Introducción a un diario de viaje que en algún momento planeo escribir

“Creo que estoy un poquito enamorada”, me digo a mí misma. Aunque sé que no es así, que no quiero reconocer la verdad. Que no creo nada, que lo sé. Y que no es un poquito, que estoy hasta los huesos. Que estoy enamorada cual adolescente que cree que si este amor no puede ser no habrá nunca otro igual. Pero me digo que es algo más leve, porque temo salir de ahí con el corazón roto, devastada por la partida, por alejarnos, por dejarnos, vaya uno a saber hasta cuándo.

La amé desde lejos por mucho tiempo y cuando llegamos a conocernos mejor ya no hubo vuelta atrás. Ahora estaba perdida en ella, totalmente sumergida por todo lo que es y me ofrecía, por entregarse así, aunque sólo fuese algo casual, con todo.

Fue un romance tórrido, sin vueltas, intenso, en sólo unas semanas nos recorrimos hasta por rincones menos conocidos. Nos amamos como si no hubiese un mañana, porque no nos importaba, bueno al menos a mí no me importaba el mañana que ahora se hizo hoy y me tiene acá, tan lejos suyo, escribiendo para todo aquello por lo que se escribe: registrar, no olvidar, pero también aprender a soltar, a dejar ir. A ella no le debe importar demasiado, tiene miles de amantes desparramados por el mundo que viajan miles de kilómetros sólo para verla y que le escriben libros y le dedican películas.

La extraño y la deseo, y no la puedo tener ahora mismo. Gajes de haber entregado el corazón como siempre se hace, sin haber usado la razón, sabiendo que siempre hay más chances de salir con el corazón roto. Pero en este caso sabiendo que valió la pena, que los momentos vividos fueron suficientes para alimentar recuerdos eternos, y que me hizo conocerme mejor y darme cuenta de algunas cosas. Ella no pudo y no quiso venirse conmigo, y yo no me pude quedar con ella.

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Detalles de Villa Urquiza

Mi barrio es lindo en cualquier época del año. Podría decir que es el barrio donde vivo pero no es sólo eso, es MI barrio, lo hice mío desde que hace unos años pude mudarme y dejar un sitio donde nunca me hallé.

Acá disfruto caminarlo, recorrerlo, descubrir siempre algún nuevo rincón o detalle, desde un cafecito chiquito y escondido con aires rococó hasta el duende que desde el medio de la terraza mira hacia la calle y parece vigilarte cuando pasás por enfrente.

Foto: mi instagram @enjoyjessica

El otoño lo hace especialmente lindo, no sólo a nivel estético, con ese ocre que tiñe veredas y árboles que ante la menor ventisca se despojan de sus hojas danzantes. La sensación de caminarlas, pisarlas, ese sonido crujiente a mis pies. Pocas cosas pueden provocar tanto placer y alimentar mi alma.

El invierno se pone un poco más triste, cuando ya los árboles se ven escuálidos y pelados. Aun así, hay un detalle que adoro y que cada año busco, y este apareció más tarde, haciéndome temer que no lo hiciera. Un cerezo que florece y le da un poco de color al invierno gris. Cada vez que regreso a casa desde mi trabajo, vuelvo desde la parada del colectivo por esa misma calle, camino y siempre paso a su lado y me detengo sólo a admirarlo. Ese fucsia hermoso que a mediados del invierno empieza a dejar crecer hojas verdes a su alrededor. Y de a poco, de manera pausada, todo se va preparando para la estación más colorida, la primavera. Lo viejo ya murió, se cayó y desapareció, y ahora da lugar a lo nuevo.

