Anatomía musical de una película perfecta

Desde que vi Mommy por primera vez, hace poco más de dos años en el Festival de Cine de Mar del Plata, que no me la pude sacar de la cabeza. La vi algunas veces más (incluso cuando la estrenaron como medio año después de que la hubiese visto) y lo cierto es que sigue estando muy presente. No exagero cuando digo que para mí es una de las mejores películas que ha dado el cine en los últimos años, ¿décadas? Tal vez.

Cuando fui a verla, no tenía mucha idea de nada. Apenas conocía a su joven director, pues no había logrado fascinarme demasiado con Les Amours Imaginaires como una amiga mía y varios conocidos más, pero sí me había gustado mucho Tom a la Ferme, con ese clima asfixiante y perturbador que por momentos parecía casi una película de terror. Laurence Anyways la vería luego y confieso que todavía no me acuerdo nada de J’ai tué ma mère, aunque sé que la vi en algún momento por Isat. Y después de Mommy, ver Juste la fin du monde fue un poquito decepcionante. Confieso que no me gustó demasiado su última película más allá de algunos momentos buenos, en general explota a niveles ya innecesarios los rasgos de su cine.

Una de las muchas cosas increíbles que le encuentro a Mommy es el uso de la música. No porque utiliza lindas canciones y de un modo bonito. No sólo por eso, al menos. Sino porque agarra temas conocidos hasta el hartazgo en su mayoría, temas que cada uno ya debe asociar con sus determinados momentos de la vida, y le da una vida nueva. Incluso algunas de las canciones tienen en su letra una literalidad que bien podrían haber convertido a este film en algo obvio y aburrido. Y no sucede. Cada canción, aunque la hayas escuchado mil veces, luego no podés evitar asociarla a Mommy.

Si bien el soundtrack tiene varias canciones más, me voy a centrar sólo en cinco. Y en cada una de sus escenas.

White Flag, de Dido.

Sé que no debería amarte aún, o al menos decirlo, pero si no lo dijera seguiría sintiéndolo, así que qué sentido tiene. Juro que no estoy queriendo complicar más tu vida ni regresar a dónde estábamos. (…) No habrá bandera blanca en mi puerta. Estoy enamorada y siempre lo estaré.

“Amar no salva a las personas”, le dicen a esa madre que va a buscar a su hijo para intentar otra vez esa relación madre-hijo cuya enfermedad de él se lo hace tan difícil. En ese mundo en el que transcurre Mommy (apenas diferente del nuestro), ella podría abandonarlo y que el estado se hiciera cargo. Pero no quiere, no se va a rendir tan fácil.

Sé que dejé mucho desorden y destrucción como para regresar. Y que no causó más que problemas. Entiendo si no podés volver a hablarme. Y si vivís con las reglas de “se terminó”, estoy segura de que aquello tiene mucho sentido.

Entre esta madre e hijo hay una relación de amor recíproca, pero muy intensa, casi tóxica. “A lo mejor un día ya no me ames”, le va a decir él más adelante, “es así, sucede”.

Y cuando nos encontremos, que se que va a pasar, todo lo que estaba ahí seguirá estando. Lo dejaré pasar, me morderé la lengua, y vos vas a pensar que lo superé…

Como si hubiese amores que pudieran superarse… “Una madre no se despierta una mañana no queriendo más a su hijo. ¿Entendés? Lo único que va a pasar es que te ame más y más. Y vos seas quien me ame cada vez menos”, es la respuesta de su madre.

Acá, la canción de Dido, que suena de principio a final, sirve principalmente como marco de la larga secuencia que lo trae de vuelta al mundo exterior a su protagonista, junto a esa madre que lo quiere de manera incansable. Y además presenta ya algunos de los problemas y personajes que se tornarán importante a lo largo del asfixiante relato. Esa pantalla cuadrada se quedará así casi todo el tiempo, y ya nos empezamos a acostumbrar, a convivir con esa idea de que no la vamos a pasar bien.

