Grises

“Being alive is essentially a very lonely proposition. You have to mostly carry your pack alone. Nobody gets as much help as they need”.

Lo dije varias veces y lo repito porque sí. Soy horrible para ver series. Supongo que tiene que ver con mi poca capacidad de ser constante con algo en la vida. Tengo una lista interminable de series que me gustaría ver y que, creo, en algún momento veré. Pero no me siento mucho a hacerlo.

Me habían recomendado, entre otras, hay gente que mira muchas series, mucha gente, The affair. No sabía de qué se trataba aunque con su título no era difícil de intuir por dónde iba a ir la historia. The affair empieza con dos personas que se conocen y de a poco se enamoran y tienen una relación extra marital a medida que sus mundos personales se van derrumbando e intentan levantar los ladrillos como pueden. Cada uno tiene sus mambos, sus secretos, sus miedos, pero se aman y eso es algo que no pueden evitar, porque es algo que sucede sin que uno lo elija.

(La serie recién la comienzo y vi hasta el capítulo 8 de la segunda temporada, así que comento sólo hasta esa parte)

 

Hay varias cosas que me gustan de la serie The Affair. Por un lado, que los personajes tienen muchos matices. Ninguno es bueno, ninguno es malo. Son todos terriblemente humanos, con virtudes y defectos, algunos más insoportables que otros. Personas que cometen errores, que se mandan cagadas. Que a veces no saben qué hacer con sus vidas. A la larga, nadie es experto en tomar decisiones, y de ellas dependen tantas cosas. Muchas veces no son queribles, incluso nos puede suceder eso con sus protagonistas. A mí se me rompió el corazón cuando Noah casi se coge a su publicista después de haber luchado tanto para poder estar con Allison, aquella de quien se enamora y por quien termina dejando a su mujer. Una Allison ahora embarazada y un poco abandonada.

Por otro lado, la idea de dividir cada capítulo en dos puntos de vista, en dos versiones, pone en evidencia que no todos vivimos un mismo hecho, una misma escena, de la misma manera. Algunos se quedan con ciertos detalles y a la hora de recordar es posible que ese recuerdo esté deformado por los huecos que uno va llenando hasta el punto de creer que eso sucedió tal cual lo tenemos en la cabeza. En The affair hay muchas escenas contadas dos veces y siempre de modos muy distintos, diferentes diálogos, diferentes gestos, vestimentas a veces incluso. Yo no recuerdo aquella noche del mismo modo que la recordás vos, seguro. Yo la viví desde mi perspectiva, una perspectiva contaminada por cada parte de mi personalidad y capacidad de quedarme con determinadas partes de cada vivencia.

En The Affair lo que menos interesa es esa subtrama policial que funciona como eje narrativo. Lo que interesa son esos personajes, no sólo sus dos protagonistas, sino las personas que los rodean. Maura Tierney como Helen, la mujer de familia que creía tener el matrimonio perfecto y un día se encuentra enfrentando un divorcio es una de las cosas más atractivas que tiene la serie.

 

Odio que Netflix sólo haya subido hasta la segunda temporada, porque desde que tengo Netflix estoy mucho más pajera para ver series o películas fuera de esa plataforma, es la verdad. Pero con The affair estoy demasiado enganchada como para dejarla.

Hace un año

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Hace un año me fui a dormir sintiéndome mal, nada grave, algo físico. Pero apenas pude dormir. Y me desperté una hora antes de que sonara mi alarma.
Me levanté, no me iba a poder volver a dormir en ese tiempo. En algún momento, decidí agarrar mi celular y entrar a twitter. Y así me encontré con la noticia, aquella que me haría sentir peor (lo físico nunca duele tanto como lo emocional). Bowie, el gran amor de mi vida, había dejado la Tierra.
Lloré un poco y me puse a escribir, en mi diario, como hago cada vez que me siento mal (si alguien leyera mi diario lo encontraría muy deprimente pero es porque no suelo escribir cuando estoy contenta). Recién cuando sonó la alarma y se despertó mi novio, le conté y me abrazó, sabiendo lo que Bowie siempre es y será para mí.