Foto: mi instagram @enjoyjessica

Cosas que quiero hacer en NY

Foto: Pinterest

En dos meses viajo a Nueva York por vez primera y si bien me voy más tiempo de lo que la gente suele pasar allá, siento que es poco porque quiero hacer mil cosas y no sé si me va a alcanzar el tiempo para tanto (a la larga es menos de un mes). Ya sabremos qué cosas saldrán de allí (lo no planeado también me encanta), pero por ahora esta es mi lista:

  • Visitar la casa de los Tenenbaums (bueno, verla desde afuera, porque prioridades son prioridades)
  • Caminar el Highland Park
  • Ir a los juegos de Coney Island
  • Merendar en Alice’s tea cup
  • Pasarme la tarde en The Strand
  • Recorrer el Central Park en bicicleta
  • Comer un cupcake de The Magnolia’s Bakery
  • Recorrer no sólo museos, sino galerías
  • Hacer la ruta de la papelería
  • Caminar por el Times Squares de noche
  • Viajar a Sleepy Hollow en tren
  • Ver El fantasma de la Ópera en Broadway
  • Ver al menos una película en el NYFF
  • Ir a la NYCC (ya tengo entrada para el primer día!)
  • Comer un bagel arcoiris en The Bagel Store
  • Ver a los Guns’n roses en el Madison Square Garden (Ya tengo la entrada!)
  • Ir al Grand Central Station y observar a la gente
  • Visitar muchos cementerios

A esto se le suman un par de escapaditas (de un día) una a Redbank, NJ y otra a Philadelphia. Todo armado por mí misma, ningún guía ni tour turístico.

Recuerdo de cuando me enamoré del cine

Cuando era adolescente y estaba en la secundaria, casi sin querer descubrí que amaba el cine. Más que la gente “normal” que disfrutaba sentarse a ver una película.

Había descubierto que podía ir sola al cine (aunque yo lo tenía lejos y abarcaba un viaje importante en colectivo) pero además mi padre solía copiarnos películas y cada fin de semana nos traía varias.

No tenía internet en ese momento en mi casa, por lo que no tenía acceso a cientos y miles de películas como ahora, así que siempre las veía a todas (ahora no tengo tiempo para ver todas las que tengo en mi disco y cuando lo haga probablemente el número de películas allí sin ver hubiese aumentado potencialmente).

Cuando veía alguna que lograba fascinarme, era capaz de verla muchas veces. A veces dos en el día, varias en la semana. Así me enamoré de Big Fish (El gran pez) de Tim Burton.

Vi esa película tantas veces que me aprendí cada línea, y siempre me emocionaba en las mismas partes, no importaba que ya supiera todo lo que venía.

Unas compañeras de la escuela que también disfrutaban de ver películas me habían pedido una recomendación. O quizás yo se las hice sin que la pidieran, confiando en que la disfrutarían (casi) tanto como yo. Bueno, eso no pasó. Cuando me dijeron que la vieron, les pregunté a las dos hermanas mellizas qué les había parecido. “Sí, está bien”, sin ser muy expresivas. Y mencionaron lo gracioso que les había parecido la escena en que nace el bebé.

Yo no lo podía creer. De una película tan perfecta, llena de emociones, de situaciones tan originales, profunda, enorme… ellas se habían quedado con un gag menor.

Y así fue la primera vez que se me rompió el corazón. No fue un chico que me gustaba y no me dio bola.

Hoy creo que quizás por eso terminé, sin haberlo planeado, haciendo crítica de cine. Para expresar esas cosas tan increíbles que ciertas películas me generan. Hoy también ya estoy acostumbrada, especialmente en ciertos ámbitos, a recomendar películas y que la devolución luego no fuera ni cercana a la esperada. Ya no me suele afectar así, salvo si justo recomiendo con unas ganas alguna película a alguien que conozco (o creo conocer) mucho y no me puedo imaginar que no pueda apreciarla como yo. Ahí es otra historia.

Pero siempre tendré la posibilidad de sentarme a escribir, probablemente acá, y que alguien lea, o no. Al menos yo lo saqué de adentro.

Extracto de mi diario personal

Me acordé cuando llegué a San Clemente del Tuyú en una excursión de un día a Mundo Marino en cuarto grado. Que hicimos una parada en la playa. Hacía frío y la idea era sólo contemplar el mar unos minutos.

Yo ya conocía el mar, el de Mar del Plata, que a la larga es el mismo.

Recuerdo que dejé salir un pensamiento interior y exclamé lo impresionante que me parecía no poder ver qué había más allá del agua.