On ne change pas, de Celine Dion

No sé nada de francés (y la idea de usar un traductor robotizado de Google no me atrae demasiado), pero no creo que sea necesario en esta escena. Acá, tenemos a ese tercer personaje, la vecina, la amiga, la maestra, que también lleva una vida difícil que le pesa, aunque no hable de eso. No habla demasiado no sólo por el impedimento que tiene, porque se traba y tartamudea, sino porque parecería abrir la boca sólo para decir cosas importantes.

Si bien es Steve el que entra en escena cantando y bailando esta canción, de a poco las contagia y Kyla comienza a bailar y a cantar, primero de manera más tímida hasta dejarse llevar por la canción y disfrutarla como corresponde que se disfrute la música, cantando y bailando con los ojos cerrados. Es una escena que podría querer hacerte creer que no todo está perdido y que se es posible sobrevivir. No, deberían ser advertidos: Mommy es tan hermosa como dolorosa.

Wonderland, de Oasis

Quizás vos vas a ser quien me salve.

Los Beatles nos quisieron hacer creer que todo lo que necesitábamos era amor. Pero el amor no salva, nos dicen al principio de la película. Y si bien seguramente no necesitamos a Dolan que nos lo haga saber, nunca está mal un cachetazo que te lo recuerde.

No creo que nadie se sienta como me siento yo con vos, ahora.

Cuando suena Oasis, es porque creemos, nos comimos la ilusión, de que Steve puede salvarse. De que incluso para alguien tan problemático como él hay una salida. La pantalla se abre, respiramos con mayor facilidad. Nos sentimos libres. Pero no nos dura mucho tiempo ese aire, porque no deja de ser más que una ilusión todo eso. Algo pasajero.

Vivo per lei, de Andrea Bocelli

Steve se pone frente a la gente a cantarle ese amor inmenso e irracional que siente por su madre, pero sólo encuentra burlas. Contiene la respiración y se las banca, lo que no se banca es ese ambiente degenerado (así lo siente), en el que su madre también se encuentra metida, y explota, del único modo que sabe explotar, a través de la violencia.

Born to die, de Lana del Rey

Pies, no me fallen ahora. Llévenme hasta la línea de llegada. Mi corazón se rompe a cada paso que doy pero espero que las puertas me digan que eres mío.

Para Steve no hay otra salida, no hay otro final posible. El final con el que fantasea su madre es irreal, un sueño que nunca podrá hacerse realidad.

A veces el amor no es suficiente y el camino se torna difícil, no sé por qué.

Otra vez, por si no nos quedó claro: el amor por sí solo no salva.

Mommy es así, una película amarga, triste, pero al mismo tiempo tan hermosa que se nos es imposible no creerle. Por eso ningún final podría haber sido más acertado que aquel en el que Steve corre hacia su destino final, el único posible para él, mientras Lana canta sobre el suicido.

Mis películas favoritas siempre terminan siendo así, devastadoras pero llenas de belleza. Mommy la pienso y la sigo pensando y sólo logra que cada vez me guste más y más, y al mismo tiempo la sufra más y más. Se me ponga la piel de gallina o los ojos llorosos cada vez que escucho algunas de estas (o el resto de las canciones que suenan en la película) canciones. Ese tipo de experiencias me gusta que me brinde el cine, que me den vuelta, que se me metan dentro y revuelvan todo, visceral. Y éste es uno de los ejemplos más claros que encontré en mucho tiempo.

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Inevitable

El cielo está cansado ya de ver

la lluvia caer

y cada día que pasa es uno más

parecido a ayer

No encuentro forma a alguna de olvidarte porque

seguir amándote es inevitable

En esta época era admiradora suya. Dónde están los ladrones me parece un re álbum. Después del Unplugged, me dejó de interesar y ya le perdí el rastro.

Grises

“Being alive is essentially a very lonely proposition. You have to mostly carry your pack alone. Nobody gets as much help as they need”.

Lo dije varias veces y lo repito porque sí. Soy horrible para ver series. Supongo que tiene que ver con mi poca capacidad de ser constante con algo en la vida. Tengo una lista interminable de series que me gustaría ver y que, creo, en algún momento veré. Pero no me siento mucho a hacerlo.

