Cosas que quiero hacer en NY

Foto: Pinterest

En dos meses viajo a Nueva York por vez primera y si bien me voy más tiempo de lo que la gente suele pasar allá, siento que es poco porque quiero hacer mil cosas y no sé si me va a alcanzar el tiempo para tanto (a la larga es menos de un mes). Ya sabremos qué cosas saldrán de allí (lo no planeado también me encanta), pero por ahora esta es mi lista:

  • Visitar la casa de los Tenenbaums (bueno, verla desde afuera, porque prioridades son prioridades)
  • Caminar el Highland Park
  • Ir a los juegos de Coney Island
  • Merendar en Alice’s tea cup
  • Pasarme la tarde en The Strand
  • Recorrer el Central Park en bicicleta
  • Comer un cupcake de The Magnolia’s Bakery
  • Recorrer no sólo museos, sino galerías
  • Hacer la ruta de la papelería
  • Caminar por el Times Squares de noche
  • Viajar a Sleepy Hollow en tren
  • Ver El fantasma de la Ópera en Broadway
  • Ver al menos una película en el NYFF
  • Ir a la NYCC (ya tengo entrada para el primer día!)
  • Comer un bagel arcoiris en The Bagel Store
  • Ver a los Guns’n roses en el Madison Square Garden (Ya tengo la entrada!)
  • Ir al Grand Central Station y observar a la gente
  • Visitar muchos cementerios

A esto se le suman un par de escapaditas (de un día) una a Redbank, NJ y otra a Philadelphia. Todo armado por mí misma, ningún guía ni tour turístico.

Minirrelato

-Te amo.

Se le soltaron, se le escaparon de su boca antes de que pudiera pensar en cerrarla, de que pudiera decidir una vez más que no era momento, que probablemente nunca sería el momento. ¿De qué iba a servir decirlo?

Dos palabras. Cinco letras. Algo tan chiquito que podía abarcar tanto peso.

Soltó las palabras y se quedó muda, deseando desaparecer en ese mismo momento. Él también se había quedado mudo, aunque no sabía bien qué quería.

Se miraron a los ojos, expectantes el uno de la reacción del otro. Ella lucía asustada, él estaba nervioso y parecía a punto de sonreír. Y así lo hizo finalmente. Sonrió fuerte, con ganas, mostrando todos los dientes. Le dio un beso en la frente y la abrazó. No dijo  nada.

Ella tampoco, pero se dejó abrazar, hundirse en esos brazos donde tan cómoda se sentía, refugiada, a salvo del mundo exterior. Brazos que extrañaba cada vez que se iban, que la dejaban. Derramó alguna lágrima rebelde que por suerte se perdería en el sweater de él. Y se quedaron así. En silencio. Abrazados. Tal vez ese abrazo decía más que lo que podían expresar las palabras, pensó, se consoló ella.

¿Y ahora?

Recuerdo de cuando me enamoré del cine

Cuando era adolescente y estaba en la secundaria, casi sin querer descubrí que amaba el cine. Más que la gente “normal” que disfrutaba sentarse a ver una película.

Había descubierto que podía ir sola al cine (aunque yo lo tenía lejos y abarcaba un viaje importante en colectivo) pero además mi padre solía copiarnos películas y cada fin de semana nos traía varias.

No tenía internet en ese momento en mi casa, por lo que no tenía acceso a cientos y miles de películas como ahora, así que siempre las veía a todas (ahora no tengo tiempo para ver todas las que tengo en mi disco y cuando lo haga probablemente el número de películas allí sin ver hubiese aumentado potencialmente).

Cuando veía alguna que lograba fascinarme, era capaz de verla muchas veces. A veces dos en el día, varias en la semana. Así me enamoré de Big Fish (El gran pez) de Tim Burton.

Vi esa película tantas veces que me aprendí cada línea, y siempre me emocionaba en las mismas partes, no importaba que ya supiera todo lo que venía.

Unas compañeras de la escuela que también disfrutaban de ver películas me habían pedido una recomendación. O quizás yo se las hice sin que la pidieran, confiando en que la disfrutarían (casi) tanto como yo. Bueno, eso no pasó. Cuando me dijeron que la vieron, les pregunté a las dos hermanas mellizas qué les había parecido. “Sí, está bien”, sin ser muy expresivas. Y mencionaron lo gracioso que les había parecido la escena en que nace el bebé.

Yo no lo podía creer. De una película tan perfecta, llena de emociones, de situaciones tan originales, profunda, enorme… ellas se habían quedado con un gag menor.

Y así fue la primera vez que se me rompió el corazón. No fue un chico que me gustaba y no me dio bola.