Hace un año.

Mujeres en el cine del 2016

Mi top 10 (aunque sin un orden específico, perdón) con los mejores retratos femeninos que dio este año.

Viaggio Sola. Una mujer independiente y exitosa que se da cuenta que no necesita de nada más que de ella misma para ser feliz.

Julieta. Una mujer que esconde un pasado que todavía le duele, pero al que no puede dejar ir así como así.

Carol. Dos mujeres, una joven y sin saber aún qué quiere de su vida; la otra ya adulta, inteligente, refinada y segura de lo que quiere.

Love and friendship. Una mujer que siempre consigue lo que quiere, manipuladora y seductora.

Mustang. Jóvenes presas de una sociedad que las fuerza a llevar una vida diseñada por otros.

The room. Una madre cuya terrible adversidad que le toca vivir no le impide criar a su hijo y darle todo lo que necesita para que pueda salir al mundo.

Pride and prejudice and zombies. Una revisión bizarra pero muy entretenida de la novela de Jane Austen, en la que las mujeres son letales a la hora de defenderse.

A girl walks home alone at night. Una vampira que anda sola por las calles de noche buscando alimentarse, pero sólo de hombres y aquellos que antes han maltratado a una mujer.

Gilda. Una mujer que abandona una vida pre diseñada para dedicarse a hacer lo que le gusta y hacerse un lugar en un mundo que no parece aceptar a la mujer como otra cosa que un objeto sexual.

BONUS

Acá se estrena comercialmente en enero, Aquarius. Una mujer hermosa, sensual y culta que nunca dejará de luchar por lo que quiere.

El material del que están hecho los sueños

Me cuesta recordar sueños. Me cuesta que se queden conmigo, en cuestión de segundos suelen evaporarse. Pero a veces son tan intensos, tan raros, tan impactantes que, sabiendo que si no me esfuerzo corro peligro de ya no saber nada de ellos, intento retenerlos en mi mente. Y hay un punto en que ya no sé qué parte soñé y qué huecos llené con mi cabeza, con mi imaginación. Tengo una capacidad para recordar sueños probablemente peor que el resto de la gente, a tal punto de muchas veces tener la sensación de que no sueño, lo cual es imposible. Ojalá algunas cosas de mi cabeza podrían irse con la liviandad con la que se van esas imágenes oníricas…

Anoche me desperté a las tres y media de la mañana muy angustiada. Las imágenes en mi cabeza eran muchas pero mayor era la cantidad de sensaciones, poco agradables todas. Me desperté y comencé a llorar, porque sí.

Intenté reconstruir mentalmente lo que había pasado por mi cabeza. No había sido agradable pero necesitaba conocerlo, aunque sea por partes. Tomé mi celular y en las notas escribí todo lo que me acordaba de ese sueño. O de esos sueños. Y creo que lo que más recordaba era justamente sensaciones.

Estar en un lugar con gente con la que no conectaba. Que me contaran un chiste y no me riera. Que nada me provocara nada, en realidad. Era como un fantasma. Mi novio estaba conmigo y conocidos suyos, y todos como que me hacían el favor de hablarme. Pero a mí nada me interesaba.

De repente, uno de ellos me muestra una colección de cuadernos diminutos, diminutos en serio, donde en cada hoja apenas podías escribir una letra. Me parecían tiernos y curiosos, pero nada más. Estaba atontada, no lo sé.

En algún momento, este conocido o algo de mi novio, una persona a la cual en la vida real probablemente nunca haya visto, me lleva en auto a algún lugar. No sé por qué, nunca se entenderá la lógica de los sueños, voy con él, pero en el asiento de atrás. Es como que nada me importaba, todo me daba igual, yo simplemente existía. No sé bien qué cosas soñé qué hacía o decía, pero sí recuerdo esa sensación de nada, de vacío.