Me habían recomendado, entre otras, hay gente que mira muchas series, mucha gente, The affair. No sabía de qué se trataba aunque con su título no era difícil de intuir por dónde iba a ir la historia. The affair empieza con dos personas que se conocen y de a poco se enamoran y tienen una relación extra marital a medida que sus mundos personales se van derrumbando e intentan levantar los ladrillos como pueden. Cada uno tiene sus mambos, sus secretos, sus miedos, pero se aman y eso es algo que no pueden evitar, porque es algo que sucede sin que uno lo elija.

(La serie recién la comienzo y vi hasta el capítulo 8 de la segunda temporada, así que comento sólo hasta esa parte)

 

Hay varias cosas que me gustan de la serie The Affair. Por un lado, que los personajes tienen muchos matices. Ninguno es bueno, ninguno es malo. Son todos terriblemente humanos, con virtudes y defectos, algunos más insoportables que otros. Personas que cometen errores, que se mandan cagadas. Que a veces no saben qué hacer con sus vidas. A la larga, nadie es experto en tomar decisiones, y de ellas dependen tantas cosas. Muchas veces no son queribles, incluso nos puede suceder eso con sus protagonistas. A mí se me rompió el corazón cuando Noah casi se coge a su publicista después de haber luchado tanto para poder estar con Allison, aquella de quien se enamora y por quien termina dejando a su mujer. Una Allison ahora embarazada y un poco abandonada.

Por otro lado, la idea de dividir cada capítulo en dos puntos de vista, en dos versiones, pone en evidencia que no todos vivimos un mismo hecho, una misma escena, de la misma manera. Algunos se quedan con ciertos detalles y a la hora de recordar es posible que ese recuerdo esté deformado por los huecos que uno va llenando hasta el punto de creer que eso sucedió tal cual lo tenemos en la cabeza. En The affair hay muchas escenas contadas dos veces y siempre de modos muy distintos, diferentes diálogos, diferentes gestos, vestimentas a veces incluso. Yo no recuerdo aquella noche del mismo modo que la recordás vos, seguro. Yo la viví desde mi perspectiva, una perspectiva contaminada por cada parte de mi personalidad y capacidad de quedarme con determinadas partes de cada vivencia.

En The Affair lo que menos interesa es esa subtrama policial que funciona como eje narrativo. Lo que interesa son esos personajes, no sólo sus dos protagonistas, sino las personas que los rodean. Maura Tierney como Helen, la mujer de familia que creía tener el matrimonio perfecto y un día se encuentra enfrentando un divorcio es una de las cosas más atractivas que tiene la serie.

 

Odio que Netflix sólo haya subido hasta la segunda temporada, porque desde que tengo Netflix estoy mucho más pajera para ver series o películas fuera de esa plataforma, es la verdad. Pero con The affair estoy demasiado enganchada como para dejarla.

Hace un año

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Hace un año me fui a dormir sintiéndome mal, nada grave, algo físico. Pero apenas pude dormir. Y me desperté una hora antes de que sonara mi alarma.
Me levanté, no me iba a poder volver a dormir en ese tiempo. En algún momento, decidí agarrar mi celular y entrar a twitter. Y así me encontré con la noticia, aquella que me haría sentir peor (lo físico nunca duele tanto como lo emocional). Bowie, el gran amor de mi vida, había dejado la Tierra.
Lloré un poco y me puse a escribir, en mi diario, como hago cada vez que me siento mal (si alguien leyera mi diario lo encontraría muy deprimente pero es porque no suelo escribir cuando estoy contenta). Recién cuando sonó la alarma y se despertó mi novio, le conté y me abrazó, sabiendo lo que Bowie siempre es y será para mí.

Hace un año.

Mujeres en el cine del 2016

Mi top 10 (aunque sin un orden específico, perdón) con los mejores retratos femeninos que dio este año.

Viaggio Sola. Una mujer independiente y exitosa que se da cuenta que no necesita de nada más que de ella misma para ser feliz.

Julieta. Una mujer que esconde un pasado que todavía le duele, pero al que no puede dejar ir así como así.