Hoy creo que quizás por eso terminé, sin haberlo planeado, haciendo crítica de cine. Para expresar esas cosas tan increíbles que ciertas películas me generan. Hoy también ya estoy acostumbrada, especialmente en ciertos ámbitos, a recomendar películas y que la devolución luego no fuera ni cercana a la esperada. Ya no me suele afectar así, salvo si justo recomiendo con unas ganas alguna película a alguien que conozco (o creo conocer) mucho y no me puedo imaginar que no pueda apreciarla como yo. Ahí es otra historia.

Pero siempre tendré la posibilidad de sentarme a escribir, probablemente acá, y que alguien lea, o no. Al menos yo lo saqué de adentro.

Extracto de mi diario personal

Me acordé cuando llegué a San Clemente del Tuyú en una excursión de un día a Mundo Marino en cuarto grado. Que hicimos una parada en la playa. Hacía frío y la idea era sólo contemplar el mar unos minutos.

Yo ya conocía el mar, el de Mar del Plata, que a la larga es el mismo.

Recuerdo que dejé salir un pensamiento interior y exclamé lo impresionante que me parecía no poder ver qué había más allá del agua.

“Es que la Tierra es redonda”, me contestó una chica de séptimo, con aire superior. No sé qué le contesté, no sé si le dije algo. Quizás no, y pensó que era una tonta.

No me importó. No me importa. Ella no entendió nada.

La idea de que el mar traspasara los límites del horizonte me pareció increíble y aterradora. Yo era muy chiquita. Yo soy muy chiquita. Y el mundo es enorme.

Mini diario Bafici 2017

Para variar, como casi siempre o peor que nunca, vi muchas películas. En Visión del cine encontrarán mis críticas (cubrí toda la Competencia de Vanguardia y Género, la más extensa pero al mismo tiempo mi favorita, por lo distintas que son unas de otras), pero acá dejo unas pocas impresiones sobre todo lo que vi.

People Power Bombshell. O cómo empezar el BAFICI con una de esas películas aburridas e inentendibles.

Las cinéphilas. Iba a verla otro día pero decidieron ponerme hora y media de tiempo libre entre las dos películas de prensa de la competencia que seguía… así que terminé viendo ni más ni menos que siete películas ese primer día (ya sé, estoy enferma). Mi futuro está en Las cinéphilas, yo voy a ser una de esas señoras, sépanlo (la que viaja a Mar del Plata, ya soy mucho ella).

Demonios tus ojos. Amo las historias retorcidas pero esta parece una telenovela que quiere ser jugada.

All this panic. Un documental sobre unas adolescentes en Brooklyn y su traspaso a la supuesta adultez. Sencilla, chiquita, al principio una cree que no van a salir de los “white people problems” pero la verdad es que se va tornando cada vez más profunda y cercana.

Cinema futures. Amar el cine y querer saber más sobre él. Un documental sobre el inminente futuro del fílmico con geniales aportes de personas como el gran Scorsese.

Rock’n’roll… of corse. Un documental sobre el carismático Henry Padovani, primer guitarrista de The Police, que lo muestra en todas sus facetas, inspirador y al mismo tiempo reflejo de una hermosa época musical.

Golden exits. Amo a Alex Ross Perry pero como, a excepción de Impolex, ya había visto todas sus películas, sólo fui a ver esta. Quería además verlo a él, pero fui la primera función, estaba muy cansado, y no hizo q&a post función (sí respondió algunas preguntas antes, porque la intención la tuvo). Igual como soy tímida nunca pregunto nada por más que sí tenga preguntas. Golden exits me gustó bastante, me pareció la faceta más madura del director (como cineasta, lo mejor es que sus personajes siempre se alejan de los cánones), con un tono perfecto entre el drama y la comedia. No es Listen Up Philip (su mejor peli) ni Queen of Earth, sino algo entre el medio.

Lilith’s awakening. Quería que me gustara mucho, pero lo cierto es que falla bastante. Llena de buenas ideas, y sin embargo se termina tornando algo ridícula.

The intestine. Me sorprendió que en mi competencia hubo varias canadienses. Ésta es interesante, aunque no mucho más, expone temas copados pero no todos los termina de desarrollar.

Une vie. Estaba entre dos francesas, una con Isabelle Huppert o la nueva de Stephane Brize… y ganó él porque vino como invitado y me interesaba presenciar alguna de sus funciones (también, las otras que daban las había visto todas menos una). Lindo drama de época, muy francés, como me gustan a mí.

Suspiria. La sola idea de ver en pantalla grande una de mis películas favoritas de uno de mis directores favoritos ya me fascinaba. Lo llevé a #novio que nunca la había visto pero todos sabemos que era una excusa, en realidad yo quería volver a verla. Y no hice más que confirmar que es una gran, gran película.

