Para cantar a los gritos

Creo que hay canciones que sirven especialmente para estas cosas, cantarla a los gritos y así descargarse. La mayoría de las veces, las canto en mi cabeza, así como a veces también grito en silencio.

Bueno, no me mirarían bien si mientras viajo en el colectivo me pusiera a cantar a los gritos, ¿no? O estuviera en la oficina como si estuviera en mi casa, o en la ducha. Además de que eso es algo que sólo puedo hacer a solas, completamente a solas.

Esta canción de Marina and the diamonds es una de las que más me gusta para eso. Tuve la oportunidad de escucharla en vivo, y allí sí cantarla, mi voz perdida entre el público mayoritariamente adolescente lo que me hizo sentir bastante vieja, en el Teatro Vorterix. Cuando volví a verla, unos pocos días después, en el Lollapalooza, el repertorio fue menor y no, no cantó esta vez Lies, sin dudas una de mis canciones favoritas de ella.

You’re too proud to say that you’ve made a mistake
You’re a coward ‘til the end
I don’t wanna admit that we’re not gonna fit
No, I’m not the type that you like
Why don’t we just pretend?
Liiiiiiiiiiieeeees, don’t wanna know, don’t wanna know, oh
I can’t let you go, can’t let you go, oh

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Anatomía musical de una película perfecta

Desde que vi Mommy por primera vez, hace poco más de dos años en el Festival de Cine de Mar del Plata, que no me la pude sacar de la cabeza. La vi algunas veces más (incluso cuando la estrenaron como medio año después de que la hubiese visto) y lo cierto es que sigue estando muy presente. No exagero cuando digo que para mí es una de las mejores películas que ha dado el cine en los últimos años, ¿décadas? Tal vez.

Cuando fui a verla, no tenía mucha idea de nada. Apenas conocía a su joven director, pues no había logrado fascinarme demasiado con Les Amours Imaginaires como una amiga mía y varios conocidos más, pero sí me había gustado mucho Tom a la Ferme, con ese clima asfixiante y perturbador que por momentos parecía casi una película de terror. Laurence Anyways la vería luego y confieso que todavía no me acuerdo nada de J’ai tué ma mère, aunque sé que la vi en algún momento por Isat. Y después de Mommy, ver Juste la fin du monde fue un poquito decepcionante. Confieso que no me gustó demasiado su última película más allá de algunos momentos buenos, en general explota a niveles ya innecesarios los rasgos de su cine.

Una de las muchas cosas increíbles que le encuentro a Mommy es el uso de la música. No porque utiliza lindas canciones y de un modo bonito. No sólo por eso, al menos. Sino porque agarra temas conocidos hasta el hartazgo en su mayoría, temas que cada uno ya debe asociar con sus determinados momentos de la vida, y le da una vida nueva. Incluso algunas de las canciones tienen en su letra una literalidad que bien podrían haber convertido a este film en algo obvio y aburrido. Y no sucede. Cada canción, aunque la hayas escuchado mil veces, luego no podés evitar asociarla a Mommy.

Si bien el soundtrack tiene varias canciones más, me voy a centrar sólo en cinco. Y en cada una de sus escenas.

White Flag, de Dido.

Sé que no debería amarte aún, o al menos decirlo, pero si no lo dijera seguiría sintiéndolo, así que qué sentido tiene. Juro que no estoy queriendo complicar más tu vida ni regresar a dónde estábamos. (…) No habrá bandera blanca en mi puerta. Estoy enamorada y siempre lo estaré.

“Amar no salva a las personas”, le dicen a esa madre que va a buscar a su hijo para intentar otra vez esa relación madre-hijo cuya enfermedad de él se lo hace tan difícil. En ese mundo en el que transcurre Mommy (apenas diferente del nuestro), ella podría abandonarlo y que el estado se hiciera cargo. Pero no quiere, no se va a rendir tan fácil.

Sé que dejé mucho desorden y destrucción como para regresar. Y que no causó más que problemas. Entiendo si no podés volver a hablarme. Y si vivís con las reglas de “se terminó”, estoy segura de que aquello tiene mucho sentido.

