente a la que veía cara a cara, podía confiarle, sin la menor preocupación, sus secretos más íntimos a una pandilla de chalados completamente desconocidos de Internet”.
 
La reina en el palacio de las corrientes de aire
Rooney Mara Source Image Gallery: Pulsa en la imagen para cerrar la ventana

Si conoceré eso… Desde que la internet llegó a mi vida que me he convertido en una persona muy social en las redes… y no tanto en la vida real. Y es que en esa vida real nunca fui muy social. Siempre fui igual, callada, reservada, tranquila, aburrida capaz. Y sí. Si bien creo que a lo largo de los años he mejorado (por suerte no soy la misma Jesica que iba a la secundaria, aunque mucho de ella vive conmigo y nunca se irá, es parte de mí), sigo sin poder hablar de mí en persona. Me aterran los encuentros cara a cara. Siempre pienso mil cosas y digo dos. Me acuerdo lo que dice Charlie en algún momento de The Perks of Being a Wallflower: “Sam, do you ever think, that if people knew how crazy you really were that no one would ever talk to you?“. No es que esté loca, lo prometo, no tanto, un poco, lo normal, y un poco más, pero sí es cierto que hay miles de cosas de mí que no comparto, que no las sabe nadie, y a veces no puedo evitar pensar, ¿y si lo supieran? ¿Sería todo igual?

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Viernes

Mi día más esperado de la semana. Mi incentivo cada mañana que madrugo es llegar al viernes y saber que tengo un par de días, que cada vez se me pasan volando con mayor velocidad, para hacer lo que yo quiera. “Lo que yo quiera” es tirarse en la cama a leer un poco, a boludear otro tanto con la laptop, y pasarme la noche casi sin dormir mirando películas. Esa es mi vida social de fin de semana. No me quejo si algún fin de semana me toca salir de casa, pero amo saber que tengo mi tiempo para manejarlo a mi antojo. Por eso extraño las vacaciones. Este año no tendré vacaciones de invierno, al menos no serán de invierno. Este año decidí guardarme esos días para poder asistir en noviembre al festival de Mar del Plata, al cual siempre quiero ir pero me acuerdo muy a último momento y se me es imposible. Planear, hay que planear un poco algunas cosas. Soy de las que viven planeando a tan largo plazo que al fin y al cabo nunca planean nada. ¿Se entiende? ¿Se me entiende? ¿Me entiendo?

Ok. Mi mente anda por cualquier lado. Mil cosas en mi cabeza me dan mil vueltas. Y tengo una (ya grave) obsesión con estos bichitos que no sé qué mierda son pero son lo más tierno y divertido que vi en la vida. Sólo sé que necesito uno para mí.

Hará un par de semanas, o quizás tres, durante uno de mis queridos fines de semana en casa vi por cable la primer entrega de Despicable Me. ¡¿Para qué?! Se estrenó inmediatamente, por suerte para mí, la segunda parte y no pude no querer ir al cine a verla. Me banqué que sea doblada (porque no van a encontrar copias en su idioma original lamentablemente) y que sea una sala llena de niños (recordé por qué casi no veo películas animadas, además de que saben que si no veo una película en el cine luego la paso por alto hasta quién sabe cuándo), todo por estos minions queridos. Porque ellos valían toda la película. Lloré de la risa con sus salidas y con sus cantitos y bailecitos, me los quería comer. Tengo problemas mentales, lo sé. Después me puse seria igual y escribí una reseña toda seria también (?).

Cuando Iron Man se convirtió en Robert Downey Jr.

Primero y principal, aclaro que pienso hablar de Iron Man 3 sin pensar en si estoy tirando o no un spoiler, así que si no la vieron y no quieren enterarse, por las dudas ni me lean. Mi crítica más seria y leíble la pueden ver acá.

Ahora sí. Probablemente casi todo el carisma que tiene este Iron Man se lo debamos a Robert Downey Jr., ave fénix, actor que ha sabido resurgir, levantarse de un lugar oscuro que no pudo retenerlo hasta la muerte. Con una sonrisa sexy, Tony Stark se lleva el mundo por delante. Tiene dinero, mujeres, fama… y es un súper héroe. Lo es porque podrá ser ególatra y poco humilde, pero no se miente a sí mismo, y si es un súper héroe, es porque también le importa alguien más (además de que Tony Stark ya no es el alcohólico y mujeriego de la primera entrega, sino que ha evolucionado).

Y quien más le importa ahora es ella, secretaria, acompañante fiel que aquí no va a ser sólo una pobre damicela, sino que demuestra que también puede defenderse, Pepper es parte de lo que mueve a Tony Stark.

Esta ve dirigida por Shane Black, la película no es lo que prometía desde un trailer. Por suerte. Mientras en los avances parecía que íbamos a ver una película al mejor estilo Nolan, mucho más oscura, nos encontramos luego con otra cosa. Así como pasa con el villano, Ben Kingsley, nos pasa con la película: nos tomaron el pelo. Y está perfecto. Así es más divertido e inesperado.

Ben Kingsley es tan grande que puede aterrorizarnos primero y luego hacernos morir de la risa por lo ridículo. Guy Pearce, la cabeza, brilla en su inesperado papel.

La película tiene sus momentos dramáticos, claro, pero Tony Stark, su verborragia, su sarcasmo, la llevan a otro nivel. Y es que Iron Man no sería igual si no estaría allí debajo de esa armadura Robert Downey Jr. Es el alma del súper héroe.

Al final sí se parece un poquito a The Dark Knight Rises, en el sentido de que Iron Man muere, pero queda Tony Stark. ¿Qué pasará ahora que ya no podrá ser Iron Man? Por suerte ya sabemos que el actor firmó para la secuela de “The Avengers” así que tendremos más Tony Stark… ¿pero y el hombre de hierro? Veremos.

Crecer.

Johnny Depp, ni más ni menos que en la piel de J. M. Barrie, decía en “Finding Neverland”: Los niños nunca deberían irse a dormir; amanecen un día más viejos.

No me quiero ir a dormir.