The void. Una de esas novedades que prometía mucho y sin embargo resultó algo decepcionante. La trama comienza a recargarse cada vez más hasta ya perder el interés. Una pena.

Correspondencias. En la función de prensa, un señor al que no vi porque estaba sentado detrás de todo en la otra punta de la sala donde estaba yo, se durmió tan profundo que roncó muy, pero muy fuerte. Al principio generó risas, pero cuando el ronquido seguía, una chica tuvo que levantarse y despertarlo. Creo que después se fue, pero lamenté no haber visto quién era, si lo conocía. Es cierto, la película es larga, dura poco más de dos horas, y a veces entrar a ver una película así a las diez de la mañana no es lo mejor, pero a mí de todos modos me gustó, aunque sí sentí su duración.

Santoalla. Un pequeño y modesto documental que se torna cada vez más atrapante. La historia parece de película pero es real.

Todo sobre el asado. Salí de verla y le mandé un mensaje a mi novio, que la veía esa noche: “Odié Todo sobre el asado. Necesito que la veas para saber si soy yo”. Si bien a él después le gustó algo más que a mí, coincidió conmigo en que trata muy mal a sus entrevistados. Queriendo ser gracioso (que encima a mí no me pareció en lo absoluto eso), se termina burlando de ellos hasta un modo exasperante. Su tono cancherísimo me puso de muy mal humor.

Zoology. Muy curiosa, con una trama atractiva (una mujer a la crece una cola), el film no termina de encontrar su tono. Divertida por momentos, dura por otros, es rarísima.

Mario on tour. Una de esas pequeñas grandes sorpresas que tiene el festival. Película argentina protagonizada por Mike Amigorena, acá en su mejor faceta, interpretando a un cantante que no encuentra otra solución momentánea para vivir que haciendo cóvers de Sandro. En el medio, enfrentar la reciente muerte de su madre, reencontrarse con su pequeño hijo, y seguir manteniendo a flote esa amistad con su agente. Hermosa y muy divertida, al mismo tiempo conmovedora sin caer en lugares comunes más allá de lo que uno podría esperar de su trama, que a la larga historias como estas han sido contadas tantas veces…

Adios entusiasmo. Otra de esas pequeñas sorpresas. Amo los retratos familiares que se pasean entre la drama y la comedia y terminan dejando un sabor agridulce. Algo así, pero de manera más curiosa, sucede con esta película.

Have a nice day. Una película animada a lo Tarantino que, de todos modos, me terminó aburriendo un poco.

Prank. Otra de las canadienses, en este caso una buena película con un par de recursos narrativos muy interesantes: la inclusión de pequeñas historias que dan lugar luego a las bromas que realizan sus protagonistas, y la representación ilustrada de películas de culto que el cinéfilo del grupo ama narrarle a sus amigos.

El candidato. La nueva de Daniel Hendler, una comedia que no es tan graciosa como una esperaría, pero más real de lo que uno quisiera. Si bien siento que le faltó un poco de fuerza, está bastante bien.

Higanjima: Vampire Island. La fui a ver por el tiempo que tenía libre, y porque estaba la palabra Vampire en el título. Me aburrí, creo que me dormí un poco incluso. Es bizarrísima y berretísima. Y algo que no sabía: es secuela, de una trilogía. O sea que es una historia que vi empezada, y de la cual aún no conozco su final.

Sambá. Iba a entrar a ver Wind, de la Competencia Internacional, pero por confiar en mi memoria me metí a la sala de al lado. Terminé viendo Sambá, de la Latinoamericana, que de todos modos me gustó mucho. Una historia contada mil veces, una redención a través del boxeo, pero que de todos modos se siente muy auténtica y el final está bueno porque no cae en lo esperable.

Toublanc. No leí nada de Juan José Saer y esta película pretende homenajear su obra. El film tiene lindos momentos y escenas, pero para mí nunca terminó de funcionar. Hay una trama principal, y casi nunca está, la de la investigación, mejor dicho la de dos investigaciones. Ninguna interesa, lo más interesante es el retrato de dos personajes solitarios.

O ornitólogo. Una película que va transformándose, así como su protagonista.

Therapy. Película de terror francesa a lo found footage. Odio el found footage pero ésta tenía de interesante que en realidad la trama giraba sobre unos policías que encontraban unos videos y a medida que los van viendo, se van acercando a la identidad de este asesino. Pero no tienen mejor idea de utilizar esto que a través de escenas repetidas que preguntan, “¿Tienes el siguiente video? Buenísimo. Veámoslo”. Y eso es todo. La otra trama, la de terror, la que está dentro de esos videos, cae en todos los lugares comunes del género, y algunas inconsistencias más del guión hicieron que no pudiera más que odiarla.