Carol. Dos mujeres, una joven y sin saber aún qué quiere de su vida; la otra ya adulta, inteligente, refinada y segura de lo que quiere.

Love and friendship. Una mujer que siempre consigue lo que quiere, manipuladora y seductora.

Mustang. Jóvenes presas de una sociedad que las fuerza a llevar una vida diseñada por otros.

The room. Una madre cuya terrible adversidad que le toca vivir no le impide criar a su hijo y darle todo lo que necesita para que pueda salir al mundo.

Pride and prejudice and zombies. Una revisión bizarra pero muy entretenida de la novela de Jane Austen, en la que las mujeres son letales a la hora de defenderse.

A girl walks home alone at night. Una vampira que anda sola por las calles de noche buscando alimentarse, pero sólo de hombres y aquellos que antes han maltratado a una mujer.

Gilda. Una mujer que abandona una vida pre diseñada para dedicarse a hacer lo que le gusta y hacerse un lugar en un mundo que no parece aceptar a la mujer como otra cosa que un objeto sexual.

BONUS

Acá se estrena comercialmente en enero, Aquarius. Una mujer hermosa, sensual y culta que nunca dejará de luchar por lo que quiere.

El material del que están hecho los sueños

Me cuesta recordar sueños. Me cuesta que se queden conmigo, en cuestión de segundos suelen evaporarse. Pero a veces son tan intensos, tan raros, tan impactantes que, sabiendo que si no me esfuerzo corro peligro de ya no saber nada de ellos, intento retenerlos en mi mente. Y hay un punto en que ya no sé qué parte soñé y qué huecos llené con mi cabeza, con mi imaginación. Tengo una capacidad para recordar sueños probablemente peor que el resto de la gente, a tal punto de muchas veces tener la sensación de que no sueño, lo cual es imposible. Ojalá algunas cosas de mi cabeza podrían irse con la liviandad con la que se van esas imágenes oníricas…

Anoche me desperté a las tres y media de la mañana muy angustiada. Las imágenes en mi cabeza eran muchas pero mayor era la cantidad de sensaciones, poco agradables todas. Me desperté y comencé a llorar, porque sí.

Intenté reconstruir mentalmente lo que había pasado por mi cabeza. No había sido agradable pero necesitaba conocerlo, aunque sea por partes. Tomé mi celular y en las notas escribí todo lo que me acordaba de ese sueño. O de esos sueños. Y creo que lo que más recordaba era justamente sensaciones.

Estar en un lugar con gente con la que no conectaba. Que me contaran un chiste y no me riera. Que nada me provocara nada, en realidad. Era como un fantasma. Mi novio estaba conmigo y conocidos suyos, y todos como que me hacían el favor de hablarme. Pero a mí nada me interesaba.

De repente, uno de ellos me muestra una colección de cuadernos diminutos, diminutos en serio, donde en cada hoja apenas podías escribir una letra. Me parecían tiernos y curiosos, pero nada más. Estaba atontada, no lo sé.

En algún momento, este conocido o algo de mi novio, una persona a la cual en la vida real probablemente nunca haya visto, me lleva en auto a algún lugar. No sé por qué, nunca se entenderá la lógica de los sueños, voy con él, pero en el asiento de atrás. Es como que nada me importaba, todo me daba igual, yo simplemente existía. No sé bien qué cosas soñé qué hacía o decía, pero sí recuerdo esa sensación de nada, de vacío.

Cuando el auto se detiene en un semáforo, unas chicas, rubias, teñidas, las dos muy parecidas entre sí, se bajan de otro auto y se acercan a mí y golpean la ventanilla. No entiendo nada y no hago nada, pero ellas me dicen que me baje, que me tengo que bajar. Insisten y casi que me dan miedo. Ellas me dan miedo. Una la mira a la otra y le dice que ya está, que no pueden hacer nada más, y se van, decepcionadas parecen.