“Es que la Tierra es redonda”, me contestó una chica de séptimo, con aire superior. No sé qué le contesté, no sé si le dije algo. Quizás no, y pensó que era una tonta.

No me importó. No me importa. Ella no entendió nada.

La idea de que el mar traspasara los límites del horizonte me pareció increíble y aterradora. Yo era muy chiquita. Yo soy muy chiquita. Y el mundo es enorme.

Entrada de diario

Esa muerte artificial. Ese ensayo de la muerte. Me gusta cómo define Romina Paula en “Agosto”, mi actual lectura, esa instancia de todo supuesto final.

“La espera me agotó. No sé nada de vos. Dejaste tanto en mí”,
porque de repente no puedo evitar recordar esas palabras en boca de Cerati y su “Crimen”.

Siempre tuve/tengo problemas con los finales, con los de cualquier tipo. Por eso no soy quizás de las que se indignan cuando una película termina dejando que uno interprete qué pasa finalmente. ¿Muere? ¿Se quedan juntos? ¿Se va o se queda? Disfrutar del viaje, no quedarse sólo en el destino. “Lo importante no es llegar, lo importante es el camino”.

Es contradictorio tal vez, porque ese tipo de finales me gusta construirlos en mi cabeza, pero a la hora de escribir ficción (y tal vez por eso lo hago cada vez menos), no sé dar cierres. Aunque sepa qué quiero contar, tengo problemas con el cómo.

Pienso, entre tanto divague, que tal vez el final depende mucho más de ese cómo que del qué. ¿No duele mucho más un final abrupto y que uno/a no puede entender? ¿Que aquel que uno ve venir o venía presintiendo? ¿Y si todo estaba ahí pero nos negábamos a verlo y por eso lo sentimos igual de abrupto? ¿Qué es peor?

Pienso en películas, en personas, en situaciones. “Nunca pude olvidarme de alguien con quien haya estado. Porque cada uno tiene sus detalles específicos”, y se extiende un poco más de manera hermosa una Celine que acaba de escucharle decir a Jesse que el libro que escribió lo hizo con el fin de recordar que aquello que había pasado casi diez años atrás fue real, para no olvidar detalles, para sentir que de verdad estuvieron juntos aunque sólo haya sido una noche. Aunque todos sabemos que en realidad lo hizo para encontrarla, o al menos ése fue su motivo principal.

No sé por qué estoy escribiendo de esto. De dónde sale y hacia dónde va. Pero leía el libro de Romina Paula y no pude sacarme esa expresión de la cabeza. “Muerte artificial”. “Ensayo de la muerte”. Define así lo que pasa con un viejo amor que quedó en aquel pueblo al que regresa y a quien todavía no volvió a encontrarse, y de repente siente todos sus estantes moviéndose como si estuviera en medio de un terremoto. Y es curioso que sea muerte la palabra que elige cuando a quien escribe, o le habla, o se dirige, es justamente a su amiga muerta. ¿Toda muerte indica un final? Y ahora me acordé de El Señor de los Anillos y lo que Gandalf dice a Pippin cuando él comenta que no creía que todo terminaría así. “¿Terminar?”, responde Gandalf. “No, acá no se termina el viaje. La muerte es otro sendero, uno que todos recorreremos”.

Lo inevitable.

Dejar todo abierto, “por las dudas”. De que pasara algo más, de que se me ocurriera algo. Por eso no puedo terminar de escribir nada. Ni mi vida.

Nota final: así como soy horrible para los cierres, lo soy para los títulos y no sé qué título ponerle a este post. Quedará así.

Hace un año

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Hace un año me fui a dormir sintiéndome mal, nada grave, algo físico. Pero apenas pude dormir. Y me desperté una hora antes de que sonara mi alarma.
Me levanté, no me iba a poder volver a dormir en ese tiempo. En algún momento, decidí agarrar mi celular y entrar a twitter. Y así me encontré con la noticia, aquella que me haría sentir peor (lo físico nunca duele tanto como lo emocional). Bowie, el gran amor de mi vida, había dejado la Tierra.
Lloré un poco y me puse a escribir, en mi diario, como hago cada vez que me siento mal (si alguien leyera mi diario lo encontraría muy deprimente pero es porque no suelo escribir cuando estoy contenta). Recién cuando sonó la alarma y se despertó mi novio, le conté y me abrazó, sabiendo lo que Bowie siempre es y será para mí.