Pornocratie: Les Nouvelles Multinationales du sexe. Un documental con una temática muy interesante. La idea de una industria, la del porno, que consume todo el mundo y que sin embargo está muriendo. La realizadora Ovidie (ex actriz porno, ahora escritora, directora e ícono feminista) de introduce en lugares desconocidos para muchos, pero lamentablemente se nota que no pudo, que no le permitieron acceder del todo, y la resolución se siente apresurada.

La loi de la jungle. Divertidísima y absurda comedia francesa. Leí después que la Cahiers Du Cinema la había elegido entre las mejores películas del 2016. Muy recomendable.

La vida sin brillos. Lo que más me llama la atención es que los directores sean dos muchachos tan jóvenes,  que seguramente no vivieron las épocas de mayor gloria de las mujeres a las que les dedican el film. Las extinguidas, íconos de belleza de los 80s en su regreso al teatro, y al mismo tiempo un retrato íntimo sobre cada una de estas personas y personajes.

Ojalá vivas tiempos interesantes. Buena premisa pero mal desarrollado el guión. Si bien toma un tono cada vez más interesante, todo parece suceder porque sí y se torna larga (dura dos horas, y eso es mucho para este tipo de película).

Porto. Me enamoré. Me enamoré perdidamente de esta película y es probable que luego escriba algo más sobre ella en mi blog. Una historia de amor que dura sólo una noche pero de esas que se quedan con uno de por vida. Y sí, claro que ver a Anton Yelchin provoca muchas sensaciones, porque siempre se lo va a extrañar.

Dark Night. Una película a nivel visual hermosísima, pero nada más. Su director sabía mucho qué quería retratar, y la película es un conjunto de escenas sobre determinados personajes, estereotipos, de norteamericanos hoy en día. Una mirada oscura, oscurísima para un final que ya conocíamos. En el medio, una hora y media de escenas reiterativas que se agotan rápidamente.

El bar. Había muchas expectativas para lo nuevo de Alex de la Iglesia. Lo cierto es que empieza muy arriba, con buenos personajes, una locación y un conflicto aunque no claro lo suficientemente potente. No obstante, a lo último ya se la siente reiterativa y cansina, y la resolución resulta poco inspirada. Es divertida, sí, pero podría haber sido algo mucho más interesante.

Ceux qui font les revolutions a moitie n’ont fait que se creuser un tombeau. La sola idea de entrar a las diez de la mañana a ver una película de tres horas de duración me tuvo de malas varios días. Hasta que fui a verla y me terminé encontrando con una muy buena e interesante película, oscura y algo pesimista, pero muy potente. Al final, terminó ganando en la Competencia de Vanguardia y Género.

Rudzienko. La nada misma. En realidad, si uno sabe cómo fue rodada y por qué, se torna algo mas interesante. Pero si uno no tiene esa información, se encuentra con un film de largas y estáticas escenas que a veces no dicen nada. Y cuando hablan sus personajes, no tienen subtítulos para aparecer después esas líneas pasando sobre una pantalla negra.

The love witch. La estética del film es hermosa y perfecta, está en cada detalle su realizadora (de hecho cumple mil papeles además de directora, escritora de guión, vestuarista, escenarista, editora…). La trama está buena, quizás esperaba algo más pero cumple.

The Mole Song – Hong Kong Capriccio. Uno lee Takashi Miike y ya quiere. Bueno, ésta es una secuela y me enteré después, de todos modos se re puede ver por sí sola (tiene un breve resumen al comienzo). Una de acción muy divertida y bizarra. No decae nunca.

Dhogs. Una española que podría haber sido re interesante y termina cayendo en unas pocas e impactantes (y largas) escenas de gore. Lo mejor de la trama queda relegadísimo, en su lugar mejor mostrar el morbo. No me gustó.

Mimosas. Otra de esas películas pretensiosas y aburridas.

La región salvaje. Película mexicana sobre los peligros de dejarse llevar por el placer… en este caso, el placer que provoca un extraño alien. Para mí no termina de funcionar lo que nos quisieron contar.

Cemento – el documental. La historia del rock nacional pasa por acá y hoy está reflejado además en este documental. Muchos y valiosos testimonios.

I tempi felici veranno presto. Cuando empezó una señora se sentó al lado mío y no sé por qué, antes de irse, tuvo la necesidad de comentarme “esta película es un bodrio”. Yo la miré con cara de “y bueno, ¿qué se le va a hacer?”. Mi trabajo era verla, estaba entre la competencia que cubrí, así que me quedé (siempre me quedo, nunca me voy de las películas, ni de aquellas que entro a ver por mí misma), y si bien en la segunda mitad se pone más interesante, no me gustó.

My entire high school sinking into the sea. Una película animada, con una estética bastante psicodélica por momentos, y con voces de gente que quiero como Jason Schwartzman y Lena Dunham. Es una historia re chiquita, sobre adolescentes en medio de una situación catastrófica. Me gustó bastante.