Entre esta madre e hijo hay una relación de amor recíproca, pero muy intensa, casi tóxica. “A lo mejor un día ya no me ames”, le va a decir él más adelante, “es así, sucede”.

Y cuando nos encontremos, que se que va a pasar, todo lo que estaba ahí seguirá estando. Lo dejaré pasar, me morderé la lengua, y vos vas a pensar que lo superé…

Como si hubiese amores que pudieran superarse… “Una madre no se despierta una mañana no queriendo más a su hijo. ¿Entendés? Lo único que va a pasar es que te ame más y más. Y vos seas quien me ame cada vez menos”, es la respuesta de su madre.

Acá, la canción de Dido, que suena de principio a final, sirve principalmente como marco de la larga secuencia que lo trae de vuelta al mundo exterior a su protagonista, junto a esa madre que lo quiere de manera incansable. Y además presenta ya algunos de los problemas y personajes que se tornarán importante a lo largo del asfixiante relato. Esa pantalla cuadrada se quedará así casi todo el tiempo, y ya nos empezamos a acostumbrar, a convivir con esa idea de que no la vamos a pasar bien.

On ne change pas, de Celine Dion

No sé nada de francés (y la idea de usar un traductor robotizado de Google no me atrae demasiado), pero no creo que sea necesario en esta escena. Acá, tenemos a ese tercer personaje, la vecina, la amiga, la maestra, que también lleva una vida difícil que le pesa, aunque no hable de eso. No habla demasiado no sólo por el impedimento que tiene, porque se traba y tartamudea, sino porque parecería abrir la boca sólo para decir cosas importantes.

Si bien es Steve el que entra en escena cantando y bailando esta canción, de a poco las contagia y Kyla comienza a bailar y a cantar, primero de manera más tímida hasta dejarse llevar por la canción y disfrutarla como corresponde que se disfrute la música, cantando y bailando con los ojos cerrados. Es una escena que podría querer hacerte creer que no todo está perdido y que se es posible sobrevivir. No, deberían ser advertidos: Mommy es tan hermosa como dolorosa.

Wonderland, de Oasis

Quizás vos vas a ser quien me salve.

Los Beatles nos quisieron hacer creer que todo lo que necesitábamos era amor. Pero el amor no salva, nos dicen al principio de la película. Y si bien seguramente no necesitamos a Dolan que nos lo haga saber, nunca está mal un cachetazo que te lo recuerde.

No creo que nadie se sienta como me siento yo con vos, ahora.

Cuando suena Oasis, es porque creemos, nos comimos la ilusión, de que Steve puede salvarse. De que incluso para alguien tan problemático como él hay una salida. La pantalla se abre, respiramos con mayor facilidad. Nos sentimos libres. Pero no nos dura mucho tiempo ese aire, porque no deja de ser más que una ilusión todo eso. Algo pasajero.

Vivo per lei, de Andrea Bocelli

Steve se pone frente a la gente a cantarle ese amor inmenso e irracional que siente por su madre, pero sólo encuentra burlas. Contiene la respiración y se las banca, lo que no se banca es ese ambiente degenerado (así lo siente), en el que su madre también se encuentra metida, y explota, del único modo que sabe explotar, a través de la violencia.

Born to die, de Lana del Rey

Pies, no me fallen ahora. Llévenme hasta la línea de llegada. Mi corazón se rompe a cada paso que doy pero espero que las puertas me digan que eres mío.

Para Steve no hay otra salida, no hay otro final posible. El final con el que fantasea su madre es irreal, un sueño que nunca podrá hacerse realidad.

A veces el amor no es suficiente y el camino se torna difícil, no sé por qué.

Otra vez, por si no nos quedó claro: el amor por sí solo no salva.

Mommy es así, una película amarga, triste, pero al mismo tiempo tan hermosa que se nos es imposible no creerle. Por eso ningún final podría haber sido más acertado que aquel en el que Steve corre hacia su destino final, el único posible para él, mientras Lana canta sobre el suicido.