Cuando el auto se detiene en un semáforo, unas chicas, rubias, teñidas, las dos muy parecidas entre sí, se bajan de otro auto y se acercan a mí y golpean la ventanilla. No entiendo nada y no hago nada, pero ellas me dicen que me baje, que me tengo que bajar. Insisten y casi que me dan miedo. Ellas me dan miedo. Una la mira a la otra y le dice que ya está, que no pueden hacer nada más, y se van, decepcionadas parecen.

El auto arranca y de repente caemos a un océano, oscuro, el agua casi como si fuese una laguna, un pantano, mohosa. No siento el agua, no me mojo, pero sí de manera inmediata siento como que me ahogo. No puedo respirar, hablar, gritar, moverme, nada. Siento una desesperación terrible pero no puedo hacer nada, y quiero llorar.

Esa otra persona se acerca a mí y me acomoda, me recuesta. Es como si me estuviese haciendo un favor. Y por la cabeza se me empiezan a cruzar imágenes, muy de película, de mi novio en un futuro, siendo feliz, sonriendo, siendo exitoso.

De todas esas imágenes y sensaciones que recuerdo (¡cuántas habrá que no!), ésa es la conclusión a la que llegué. En mi sueño no estaba viviendo, era un ente, no podía hacerle bien a nadie, mucho menos a mí misma. Y al mismo tiempo no hacía nada, nunca iba a hacer nada por mí misma.

Creo que suena terrible, y no les cuento a las tres y media de la madrugada, y por eso entenderán que mi reacción al despertar fue la de ponerme a llorar.

Mejor no intento interpretarlo, demasiado con cómo lo sentí.

Balance 2016: películas

Publicado y escrito originalmente para Visión del Cine, les dejo mi listado de las que yo considero han sido las películas del año. El top 10 está compuesto por estrenos comerciales en Argentina, y el agregado de cinco películas, aquellas que han pasado por algún festival pero no lograron, aún (alguna no lo hará nunca) su estreno en circuitos comerciales. No hace falta decir que es todo muy subjetivo y, por otro lado, el orden es en gran parte un poco aleatorio; los primeros puestos son los más claros para mí. Los links que dejo son a críticas mías, que no todas tienen.

1. Zootopia

2. Carol

3. Nocturnal animals

4. Viaggio Sola

5. Julieta

6. Arrival

7. Rogue One

8. La larga noche de Francisco Sanctis

9. Before I wake

10. Anomalisa

(Hay varias que pertenecen al año pasado, como Carol, que incluso creo que acá la mencioné como LA película del año 2015 y por eso en el 2016, en que no pude volver a mencionarla, la relegué a un segundo puesto)

No estrenadas

1. La reconquista

2. Paterson

3. L’avenir

4. The lure

5. Sing street

Un año más y una muela menos

Cumplí 29 años este fin de semana. No vuelvo a cumplir más años hasta nuevo aviso. Me quedo en el título de “veinteañera” por propia elección. No me siento de 29, y nunca, ni dentro de varios años probablemente, me voy a sentir como una treintañera.

No pude festejar mi cumpleaños como correspondía porque me sacaron una muela. No me importó, mejor, tenía la excusa perfecta. Torta comí, a algunas personas vi, no necesitaba más que eso.

La maldita muela de juicio con la que hace años venía luchando (primero bancando el dolor en silencio, esperando aquellos tramos en que mágicamente dejara de molestar, y luego tras un par de intentos de extracciones vanos), ya no forma parte de mí. Me soltó. Me dejó ir. Costó, molestó, dolió pero se fue. Ojalá otros dolores, menos físicos, también fuesen así: uno anestesiara un poco y luego arrancara de una.

Supongo que se termina otro año y es una época que nunca me pega de la mejor manera.