Bliss. Película griega que tiene buen punto de partida pero para mí falla en su resolución. La actriz principal la rompe, como una mujer que cada vez se está volviendo más loca (me recordó por momentos a Queen of Earth).

SHOT! The Psycho-Spiritual Mantra of Rock. Obviamente lo amé. Amo las fotografías de Mick Rock, quien pudo adentrarse en la mejor época musical de la historia, que para mí es el glam rock. Además está contado de una manera muy atractiva, y cuando empezó me hizo acordar a 20.000 days on Earth, porque la ficción se introduce (en este caso, el propio Mick se ve a sí mismo años atrás cuando estuvo cerca de la muerte). Recomendadísimo, tiene todo lo que me gusta y seguro a todo el mundo también. Bowie, Iggy Pop, Lou Reed, Queen…

Merry Christmas Mr. Mo. Tenía que verla a la mañana pero por querer ver a toda costa My entire high school sinking into the sea, tuve que clavarme hasta las once de la noche para ver la que correspondía, la que tenía que ver para poder escribirla. Así que la estaba odiando de antemano por eso y al final me encontré con una película re linda. Hay que dejar de prejuzgar, tengo que dejar de prejuzgar.

Killing ground. Una australiana sobre una parejita que se va a pasar unos días tranquilos a un lugar casi desolado… y claro, no la van a pasar muy bien. El film juega con dos historias en distintos tiempos, pero rápidamente se pierde lo interesante de esa día. Tiene algunos buenos momentos, pero no mucho más.

Las malcogidas. Una comedia boliviana que, más allá de caer en algunos lugares comunes, resulta muy linda y refrescante. Hay algunas secuencias musicales que están geniales.

The assignment. Michelle Rodriguez como un tipo al que convirtieron contra su voluntad en mujer. Una de acción, dirigida por Walter Hill (quien hizo la gran Streets of fire, que gracias al Bafici pude ver en pantalla grande hace un par de años, también con la excusa de “voy a llevarlo a mi novio que no la vio” cuando todos sabíamos que yo quería volver a verla). Cumple.

Estiú 1993. La que ganó, por eso la vi, la verdad, muy linda. Chiquita pero profunda.

Medea. Crudísima.

The girl with all the gifts. Pensaba ver algo más el último día, pero me pudo la fiaca. Ya luego de haber cumplido con las críticas que me faltaba, me decidí tomar un día de relax en casa, y sólo me fui a ver esta película a la noche. Una de zombies interesante dentro de un género que ya no parece tener mucho para ofrecer.

 

Bueno, a todas estas películas se le han sumado litros de café y tabletas de actron, y calorías por montones. Y se le han quitado muchas horas de sueño. Los números de mi BAFICI fueron 51 películas y 21 críticas. Y eso que me quedé con ganas de ver mucho, mucho. Pero entonces me digo a mí misma, “tranquila, Jessi, no se puede ver todo en el mundo”.

Entrada de diario

Esa muerte artificial. Ese ensayo de la muerte. Me gusta cómo define Romina Paula en “Agosto”, mi actual lectura, esa instancia de todo supuesto final.

“La espera me agotó. No sé nada de vos. Dejaste tanto en mí”,
porque de repente no puedo evitar recordar esas palabras en boca de Cerati y su “Crimen”.

Siempre tuve/tengo problemas con los finales, con los de cualquier tipo. Por eso no soy quizás de las que se indignan cuando una película termina dejando que uno interprete qué pasa finalmente. ¿Muere? ¿Se quedan juntos? ¿Se va o se queda? Disfrutar del viaje, no quedarse sólo en el destino. “Lo importante no es llegar, lo importante es el camino”.

Es contradictorio tal vez, porque ese tipo de finales me gusta construirlos en mi cabeza, pero a la hora de escribir ficción (y tal vez por eso lo hago cada vez menos), no sé dar cierres. Aunque sepa qué quiero contar, tengo problemas con el cómo.

Pienso, entre tanto divague, que tal vez el final depende mucho más de ese cómo que del qué. ¿No duele mucho más un final abrupto y que uno/a no puede entender? ¿Que aquel que uno ve venir o venía presintiendo? ¿Y si todo estaba ahí pero nos negábamos a verlo y por eso lo sentimos igual de abrupto? ¿Qué es peor?

Pienso en películas, en personas, en situaciones. “Nunca pude olvidarme de alguien con quien haya estado. Porque cada uno tiene sus detalles específicos”, y se extiende un poco más de manera hermosa una Celine que acaba de escucharle decir a Jesse que el libro que escribió lo hizo con el fin de recordar que aquello que había pasado casi diez años atrás fue real, para no olvidar detalles, para sentir que de verdad estuvieron juntos aunque sólo haya sido una noche. Aunque todos sabemos que en realidad lo hizo para encontrarla, o al menos ése fue su motivo principal.