Mis películas favoritas siempre terminan siendo así, devastadoras pero llenas de belleza. Mommy la pienso y la sigo pensando y sólo logra que cada vez me guste más y más, y al mismo tiempo la sufra más y más. Se me ponga la piel de gallina o los ojos llorosos cada vez que escucho algunas de estas (o el resto de las canciones que suenan en la película) canciones. Ese tipo de experiencias me gusta que me brinde el cine, que me den vuelta, que se me metan dentro y revuelvan todo, visceral. Y éste es uno de los ejemplos más claros que encontré en mucho tiempo.

Inevitable

El cielo está cansado ya de ver

la lluvia caer

y cada día que pasa es uno más

parecido a ayer

No encuentro forma a alguna de olvidarte porque

seguir amándote es inevitable

En esta época era admiradora suya. Dónde están los ladrones me parece un re álbum. Después del Unplugged, me dejó de interesar y ya le perdí el rastro.

Hace un año

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Hace un año me fui a dormir sintiéndome mal, nada grave, algo físico. Pero apenas pude dormir. Y me desperté una hora antes de que sonara mi alarma.
Me levanté, no me iba a poder volver a dormir en ese tiempo. En algún momento, decidí agarrar mi celular y entrar a twitter. Y así me encontré con la noticia, aquella que me haría sentir peor (lo físico nunca duele tanto como lo emocional). Bowie, el gran amor de mi vida, había dejado la Tierra.
Lloré un poco y me puse a escribir, en mi diario, como hago cada vez que me siento mal (si alguien leyera mi diario lo encontraría muy deprimente pero es porque no suelo escribir cuando estoy contenta). Recién cuando sonó la alarma y se despertó mi novio, le conté y me abrazó, sabiendo lo que Bowie siempre es y será para mí.

Hace un año.

Random

La espera me agotó

No sé nada de vos

Dejaste tanto en mí

El nuevo editorial de Raquel Zimmermann, para la revista Harper’s Bazaar, me contó una historia que me rememoró a esta canción.

You can’t always get what you want

But if you try sometime you just might find you get what you need

Por fin llegó el día. Que el recital fuera en La Plata me impidió considerar otros recitales a los que me hubiese gustado asistir, pero que sin dudas no los necesitaba tanto en mi vida. Claro que hubiese preferido que tocaran en River, que no me queda muy lejos, pero no, tenía que ser en La Plata. Bueno, siempre hay una primera vez.

El viaje fue tranquilo, ya que con mi hermana (quien me sorprendió regalándome la entrada como regalo de cumpleaños -en diciembre-) contratamos una combi. Llegamos tipo 4 de la tarde, caminamos largas cuadras con calor -pero al menos nublado, nos consolábamos- hasta llegar al estadio y entramos, a Campo, claro, donde se vive un recital como corresponde, y nos sentamos en el piso, total, todavía faltaban varias horas para que empiecen los Stones e incluso ninguna de las bandas soportes nos entusiasmaban demasiado.

Al ratito, comienza a lloviznar. El cielo, cada vez más oscuro. Se escucha algún trueno y la gente enloquece. A nadie le importa nada, vamos a ver a los Stones, carajo.

Llueve. Llueve y no para durante poco más de tres horas seguidas. Durante las bandas soportes buscamos algo de refugio donde podemos, pero la verdad es que el campo es totalmente cubierto. A mitad del recital de Ciro y los Persas, nos sumamos al público, nos mojamos más y saltamos al ritmo de algunas canciones de Los Piojos que musicalizaron mi adolescencia.

Nos quedamos allí. Falta una hora para que empiece, al lado de todo lo que esperamos no es nada. De a poco la lluvia va reduciendo su intensidad y minutos antes de que sean las nueve de la noche, cesa del todo.

Se apagan las luces, comienza un video colorido sobre un viaje que termina con la imagen del obelisco y la leyenda Buenos Aires. Comienza a sonar “Start me up” y ya estamos ahí, en el medio de una de las noches inolvidables de mi vida.