Obsesionada con los cuadernos

“Keep a notebook. Travel with it, eat with it, sleep with it. Slap into it every stray though that flutters up into your brain. Cheap paper is less perishable than grey matter. And lead pencil markings endure longer than memory”.

Jack London.

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(en instagram soy CASI -alguien luego se apoderó de él un par de veces- la única persona que usa el hashtag #coleccióndecuadernos y allí podrán ver algunos a los que le he sacado fotos)

Soy adicta a comprar cuadernos. Es inevitable, ¿cómo no hacerlo si cada vez los hacen más bonitos? Después están otras cuestiones. La primera, ¿para qué lo uso? La segunda, también muy importante, ¿y si no le doy el uso que se merece? ¿Y si lo arruino? Tengo todavía muchos cuadernos preciosos que no he usado sólo porque me da pena hacerlo, lo cual si lo pienso es una estupidez, pero no puedo evitarlo. Quiero que sean eternamente bellos.

No sé cuántos cuadernos tengo. No sé cuántos tengo sin usar ni tampoco cuántos empecé (confieso que no terminé demasiados, por eso de constantemente empezar alguno otro), hace mucho que dejé de contarlos.

Actualmente, mis preferidos son:

-El de mi bullet journal. Ese de Brugges de Minnie Mouse que ven en la foto. Es hermoso.

-Mi diario personal. Un cuaderno-lata que dentro tiene hojas de todo tipo, rayadas, lisas, con puntos y hasta color madera. Ése es el que no dejo que nadie lo lea.

-Uno inclasificable, muy bonito y rayado, generalmente el que llevo conmigo si viajo a algún lado y tiene dibujos, reflexiones, frases, scrapbooking y lo que se me ocurra en el momento.

-Uno de Star Wars donde simplemente anoto todas las películas que veo a lo largo del año. Decidí de todos modos que el año que viene voy a hacer lo mismo pero agregando la fecha en que las veo, o quizás separando por mes -no sé, ya veré-.

-Uno pequeñito que va siempre conmigo en la cartera, también es íntimo -o sea no se lo mostraría a nadie-, y escribo todo lo que se me ocurre que quiero pero no tengo el cuaderno correspondiente a mano, así que luego transcribo.

-Un anotador de mano donde escribo frases o reflexiones que se me ocurren sobre las películas que veo y sobre las cuales luego tengo que escribir.

Obvio que tengo más en uso, como uno con frases de libros que transcribo, o dibujitos varios, o ideas para mi blog o lo que fuera. Pero los mencionados son los que suelo tener más a mano -en mi mesita de luz, una mesita de luz que rebasa de cosas, tengo que confesar-.

Para mí nunca habrá como escribir a mano, es algo que me encanta y me produce mucho placer. Escribir con una linda lapicera, que se deslice bien, que tenga un lindo color. En mi día a día uso las Uniball y en mi bullet journal las Staedtler, no las cambio por nada.

Cuando era más chica y mi madre me llevaba  a hacer las compras a principio del año escolar siempre volvía un poco decepcionada de no poder llevarme todo. Ahora que crecí y que yo manejo mi propio dinero, decidí que no tengo por qué no comprarme algo sólo por el hecho de que, es verdad, puede que no lo necesite. A la larga, lo considero pequeños gustos, de esos inofensivos. Así, acumulo cuadernos y útiles escolares, so what?

Paseando por el cementerio

No sé por qué sólo hasta que leí “Alguien camina sobre tu tumba” de Mariana Enriquez no se me había ocurrido la idea de ir a visitar cementerios. O sea, cuando viajaba a algún lado, sin necesidad de que fuera muy lejos incluso.

No conozco muchos cementerios, pero por ejemplo me fascina (y no entendería a alguien que no, con lo bello que es) el Cementerio de la Recoleta, tanto que la última vez casi me dejan adentro, pero me reservo esa anécdota por vergüenza (dejaría en evidencia mi ignorancia ante 1: el aviso de cierre y 2: el horario estipulado).