No sé por qué estoy escribiendo de esto. De dónde sale y hacia dónde va. Pero leía el libro de Romina Paula y no pude sacarme esa expresión de la cabeza. “Muerte artificial”. “Ensayo de la muerte”. Define así lo que pasa con un viejo amor que quedó en aquel pueblo al que regresa y a quien todavía no volvió a encontrarse, y de repente siente todos sus estantes moviéndose como si estuviera en medio de un terremoto. Y es curioso que sea muerte la palabra que elige cuando a quien escribe, o le habla, o se dirige, es justamente a su amiga muerta. ¿Toda muerte indica un final? Y ahora me acordé de El Señor de los Anillos y lo que Gandalf dice a Pippin cuando él comenta que no creía que todo terminaría así. “¿Terminar?”, responde Gandalf. “No, acá no se termina el viaje. La muerte es otro sendero, uno que todos recorreremos”.

Lo inevitable.

Dejar todo abierto, “por las dudas”. De que pasara algo más, de que se me ocurriera algo. Por eso no puedo terminar de escribir nada. Ni mi vida.

Nota final: así como soy horrible para los cierres, lo soy para los títulos y no sé qué título ponerle a este post. Quedará así.

Para cantar a los gritos

Creo que hay canciones que sirven especialmente para estas cosas, cantarla a los gritos y así descargarse. La mayoría de las veces, las canto en mi cabeza, así como a veces también grito en silencio.

Bueno, no me mirarían bien si mientras viajo en el colectivo me pusiera a cantar a los gritos, ¿no? O estuviera en la oficina como si estuviera en mi casa, o en la ducha. Además de que eso es algo que sólo puedo hacer a solas, completamente a solas.

Esta canción de Marina and the diamonds es una de las que más me gusta para eso. Tuve la oportunidad de escucharla en vivo, y allí sí cantarla, mi voz perdida entre el público mayoritariamente adolescente lo que me hizo sentir bastante vieja, en el Teatro Vorterix. Cuando volví a verla, unos pocos días después, en el Lollapalooza, el repertorio fue menor y no, no cantó esta vez Lies, sin dudas una de mis canciones favoritas de ella.

You’re too proud to say that you’ve made a mistake
You’re a coward ‘til the end
I don’t wanna admit that we’re not gonna fit
No, I’m not the type that you like
Why don’t we just pretend?
Liiiiiiiiiiieeeees, don’t wanna know, don’t wanna know, oh
I can’t let you go, can’t let you go, oh

La ciudad de los sueños

SPOILERS AHEAD porque no me contengo y esto es una catarsis más que otra cosa.

“Supongo que no toda la gente que se ama termina junta”, le dije a mi novio mientras cenábamos después de ver La La Land y la discutíamos. “¡Pero se aman!”, me había exclamado él antes de mi frase, que luego pensó y le gustó. Porque es real, ¿o no? ¿Todos terminamos con la persona a la que amamos?

La la land es bastante más amarga de lo que hubiese imaginado. Un musical, una oda a Hollywood, a los sueños y al amor. Emma Stone y Ryan Gosling cantando, bailando y enamorándose y enamorándonos. ¿Qué podía salir mal? En realidad, nada, sólo que lo que puede ser hermoso puede también ser doloroso. Como esos what ifs que inundan nuestras vidas, ilusiones y fantasías de una vida que creemos que podría haber sido posible, pero no se quedaron más que en ese plano de posibilidades pasadas. “Algunos preferimos la ilusión a la desesperación”, decía Nelson en algún capítulo de Los Simpsons (que no era de los mejores pero esa frase funciona a tantos niveles…)

En La la land entendemos que ellos no podían quedarse juntos si querían cumplir sus  sueños. Estar juntos implicaba sacrificarlos, o uno o el otro, o los dos. En cambio, separados sus caminos estaban dispuestos a llegar a ese punto de la vida que siempre soñaron. ¿Puede haber algo más cruel? ¿Que elegir entre los sueños o el amor?

La la land es hermosa, pero duele. “¿Cómo puede lastimarte si luce tan atractiva?”, se preguntaba Madonna en su canción Hollywood. Y para Damien Chazelle parece que Hollywood es exactamente así, hermosa, pero ser parte de ella requiere sacrificio.

No vale la pena que diga mucho más sobre la película, porque si me están leyendo ya la vieron (o eso espero). Creo que Chazelle hizo un trabajo hermoso, alguno de los planos secuencias están muy bien logrados. El guión es bastante básico y no necesita profundizar más que en ellos dos, el resto de los personajes secundarios no llegan siquiera a ser personajes secundarios, no tienen desarrollo, no interesan. Emma Stone y Ryan Gosling están divinos. Él especialmente me gustó, porque a veces con un gesto mínimo, sin decir nada ya expresaba un montón.