No voy a describir lo que sigue porque mis palabras no le harían honor. Sólo me limitaré a expresar un poco mi alegría por haberlos visto en vivo. Mi admiración no sólo por la energía y las ganas que le ponen a todo a su edad, sino porque seguramente si llegaron con esa vitalidad uno de los motivos sea que dedicaron su vida a hacer lo que les gusta. No se encerraron en oficinas, ni ningún otro trabajo aburrido que les ayudara a subsistir. Hicieron música. Y tuvieron la suerte, aunque no todo depende de ello, sino también del talento que tienen, de que se hicieron famosos. Y siguieron juntos durante décadas alimentando esa carrera que no sólo les dio satisfacción a ellos, sino a los que los escuchamos y somos un poco más felices cuando ellos suenan.

No saqué fotos ni grabé videos de mala calidad con mi celular. Me limité a disfrutarlos, a saltar un poco pegoteada entre la gente en algunas canciones, y en algunas otras a escucharlos y cantar sola pero rodeada de gente que no conocía (a mi hermana la perdí en la segunda canción) con la que al menos teníamos algo en común.

Podría contar lo mucho que me quedó doliendo todo el cuerpo -no sólo los pies, sino el cuello, la espalda, los brazos, lo que deja en evidencia mi poco estado físico-, cómo caminamos eternas cuadras hasta llegar a la combi porque nos perdimos, que cenamos a las tres y media de la madrugada, pero todo eso no sería más que anecdótico, y del tipo aburrido. Mejor recordar que me sorprendieron al cantar Anybody seen my baby (que no tocaron en Chile, sólo estaba como opción para votar y no quedó), que me fascinó especialmente cuando todo se tornó rojo y cantaron Sympathy for Mr. Devil, que si bien no cantaron ninguna de mis top 5 canciones favoritas suyas (es entendible, tienen cientos de temones, que quedara la sensación que faltaron unas cuantas) amé la elección de temas, que Mick Jagger me resulta uno de los hombres más fascinantes de esta Tierra, y cosas por el estilo.

Lo importante se quedó ahí en La Plata.

Sueños que se cumplen y sueños que no

Foto: Zimbio

 

Por vez primera voy a poder verlos en vivo. Ellos, una de las bandas más grandes y emblemáticas de todos los tiempos.

Ser joven está bueno, amo mi juventud y ojalá nunca tuviera que perderla (el paso de los años es un tema muy complicado para mi alma inmadura), pero lo cierto es que por culpa de ella hay muchas cosas en esta vida que no he podido experimentar en carne propia. En realidad, supongo que la culpa la tengo yo, que sobre todo en cuanto a música concierne, mis gustos son más bien nostálgicos.

Me acuerdo cuando los Stones vinieron a la Argentina, pero yo aún estaba en la secundaria y no iba a ir a verlos salvo que me llevaran, lo cual no sucedió. Cuando uno ya es adulto, toma sus propias decisiones y ya no le puede echar la culpa a nadie. Así que aquí estoy.

A ellos los he escuchado desde que tengo memoria. No me atrevería siquiera a hacer una lista de mis canciones favoritas porque seguro olvidaría otras tantas (igual creo que “Beast of Burden”, “Hand of fate” y “Mixed emotions” son mi top 3, CREO, no estoy segura de nada). La sola idea de saber que en días, horas, podré disfrutarlos en vivo me llena el alma.

Después, están los sueños truncados. Aquellos que en realidad ni siquiera tenían mucho fundamento pero seguían existiendo en mi consciente. Y hablo de David Bowie, quien al sacar “The next day”, por más que él insistiera en que no volvería a girar, me dio un poquito de esperanzas de que en algún momento lo hiciera. El sueño de verlo en vivo se me dará en otra vida, en otro terreno, supongo.

Ayer fui a una presentación que se hizo de la nueva película de Disney, “Zootopía”, en la cual estuvo presente el presidente de Walt Disney Animation Studios, y en un momento comentó que uno de los directores de la película había comenzado como guía turístico en Disney. Pensé, “se aplica perfectamente al mensaje que Disney siempre da en sus películas: los sueños se hacen realidad”. Crecemos con esos mensajes, nos creemos que realmente podremos hacer todo lo que querramos… y después nos damos cuenta de que no siempre es así, o de que no siempre es tan fácil, o de que incluso no siempre depende sólo de nosotros y nuestra fuerza de voluntad. Perdón, me puse pesimista nuevamente.