El auto arranca y de repente caemos a un océano, oscuro, el agua casi como si fuese una laguna, un pantano, mohosa. No siento el agua, no me mojo, pero sí de manera inmediata siento como que me ahogo. No puedo respirar, hablar, gritar, moverme, nada. Siento una desesperación terrible pero no puedo hacer nada, y quiero llorar.

Esa otra persona se acerca a mí y me acomoda, me recuesta. Es como si me estuviese haciendo un favor. Y por la cabeza se me empiezan a cruzar imágenes, muy de película, de mi novio en un futuro, siendo feliz, sonriendo, siendo exitoso.

De todas esas imágenes y sensaciones que recuerdo (¡cuántas habrá que no!), ésa es la conclusión a la que llegué. En mi sueño no estaba viviendo, era un ente, no podía hacerle bien a nadie, mucho menos a mí misma. Y al mismo tiempo no hacía nada, nunca iba a hacer nada por mí misma.

Creo que suena terrible, y no les cuento a las tres y media de la madrugada, y por eso entenderán que mi reacción al despertar fue la de ponerme a llorar.

Mejor no intento interpretarlo, demasiado con cómo lo sentí.

Balance 2016: películas

Publicado y escrito originalmente para Visión del Cine, les dejo mi listado de las que yo considero han sido las películas del año. El top 10 está compuesto por estrenos comerciales en Argentina, y el agregado de cinco películas, aquellas que han pasado por algún festival pero no lograron, aún (alguna no lo hará nunca) su estreno en circuitos comerciales. No hace falta decir que es todo muy subjetivo y, por otro lado, el orden es en gran parte un poco aleatorio; los primeros puestos son los más claros para mí. Los links que dejo son a críticas mías, que no todas tienen.

1. Zootopia

2. Carol

3. Nocturnal animals

4. Viaggio Sola

5. Julieta

6. Arrival

7. Rogue One

8. La larga noche de Francisco Sanctis

9. Before I wake

10. Anomalisa

(Hay varias que pertenecen al año pasado, como Carol, que incluso creo que acá la mencioné como LA película del año 2015 y por eso en el 2016, en que no pude volver a mencionarla, la relegué a un segundo puesto)

No estrenadas

1. La reconquista

2. Paterson

3. L’avenir

4. The lure

5. Sing street

Un año más y una muela menos

Cumplí 29 años este fin de semana. No vuelvo a cumplir más años hasta nuevo aviso. Me quedo en el título de “veinteañera” por propia elección. No me siento de 29, y nunca, ni dentro de varios años probablemente, me voy a sentir como una treintañera.

No pude festejar mi cumpleaños como correspondía porque me sacaron una muela. No me importó, mejor, tenía la excusa perfecta. Torta comí, a algunas personas vi, no necesitaba más que eso.

La maldita muela de juicio con la que hace años venía luchando (primero bancando el dolor en silencio, esperando aquellos tramos en que mágicamente dejara de molestar, y luego tras un par de intentos de extracciones vanos), ya no forma parte de mí. Me soltó. Me dejó ir. Costó, molestó, dolió pero se fue. Ojalá otros dolores, menos físicos, también fuesen así: uno anestesiara un poco y luego arrancara de una.

Supongo que se termina otro año y es una época que nunca me pega de la mejor manera.

Obsesionada con los cuadernos

“Keep a notebook. Travel with it, eat with it, sleep with it. Slap into it every stray though that flutters up into your brain. Cheap paper is less perishable than grey matter. And lead pencil markings endure longer than memory”.

Jack London.

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(en instagram soy CASI -alguien luego se apoderó de él un par de veces- la única persona que usa el hashtag #coleccióndecuadernos y allí podrán ver algunos a los que le he sacado fotos)

Soy adicta a comprar cuadernos. Es inevitable, ¿cómo no hacerlo si cada vez los hacen más bonitos? Después están otras cuestiones. La primera, ¿para qué lo uso? La segunda, también muy importante, ¿y si no le doy el uso que se merece? ¿Y si lo arruino? Tengo todavía muchos cuadernos preciosos que no he usado sólo porque me da pena hacerlo, lo cual si lo pienso es una estupidez, pero no puedo evitarlo. Quiero que sean eternamente bellos.