Hay amor por el cine clásico, por los musicales, hay mucho amor en La la land. Una película que empieza como un musical alegre pero a medida que se va sucediendo se torna un poco menos musical (los números comienzan a aparecer con menor frecuencia) y más amarga.

Me pone contenta que sea una película como La la land la que esté tanto en foco últimamente y no alguna que es probable que olvidemos en un año o dos. Bueno, sólo el tiempo sabrá (o no) si La la land perdura, pero en mi vida seguro que sí.

Anatomía musical de una película perfecta

Desde que vi Mommy por primera vez, hace poco más de dos años en el Festival de Cine de Mar del Plata, que no me la pude sacar de la cabeza. La vi algunas veces más (incluso cuando la estrenaron como medio año después de que la hubiese visto) y lo cierto es que sigue estando muy presente. No exagero cuando digo que para mí es una de las mejores películas que ha dado el cine en los últimos años, ¿décadas? Tal vez.

Cuando fui a verla, no tenía mucha idea de nada. Apenas conocía a su joven director, pues no había logrado fascinarme demasiado con Les Amours Imaginaires como una amiga mía y varios conocidos más, pero sí me había gustado mucho Tom a la Ferme, con ese clima asfixiante y perturbador que por momentos parecía casi una película de terror. Laurence Anyways la vería luego y confieso que todavía no me acuerdo nada de J’ai tué ma mère, aunque sé que la vi en algún momento por Isat. Y después de Mommy, ver Juste la fin du monde fue un poquito decepcionante. Confieso que no me gustó demasiado su última película más allá de algunos momentos buenos, en general explota a niveles ya innecesarios los rasgos de su cine.

Una de las muchas cosas increíbles que le encuentro a Mommy es el uso de la música. No porque utiliza lindas canciones y de un modo bonito. No sólo por eso, al menos. Sino porque agarra temas conocidos hasta el hartazgo en su mayoría, temas que cada uno ya debe asociar con sus determinados momentos de la vida, y le da una vida nueva. Incluso algunas de las canciones tienen en su letra una literalidad que bien podrían haber convertido a este film en algo obvio y aburrido. Y no sucede. Cada canción, aunque la hayas escuchado mil veces, luego no podés evitar asociarla a Mommy.

Si bien el soundtrack tiene varias canciones más, me voy a centrar sólo en cinco. Y en cada una de sus escenas.

White Flag, de Dido.

Sé que no debería amarte aún, o al menos decirlo, pero si no lo dijera seguiría sintiéndolo, así que qué sentido tiene. Juro que no estoy queriendo complicar más tu vida ni regresar a dónde estábamos. (…) No habrá bandera blanca en mi puerta. Estoy enamorada y siempre lo estaré.

“Amar no salva a las personas”, le dicen a esa madre que va a buscar a su hijo para intentar otra vez esa relación madre-hijo cuya enfermedad de él se lo hace tan difícil. En ese mundo en el que transcurre Mommy (apenas diferente del nuestro), ella podría abandonarlo y que el estado se hiciera cargo. Pero no quiere, no se va a rendir tan fácil.

Sé que dejé mucho desorden y destrucción como para regresar. Y que no causó más que problemas. Entiendo si no podés volver a hablarme. Y si vivís con las reglas de “se terminó”, estoy segura de que aquello tiene mucho sentido.

Entre esta madre e hijo hay una relación de amor recíproca, pero muy intensa, casi tóxica. “A lo mejor un día ya no me ames”, le va a decir él más adelante, “es así, sucede”.

Y cuando nos encontremos, que se que va a pasar, todo lo que estaba ahí seguirá estando. Lo dejaré pasar, me morderé la lengua, y vos vas a pensar que lo superé…

Como si hubiese amores que pudieran superarse… “Una madre no se despierta una mañana no queriendo más a su hijo. ¿Entendés? Lo único que va a pasar es que te ame más y más. Y vos seas quien me ame cada vez menos”, es la respuesta de su madre.

Acá, la canción de Dido, que suena de principio a final, sirve principalmente como marco de la larga secuencia que lo trae de vuelta al mundo exterior a su protagonista, junto a esa madre que lo quiere de manera incansable. Y además presenta ya algunos de los problemas y personajes que se tornarán importante a lo largo del asfixiante relato. Esa pantalla cuadrada se quedará así casi todo el tiempo, y ya nos empezamos a acostumbrar, a convivir con esa idea de que no la vamos a pasar bien.