Cuando con mi novio surgió la idea de escaparnos el fin de semana y elegimos como destino la ciudad de Lobos, yo estaba bastante sumergida en el que fue el primer libro que leí de Enriquez. Entonces, a la hora de investigar qué podíamos hacer, busqué si había un cementerio. Y efectivamente lo hay.

Ubicado un poco lejos (quizás más de veinte cuadras) de donde nos hospedaríamos, me estudié el recorrido en el mapa, aunque no había podido averiguar su horario (y no sé si hay un horario “normal” de cementerios y cuál sería éste). Por suerte, al llegar nos tranquilizamos al ver el cartel que indicaba su apertura de 10 a 18. Es que fuimos al mediodía, un sábado, y como Lobos es muy pueblo, muchos lugares cierran a la hora de la siesta (me perdí de comer algo aunque no de comprar en el Almacén de Ideas por ese mismo motivo por ejemplo).

El cementerio está ubicado casi en la entrada a la ciudad, sobre la ruta, y al lado de unas viejas vías de tren. Lo primero que se aprecia, ya desde lejos, son los nichos. Hay miles de ellos, incluso un primer piso al cual nosotros subimos para apreciar el cementerio desde una altura un poco mayor.

Contrario a lo que imaginábamos, el cementerio de Lobos no es ni pequeño ni tan modesto. Es cierto que no hay muchas esculturas pero en general se aprecia mucho cuidado. Y justamente al no haber muchas esculturas ni mausoleos (sólo en alguna parte se acumulan, las diferencias de clase siempre terminan notándose), es fácil apreciar el cementerio en vistas generales, no es laberíntico como el de Recoleta y es de una estatura menor, digamos.

Otra cosa que me llamó la atención es que no es tan frío, y no sólo porque hay más verde que cemento, sino porque en serio noté mayor cantidad de flores (aunque muchas sean artificiales y por lo tanto eternas), y hasta algunas de las tumbas estaban pintadas con colores llamativos (había una lila con molinitos y un colibrí de plásticos que parecía un mini parque de diversiones), o junto a las flores agregaban stickers y hasta unas especie de tarjetas cubiertas de plástico (daba un look berretón, hay que decirlo) que descubrimos que vendían en al menos una de las dos florerías que estaban enfrente.

Debo confesar que una de las cosas que más me gustó de la visita es que estábamos prácticamente solos. No sólo tiene que ver con mi alma tan poco sociable, sino que en serio en esos lugares disfruto de pasear y sacar fotos y a veces temo que uno lo tome un poco como una falta de respeto, sobre todo porque éste no es turístico como el de Recoleta, se percibe más íntimo siempre. Y no todos tienen la misma relación con estos lugares.

Bueno, resulta que el día que casi me quedo encerrada en el de Recoleta, claramente no fue adrede. Pero sí venía disfrutando de estar casi sola (yo creí que el fío era el culpable, no el hecho de que ya cerraba o cerró), de caminar hasta perderme (me tuvieron que guiar hasta la salida cuando me encontraron).

Cuando camino por estos lugares no puedo evitar pensar en la cantidad de historias que esconde. Desde la despedida que una madre e hija le hacen a quien murió a los catorce años, hasta aquella al “último fan de Arjona”.

En cuanto a historia, encontramos la tumba de Juan Moreira. Cuando salimos a comer, investigué un poco más online y leí que su cráneo no estaba con el resto de sus restos, valga la redundancia, sino en el Museo de Perón, nuestra próxima visita. No obstante, cuando terminamos el breve recorrido, nos dimos cuenta de que no vimos ninguna referencia a él. Mi novio es más extrovertido que yo y preguntó al respecto, y gracias a esa actitud que yo no hubiese tenido nunca (que puede ser muy normal para el resto de los seres humanos), nos contó el señor que nos guió que mucha gente no quería nada expuesto referido al gaucho, pero que lo tenía, sí, en la oficina de la dirección, y nos invitó a pasar a verlo.