No sé cuántos cuadernos tengo. No sé cuántos tengo sin usar ni tampoco cuántos empecé (confieso que no terminé demasiados, por eso de constantemente empezar alguno otro), hace mucho que dejé de contarlos.

Actualmente, mis preferidos son:

-El de mi bullet journal. Ese de Brugges de Minnie Mouse que ven en la foto. Es hermoso.

-Mi diario personal. Un cuaderno-lata que dentro tiene hojas de todo tipo, rayadas, lisas, con puntos y hasta color madera. Ése es el que no dejo que nadie lo lea.

-Uno inclasificable, muy bonito y rayado, generalmente el que llevo conmigo si viajo a algún lado y tiene dibujos, reflexiones, frases, scrapbooking y lo que se me ocurra en el momento.

-Uno de Star Wars donde simplemente anoto todas las películas que veo a lo largo del año. Decidí de todos modos que el año que viene voy a hacer lo mismo pero agregando la fecha en que las veo, o quizás separando por mes -no sé, ya veré-.

-Uno pequeñito que va siempre conmigo en la cartera, también es íntimo -o sea no se lo mostraría a nadie-, y escribo todo lo que se me ocurre que quiero pero no tengo el cuaderno correspondiente a mano, así que luego transcribo.

-Un anotador de mano donde escribo frases o reflexiones que se me ocurren sobre las películas que veo y sobre las cuales luego tengo que escribir.

Obvio que tengo más en uso, como uno con frases de libros que transcribo, o dibujitos varios, o ideas para mi blog o lo que fuera. Pero los mencionados son los que suelo tener más a mano -en mi mesita de luz, una mesita de luz que rebasa de cosas, tengo que confesar-.

Para mí nunca habrá como escribir a mano, es algo que me encanta y me produce mucho placer. Escribir con una linda lapicera, que se deslice bien, que tenga un lindo color. En mi día a día uso las Uniball y en mi bullet journal las Staedtler, no las cambio por nada.

Cuando era más chica y mi madre me llevaba  a hacer las compras a principio del año escolar siempre volvía un poco decepcionada de no poder llevarme todo. Ahora que crecí y que yo manejo mi propio dinero, decidí que no tengo por qué no comprarme algo sólo por el hecho de que, es verdad, puede que no lo necesite. A la larga, lo considero pequeños gustos, de esos inofensivos. Así, acumulo cuadernos y útiles escolares, so what?

Paseando por el cementerio

No sé por qué sólo hasta que leí “Alguien camina sobre tu tumba” de Mariana Enriquez no se me había ocurrido la idea de ir a visitar cementerios. O sea, cuando viajaba a algún lado, sin necesidad de que fuera muy lejos incluso.

No conozco muchos cementerios, pero por ejemplo me fascina (y no entendería a alguien que no, con lo bello que es) el Cementerio de la Recoleta, tanto que la última vez casi me dejan adentro, pero me reservo esa anécdota por vergüenza (dejaría en evidencia mi ignorancia ante 1: el aviso de cierre y 2: el horario estipulado).

Cuando con mi novio surgió la idea de escaparnos el fin de semana y elegimos como destino la ciudad de Lobos, yo estaba bastante sumergida en el que fue el primer libro que leí de Enriquez. Entonces, a la hora de investigar qué podíamos hacer, busqué si había un cementerio. Y efectivamente lo hay.

Ubicado un poco lejos (quizás más de veinte cuadras) de donde nos hospedaríamos, me estudié el recorrido en el mapa, aunque no había podido averiguar su horario (y no sé si hay un horario “normal” de cementerios y cuál sería éste). Por suerte, al llegar nos tranquilizamos al ver el cartel que indicaba su apertura de 10 a 18. Es que fuimos al mediodía, un sábado, y como Lobos es muy pueblo, muchos lugares cierran a la hora de la siesta (me perdí de comer algo aunque no de comprar en el Almacén de Ideas por ese mismo motivo por ejemplo).