On ne change pas, de Celine Dion

No sé nada de francés (y la idea de usar un traductor robotizado de Google no me atrae demasiado), pero no creo que sea necesario en esta escena. Acá, tenemos a ese tercer personaje, la vecina, la amiga, la maestra, que también lleva una vida difícil que le pesa, aunque no hable de eso. No habla demasiado no sólo por el impedimento que tiene, porque se traba y tartamudea, sino porque parecería abrir la boca sólo para decir cosas importantes.

Si bien es Steve el que entra en escena cantando y bailando esta canción, de a poco las contagia y Kyla comienza a bailar y a cantar, primero de manera más tímida hasta dejarse llevar por la canción y disfrutarla como corresponde que se disfrute la música, cantando y bailando con los ojos cerrados. Es una escena que podría querer hacerte creer que no todo está perdido y que se es posible sobrevivir. No, deberían ser advertidos: Mommy es tan hermosa como dolorosa.

Wonderland, de Oasis

Quizás vos vas a ser quien me salve.

Los Beatles nos quisieron hacer creer que todo lo que necesitábamos era amor. Pero el amor no salva, nos dicen al principio de la película. Y si bien seguramente no necesitamos a Dolan que nos lo haga saber, nunca está mal un cachetazo que te lo recuerde.

No creo que nadie se sienta como me siento yo con vos, ahora.

Cuando suena Oasis, es porque creemos, nos comimos la ilusión, de que Steve puede salvarse. De que incluso para alguien tan problemático como él hay una salida. La pantalla se abre, respiramos con mayor facilidad. Nos sentimos libres. Pero no nos dura mucho tiempo ese aire, porque no deja de ser más que una ilusión todo eso. Algo pasajero.

Vivo per lei, de Andrea Bocelli

Steve se pone frente a la gente a cantarle ese amor inmenso e irracional que siente por su madre, pero sólo encuentra burlas. Contiene la respiración y se las banca, lo que no se banca es ese ambiente degenerado (así lo siente), en el que su madre también se encuentra metida, y explota, del único modo que sabe explotar, a través de la violencia.

Born to die, de Lana del Rey

Pies, no me fallen ahora. Llévenme hasta la línea de llegada. Mi corazón se rompe a cada paso que doy pero espero que las puertas me digan que eres mío.

Para Steve no hay otra salida, no hay otro final posible. El final con el que fantasea su madre es irreal, un sueño que nunca podrá hacerse realidad.

A veces el amor no es suficiente y el camino se torna difícil, no sé por qué.

Otra vez, por si no nos quedó claro: el amor por sí solo no salva.

Mommy es así, una película amarga, triste, pero al mismo tiempo tan hermosa que se nos es imposible no creerle. Por eso ningún final podría haber sido más acertado que aquel en el que Steve corre hacia su destino final, el único posible para él, mientras Lana canta sobre el suicido.

Mis películas favoritas siempre terminan siendo así, devastadoras pero llenas de belleza. Mommy la pienso y la sigo pensando y sólo logra que cada vez me guste más y más, y al mismo tiempo la sufra más y más. Se me ponga la piel de gallina o los ojos llorosos cada vez que escucho algunas de estas (o el resto de las canciones que suenan en la película) canciones. Ese tipo de experiencias me gusta que me brinde el cine, que me den vuelta, que se me metan dentro y revuelvan todo, visceral. Y éste es uno de los ejemplos más claros que encontré en mucho tiempo.

Inevitable

El cielo está cansado ya de ver

la lluvia caer

y cada día que pasa es uno más

parecido a ayer

No encuentro forma a alguna de olvidarte porque

seguir amándote es inevitable

En esta época era admiradora suya. Dónde están los ladrones me parece un re álbum. Después del Unplugged, me dejó de interesar y ya le perdí el rastro.

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Juana, Julie & Julia

VIAJES AL FONDO DEL ALSA

“Quizás viajar no sea suficiente para prevenir la intolerancia, pero si logra demostrarnos que todas las personas lloran, ríen, comen, se preocupan y mueren, puede entonces introducir la idea de que si tratamos de entendernos los unos a los otros, quizás hasta nos hagamos amigos” – Maya Angelou

Inhalando líneas

"Y si leo, si compro libros y los devoro, no es por un placer intelectual —yo no tengo placeres, sólo tengo hambre y sed— ni por un deseo de conocimientos sino por una astucia inconsciente que recién ahora descubro: coleccionar palabras, prenderlas en mí como si ellas fueran harapos y yo un clavo, dejarlas en mi inconsciente, como quien no quiere la cosa, y despertar, en la mañana espantosa, para encontrar a mi lado un poema ya hecho."

El mundo de Juana

Escritura sanadora

Sexticles (+18)

Short sex stories for adults. Breves relatos eróticos para adultos.