Volviendo al cementerio, sólo puedo pensar en que lo más interesante que encontré en Lobos no aparece en ningún sitio de turismo ni atracciones ni nada por el estilo. Si no agregaba la palabra “cementerio” al buscador, no me enteraba de que existía.

* Fotos mías, @enjoyjessica

Una de terror, real

* Esto lo escribí hace unos días, más precisamente el jueves, día después a lo referido en el texto.

Me late el corazón rápido. Me transpiran las manos. La luz blanca me enceguece. Me descompone el olor, esa mezcla a desinfectante y látex. Pero acá estoy. Tenía que venir. Lo empujé muchos años. Existen las personas que le tienen miedo al dentista… y yo.

Por suerte, él es una persona amable. Igual no le creo. Alguien a quien le guste esta profesión no puede ser otra cosa más que un sádico. Quizás es un psicópata, por eso actúa tan bien.

Me siento. Quisiera poder cerrar los ojos pero no puedo. Tengo que ver. Él me abre la boca mientras escucho a la ayudante traer cosas metálicas, no la veo pero escucho el choque entre ellas.

“Esto puede que lo sientas un poquito”. Ok, quiere decir que va a doler. Me sorprendo porque no es así. Es un pinchazo, dos, tres. Nunca me dieron miedo las agujas. Son los instrumentos más gruesos los que no me gustan. Y la mitad de la boca se me duerme. Se me pide que abra más la boca pero apenas la siento.

Así empieza. Algo que termina durante unas dos horas. Cuando se suponía que iba a ser algo rápido.

Mi mirada está fija en la luz blanca del techo. Veo parte de la cara del dentista y la de su ayudante. Ella es más bruta. En algún momento, para abrirme bien la boca, me apoya parte de su mano en mi nariz, casi en mis ojos, que por precaución cierro.

Pasan varios instrumentos por la mano del doctor y por lo tanto por mi boca. Cambian de posición, intentan  por acá, por allá. Que con la pinza, que haciendo palanca. Que cortando un poquito. Incluso un torno pasa por allí, no me puedo imaginar ni quiero saber para qué. Apenas siento algo, él se da cuenta y vuelve a pinchar y a eliminar toda sensación (si tan sólo pudiera dejar de ver).

Ojalá existiera anestesia para cada momento de la vida que uno no quiere sentir o que le duela…

Ya estoy cansada. Fastidiosa. No quiero más. Siento ganas de llorar de la impotencia cuando me dice que no hay caso, que la va a dejar preparada para que salga un poco más, y que me va a sacar la otra, la de arriba.

Mi boca abierta a su disposición. Su mano entra, sale, se mueve. Todo esto podría haber resultado muy erótico, en otra situación, en otro lugar, con otra persona. Pero no, aunque no me haya dolido nada aún, para mí esto es de terror.

La muela de arriba sale de manera inmediata, sin dudar, lo que me da más bronca. Era la de abajo la que dolía y me hizo a regañadientes venir a ver al querido dentista. Pero ella no quiso soltarme, se aferró a mí y acá estoy, aún con ella bajo unos puntos esperando hasta la semana que viene para saber cuánto tiempo más va a ser así.

El doctor halaga mi buen comportamiento y sí, carácter sumiso y paciencia siempre tengo de sobra. Por culpa de mi madre, que no aceptó no acompañarme y tras preguntar desde afuera varias veces por mí, es que el doctor la hace entrar y nos explica cómo tengo que seguir. Me trata un poco como a una niña por su culpa, me llama “campeona”. “Por favor que no me pregunte la edad para completar la ficha”, pienso. 28 años, por suerte aparento menos.

Salgo frustrada y un poco enojada. Me quería sacar este peso de encima, esta muela inútil que no sirve para nada más que molestarme.