El cementerio está ubicado casi en la entrada a la ciudad, sobre la ruta, y al lado de unas viejas vías de tren. Lo primero que se aprecia, ya desde lejos, son los nichos. Hay miles de ellos, incluso un primer piso al cual nosotros subimos para apreciar el cementerio desde una altura un poco mayor.

Contrario a lo que imaginábamos, el cementerio de Lobos no es ni pequeño ni tan modesto. Es cierto que no hay muchas esculturas pero en general se aprecia mucho cuidado. Y justamente al no haber muchas esculturas ni mausoleos (sólo en alguna parte se acumulan, las diferencias de clase siempre terminan notándose), es fácil apreciar el cementerio en vistas generales, no es laberíntico como el de Recoleta y es de una estatura menor, digamos.

Otra cosa que me llamó la atención es que no es tan frío, y no sólo porque hay más verde que cemento, sino porque en serio noté mayor cantidad de flores (aunque muchas sean artificiales y por lo tanto eternas), y hasta algunas de las tumbas estaban pintadas con colores llamativos (había una lila con molinitos y un colibrí de plásticos que parecía un mini parque de diversiones), o junto a las flores agregaban stickers y hasta unas especie de tarjetas cubiertas de plástico (daba un look berretón, hay que decirlo) que descubrimos que vendían en al menos una de las dos florerías que estaban enfrente.

Debo confesar que una de las cosas que más me gustó de la visita es que estábamos prácticamente solos. No sólo tiene que ver con mi alma tan poco sociable, sino que en serio en esos lugares disfruto de pasear y sacar fotos y a veces temo que uno lo tome un poco como una falta de respeto, sobre todo porque éste no es turístico como el de Recoleta, se percibe más íntimo siempre. Y no todos tienen la misma relación con estos lugares.

Bueno, resulta que el día que casi me quedo encerrada en el de Recoleta, claramente no fue adrede. Pero sí venía disfrutando de estar casi sola (yo creí que el fío era el culpable, no el hecho de que ya cerraba o cerró), de caminar hasta perderme (me tuvieron que guiar hasta la salida cuando me encontraron).

Cuando camino por estos lugares no puedo evitar pensar en la cantidad de historias que esconde. Desde la despedida que una madre e hija le hacen a quien murió a los catorce años, hasta aquella al “último fan de Arjona”.

En cuanto a historia, encontramos la tumba de Juan Moreira. Cuando salimos a comer, investigué un poco más online y leí que su cráneo no estaba con el resto de sus restos, valga la redundancia, sino en el Museo de Perón, nuestra próxima visita. No obstante, cuando terminamos el breve recorrido, nos dimos cuenta de que no vimos ninguna referencia a él. Mi novio es más extrovertido que yo y preguntó al respecto, y gracias a esa actitud que yo no hubiese tenido nunca (que puede ser muy normal para el resto de los seres humanos), nos contó el señor que nos guió que mucha gente no quería nada expuesto referido al gaucho, pero que lo tenía, sí, en la oficina de la dirección, y nos invitó a pasar a verlo.

Volviendo al cementerio, sólo puedo pensar en que lo más interesante que encontré en Lobos no aparece en ningún sitio de turismo ni atracciones ni nada por el estilo. Si no agregaba la palabra “cementerio” al buscador, no me enteraba de que existía.

* Fotos mías, @enjoyjessica

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VIAJES AL FONDO DEL ALSA

“Quizás viajar no sea suficiente para prevenir la intolerancia, pero si logra demostrarnos que todas las personas lloran, ríen, comen, se preocupan y mueren, puede entonces introducir la idea de que si tratamos de entendernos los unos a los otros, quizás hasta nos hagamos amigos” – Maya Angelou

Inhalando líneas

"Y si leo, si compro libros y los devoro, no es por un placer intelectual —yo no tengo placeres, sólo tengo hambre y sed— ni por un deseo de conocimientos sino por una astucia inconsciente que recién ahora descubro: coleccionar palabras, prenderlas en mí como si ellas fueran harapos y yo un clavo, dejarlas en mi inconsciente, como quien no quiere la cosa, y despertar, en la mañana espantosa, para encontrar a mi lado un poema ya hecho."