Foto: Tumblr

Aún me cuesta pensar en que no estás.

¿Puede una canción de amor salvar tu vida?

Después del amor, llega la obsesión. Y así como hace poco me declaraba obsesionada con Lana del Rey hasta el punto de no poder dejar de escucharla en ningún momento, ahora di rienda suelta a otra obsesión mía, siempre sanitas. Ya conté que me gustó mucho la película Begin Again hasta el punto de formar parte de mis diez películas favoritas del año que nos dejó. Bueno, una de las peores o mejores cosas que pude hacer en mi vida es incluir el soundtrack de ese film en la playlist de mi ipod. Pero lo más reciente es mejor.

Si bien ya había escuchado el tema Lost Stars incontable cantidad de veces, armé en mi iPod una lista con sólo dos canciones. Mejor dicho: una sola canción, dos versiones. Y sí, Lost Stars es esa canción.

Y saber que fue nominada al Oscar y que el 22 de febrero va a ser interpretada en vivo sólo me emociona más. Sí, soy la tonta que se emociona así, con películas, con música. Porque cuando digo que pongo Lost Stars en continuado no es que lo hago pero en algún momento dejo de prestarle atención, como para quedar de fondo. No, cada una de las cientos de veces que la he escuchado, me quedo prestándole atención a la letra, cantándola para mis adentros o, si estoy sola como sucede más seguido ahora en mi lugar de trabajo por las vacaciones, en voz un poco más alta. Y me emociono. Es así.

Ahora, ¿qué versión me gusta más? Difícil. Ambas me fascinan, como les dije, intercalo entre una y otra. Y depende de mi día, de mi momento, me gusta más una u otra. Aunque creo que me corro un poquitito más para el lado de la de Keira.

Lo cierto es que esta es la canción que más me ha acompañado en los últimos meses, que más conoce mis recorridos en colectivos o en cafeterías por la tarde, o cada rincón de la oficina en que trabajo.

Mi disco del año 2014

No hice muchos balances este año. Hice el obligatorio cada año, que tiene que ver con el cine, pero no mucho más. Además del que publiqué en este blog y en Visión del cine, me jugué a elegir lo mejor y peor de los estrenos comerciales del año para El Espectador Avezado.

Pero hablemos de música, si me lo permiten, unos días después de terminado el año. Sé que no le dedico lo suficiente en este blog a ese aspecto de mi vida, porque en general me la paso escribiendo sobre cine, pero es fundamental para mí. Soy una persona que no puede salir sin sus auriculares, que su Ipod necesitaría ser de quinientos mil gigas si quisiera poner todo lo que “quizás tenga ganas de escuchar el día de hoy”, y hasta quien en la oficina hace la de dj hasta el punto de seguramente hartar a quienes me tengan que acompañar.

Porque quien este año sonó más que nadie, en mis auriculares o desde el parlantecito en forma de minion que tengo en mi oficina, fue ella. Fue mi descubrimiento del año y alguien que musicalizó prácticamente todas mis semanas desde que la descubrí: Lana del Rey.

Y ese disco tan bello que es Ultraviolence. Porque he llegado a escuchar sus canciones miles de veces en un mismo día. Porque si paso unos poquitos días sin hacerlo, luego necesito hacerlo, como me dijo alguien una vez, como una droga, de manera compulsiva, porque sufro la abstinencia.

Vivo por ella

No me leas si no la viste, gracias.

I know I left too much mess and destruction to come back again
And I caused nothing but trouble
I understand if you can’t talk to me again
And if you live by the rules of “it’s over”
then I’m sure that that makes sense

I’m inlove and always will be. Quizás mi película favorita de las que pude ver en el Festival de cine de Mar del Plata sea “Mommy”, de Xavier Dolan. Mi relación con este director es rara. Si bien las películas suyas que había visto (me falta “Laurence Anyways”) me gustaron, no logré sentirme fascinada por su cine hasta que vi “Tom a la ferme”. Ahí fue que mi ojo comenzó a posarse en las noticias sobre lo nuevo del director. Si había sido capaz de dirigir, a su fucking corta edad que no hace más que replantearme qué he hecho con mi vida, tremenda película, podía hacerlo de nuevo.
No sabía mucho de qué iba. El título y las imágenes de los pósters y algún still daban a entender qué tipo de relación iba a decidir retratar.