Me consuelo pensando en el helado que voy a comer. Siempre digo que podría vivir a helado, aunque no me lleno fácilmente con él y necesitaría kilos y kilos.

La semana que viene volveré y quizás tenga otra historia para contar.

Lo nuevo de tres directores de cine de terror que me gustan

No es ninguna novedad que me gusta, y mucho, el cine de terror. Incluso siempre que me preguntan cuál es mi género favorito, elijo ése. Aunque mis películas preferidas no suelan pertenecer a tal.

Esta semana que pasó, vi tres películas a las cuales les tenía muchas ganas, por los nombres que cada una traía con ellas.

Blair Witch. Confieso que, quizás porque no la vi cuando recién salió, sino un par de años después, o quizás porque la considero culpable de la cantidad de películas de mediocres para abajo que usan y abusan del found footage, o quizás porque simplemente no era para tanto, es que la original nunca me gustó demasiado. Tengo muchos problemas con los found footages, siempre las veo las que son de terror pero en general las termino odiando. Me molesta su camarita inquieta (siento que es más inquieta de lo que sería si uno realmente protagonizara la película), su inconsistencia muchas veces desde el punto de vista subjetivo que mantiene, y no me creo que en momentos como en los que uno corre por su vida pueda acordarse de seguir filmando y enfocando. Bueno, confieso también que amo a Adam Wingard, que cuando vi You’re next me compró de manera inmediata y ni hablar con la inédita The Guest. Sus cortos en VHS y The ABCs of Death también me parece que son mejores que el resto. Y cuando me enteré que su próxima película The Woods sería en realidad una secuela de The Blair Witch Projects, le puse fichitas. Sobre todo porque además está escrita por su frecuente colaborador guionista Simon Barrett.

Entonces se estrenó y la fui a ver. Y si bien creo que tiene cosas interesantes (la cámara no es tan nerviosa, y todos sus gadgets me permitió distenderme un poco, sólo un poco, de las posibles inconsistencias que siempre busco -¿quién estaría filmando esta parte? ¿no se debería ver su pelo? ¿esa especie de distorsión de sonido no fue más bien algo que sintió el personaje y que la cámara no tendría cómo reflejar de ese modo?-), a la larga las termina desaprovechando. Y el guión, el bendito esqueleto de la película, es la principal causa de que al final, no hay caso, la película no funcione. Una pena, no bajo los brazos ante Adam Wingard pero sin dudas me parece un traspié y me da lástima incluso porque pensé que iba a ser su gran momento.

31. Entre mi cataratas de confesiones totalmente subjetivas y personales no puedo evitar la siguiente: amo a Rob Zombie. Me gustan sus películas (me debo de él sólo la animada), me encanta su mujer, los actores que suele elegir para acompañarla (Me enamoré de Bill Moseley por culpa especialmente de The Devil’s Rejects, por ejemplo), la estética setentosa, la banda sonora. Amo su cine, es así. Y si bien The Lords of Salem no logró gustarme lo mucho que esperaba que me sucediera, con 31 quedé encantada. Es cierto que a nivel guión, falta mucha profundidad en personajes, motivaciones y situaciones varias, pero cumple aunque sea a rajatablas. Y a nivel audiovisual, desborda, es Zombie en su máxima potencia. Lo gore con lo  estético se conjugan de una manera para mí sumamente atractiva. Los villanos ya me resultan icónicos (Doom-Head es increíble, pero hasta me quedé con ganas de más Sex-Head), y el final, implícito, también me gustó. La presencia femenina del film (Sheri Moon, Meg Foster, Elizabeth Daily) es de lo mejor junto al Doom-Head de Richard Drake.

No llega a ser el mejor Rob Zombie, como sucede en aquella película que además de todo esto (villanos, sangre, bizarreadas varias, Lynyrd Skynyrd…) tenía mucho corazón (sí, corazón) como sucede con la brillante The Devil’s Rejects, pero para mí cumplió con cada una de mis expectativas.

Hush. A Mike Flanagan lo descubrí de casualidad. Cuando había empezado a escribir sobre cine hacía no mucho, fui como prensa a la avant premiere de una película de terror muy chiquita llamada Absentia. Fue la primera película que vi en el cine, como dato de color, con quien hoy es mi novio. Y a ambos nos había gustado. Es de bajísimo presupuesto pero tiene una buena idea y un buen desarrollo de tal. Cuando se estrenó Oculus, confirmé que a este director había que seguirlo. Y cuando vi Before I wake (que todavía no pudo estrenar en los Estados Unidos), salí fascinada, eso que no es para nada una película de terror (bueno, empieza como tal pero lo cierto es que es inclasificable).

Flanagan es ante todo un gran constructor de climas. Pero no es ahí en donde se queda cada una de sus películas, sino que siempre tienen una historia interesante para contar. Gracias a Netflix vi Hush, película que coescribió junto a su mujer y protagonista del film, Kate Siegel.

Según la trivia de imdb (soy adicta a leerlas), ambos escribieron el film al mismo tiempo que la actuaban, para que el film pudiera desarrollarse del modo más verosímil. No me puedo imaginar nada más divertido que escribir una película, de terror, junto a tu marido Mike Flanagan, de este modo. Por cierto, ella está maravillosa en el no fácil papel de una mujer sorda que un día es acechada, sin razón aparente (a mí me rememoró a The Strangers, “because you were home”), por un joven que quiere asesinarla, un joven que creyó que iba a ser un target fácil y se encuentra con una mujer que no se define por su discapacidad, y que es una luchadora (no puedo evitar ahora acordarme de otra película que vi el fin de semana, “The shallows” y lo obvio y pobre que está desarrollado allí este concepto, con lo que el padre le dice al principio sobre cómo su madre era una luchadora… pero me voy por las ramas).

Siento que el cine de Flanagan sigue madurando pero de la manera más impredecible (Before I wake es particularmente el ejemplo más claro de esto), y eso me hace sin dudas querer seguir viendo cosas suyas. Bueno, su próxima película es la secuela de una de terror malísima, obvia y totalmente olvidable: Ouija. No obstante, creo que desde el trailer de esta nueva entrega uno puede crearse lindas expectativas.

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Historias, cuentos y relatos que no fueron a ningún sitio.

CORAZÓN DE FANTASMA

Todo termina siendo una psicofonía. Yo sólo las escribo.

Los microcuentos de Dark Sibarel

Lo único constante es el cambio... estos cuentuitos, microcuentos, cuentos cortos y micro sagas, son un destilado de mi mente preparándose para lo que habrá de venir...

La lagartija, el blog de Luis Juli Aydillo

Sobre motivación, liderazgo y regeneración

Juana UCm

Juana, Julie & Julia

VIAJES AL FONDO DEL ALSA

“Quizás viajar no sea suficiente para prevenir la intolerancia, pero si logra demostrarnos que todas las personas lloran, ríen, comen, se preocupan y mueren, puede entonces introducir la idea de que si tratamos de entendernos los unos a los otros, quizás hasta nos hagamos amigos” – Maya Angelou

Inhalando líneas

"Y si leo, si compro libros y los devoro, no es por un placer intelectual —yo no tengo placeres, sólo tengo hambre y sed— ni por un deseo de conocimientos sino por una astucia inconsciente que recién ahora descubro: coleccionar palabras, prenderlas en mí como si ellas fueran harapos y yo un clavo, dejarlas en mi inconsciente, como quien no quiere la cosa, y despertar, en la mañana espantosa, para encontrar a mi lado un poema ya hecho."

El mundo de Juana

Escritura sanadora

Sexticles (+18)

Short sex stories for adults. Breves relatos eróticos para adultos.