Se apagan las luces de la pantalla y aparece una leyenda. Nos sitúa en un futuro no muy distante, con una nueva ley que permite “deshacerse” (no es esa la palabra, pero eso significa) de un hijo problemático para que algún hospital público se haga cargo. Pero durante el resto de la película nos olvidamos de esa placa, casi que podría no estar. Sin embargo, está. Está para recordarnos que la madre en cualquier momento puede dejarlo, pero sus intenciones son acompañarlo, estar con él. Momento, me estoy adelantando.

Dolan decide encuadrar su película desde el comienzo en un formato 1:1 que no hace más que encerrarnos. Es raro acostumbrarse, aunque él tiene muy en claro cómo se sienten y encuentran sus personajes y por lo tanto quiere que lo sintamos de todas las maneras posibles.

A simple vista ella es una mujer adulta, un poco vulgar (trashy, podría ser la palabra) a la hora de vestirse, y no teme decir lo que pasa por su mente. Él, recién salido del hospital. Ella, advertida por uno de los médicos: “amar a las personas no las salva”. Esa frase es quizás fundamental, sobre todo cuando más adelante él le muestra su temor a que en algún momento ella dejara de amarlo. Es que la relación de amor que tienen es recíproca pero tan intensa que por momentos parecería que fueran a quemarse.

 

Pull me out from inside. I am ready, I am ready, I am ready. I am fine, I am fine, I am fine.


Suenan los Counting Crows mientras él anda con sus auriculares escuchando cualquier otra música en una de las varias escenas tan bellamente musicalizadas. No importa que apelara a canciones hiper conocidas, y que de muchas una ya tenga una impresión, una sensación asociada. Acá él incluso genera algo nuevo. Con Dido cantando sobre no rendirse en una relación. O los Oasis hablando de sentirse probablemente salvados.

I said maybe you are gonna be the one that saves me, cantan ellos mientras la pantalla se abre en lo que es una especie de respiro en una película tan pesada, no en el mal sentido de la palabra, sino con emociones y situaciones que tienen un peso aplastante, que desgarran, que enloquecen, que fascinan, todo de una manera inmensa. Y de repente parece que sí, que uno tiene más lugar en ese mundo, y con alguien más, en este caso alguien que le va a enseñar algo más que las cosas que se aprenden en una escuela, y la única persona a la que los dos dejan entrar a su casa. Pero dura poco, porque eso no es más que una fantasía, una ilusión. Por algo esa escena se parece tanto a aquel sueño que la madre tiene con el hijo en un futuro casado y teniendo la vida que siempre quiso para él (momento en el que Dolan se permite entrar físicamente en la película).

Feet don’t fail me now
Take me to the finish line
Oh my heart it breaks every step that I take
But I’m hoping at the gates,
They’ll tell me that you’re mine

¿De qué habla ese final en el que él se escapa de las manos que lo ataban y sale por la puerta a la blanca luz del sol mientras suena Lana del Rey? ¿Hacia dónde lo lleva ese escape, esa salida? ¿Hay solución para esa violencia que a veces brota de él de manera repentina? ¿Se puede vivir amando de manera tan intensa? ¿O corremos peligro de asfixiarnos?

Sometimes love is not enough and the road gets tough, I don’t know why.

Ok, demasiados delirios. Es que con esta película me encontré con miles de emociones y pocas palabras para describirlas. Y como si fuera poco me termina la película con mi amada Lana del Rey y su canto al suicidio.

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"Y si leo, si compro libros y los devoro, no es por un placer intelectual —yo no tengo placeres, sólo tengo hambre y sed— ni por un deseo de conocimientos sino por una astucia inconsciente que recién ahora descubro: coleccionar palabras, prenderlas en mí como si ellas fueran harapos y yo un clavo, dejarlas en mi inconsciente, como quien no quiere la cosa, y despertar, en la mañana espantosa, para encontrar a mi lado un poema ya hecho."