Hace un año.

El material del que están hecho los sueños

Me cuesta recordar sueños. Me cuesta que se queden conmigo, en cuestión de segundos suelen evaporarse. Pero a veces son tan intensos, tan raros, tan impactantes que, sabiendo que si no me esfuerzo corro peligro de ya no saber nada de ellos, intento retenerlos en mi mente. Y hay un punto en que ya no sé qué parte soñé y qué huecos llené con mi cabeza, con mi imaginación. Tengo una capacidad para recordar sueños probablemente peor que el resto de la gente, a tal punto de muchas veces tener la sensación de que no sueño, lo cual es imposible. Ojalá algunas cosas de mi cabeza podrían irse con la liviandad con la que se van esas imágenes oníricas…

Anoche me desperté a las tres y media de la mañana muy angustiada. Las imágenes en mi cabeza eran muchas pero mayor era la cantidad de sensaciones, poco agradables todas. Me desperté y comencé a llorar, porque sí.

Intenté reconstruir mentalmente lo que había pasado por mi cabeza. No había sido agradable pero necesitaba conocerlo, aunque sea por partes. Tomé mi celular y en las notas escribí todo lo que me acordaba de ese sueño. O de esos sueños. Y creo que lo que más recordaba era justamente sensaciones.

Estar en un lugar con gente con la que no conectaba. Que me contaran un chiste y no me riera. Que nada me provocara nada, en realidad. Era como un fantasma. Mi novio estaba conmigo y conocidos suyos, y todos como que me hacían el favor de hablarme. Pero a mí nada me interesaba.

De repente, uno de ellos me muestra una colección de cuadernos diminutos, diminutos en serio, donde en cada hoja apenas podías escribir una letra. Me parecían tiernos y curiosos, pero nada más. Estaba atontada, no lo sé.

En algún momento, este conocido o algo de mi novio, una persona a la cual en la vida real probablemente nunca haya visto, me lleva en auto a algún lugar. No sé por qué, nunca se entenderá la lógica de los sueños, voy con él, pero en el asiento de atrás. Es como que nada me importaba, todo me daba igual, yo simplemente existía. No sé bien qué cosas soñé qué hacía o decía, pero sí recuerdo esa sensación de nada, de vacío.

Cuando el auto se detiene en un semáforo, unas chicas, rubias, teñidas, las dos muy parecidas entre sí, se bajan de otro auto y se acercan a mí y golpean la ventanilla. No entiendo nada y no hago nada, pero ellas me dicen que me baje, que me tengo que bajar. Insisten y casi que me dan miedo. Ellas me dan miedo. Una la mira a la otra y le dice que ya está, que no pueden hacer nada más, y se van, decepcionadas parecen.

El auto arranca y de repente caemos a un océano, oscuro, el agua casi como si fuese una laguna, un pantano, mohosa. No siento el agua, no me mojo, pero sí de manera inmediata siento como que me ahogo. No puedo respirar, hablar, gritar, moverme, nada. Siento una desesperación terrible pero no puedo hacer nada, y quiero llorar.

Esa otra persona se acerca a mí y me acomoda, me recuesta. Es como si me estuviese haciendo un favor. Y por la cabeza se me empiezan a cruzar imágenes, muy de película, de mi novio en un futuro, siendo feliz, sonriendo, siendo exitoso.

De todas esas imágenes y sensaciones que recuerdo (¡cuántas habrá que no!), ésa es la conclusión a la que llegué. En mi sueño no estaba viviendo, era un ente, no podía hacerle bien a nadie, mucho menos a mí misma. Y al mismo tiempo no hacía nada, nunca iba a hacer nada por mí misma.

Creo que suena terrible, y no les cuento a las tres y media de la madrugada, y por eso entenderán que mi reacción al despertar fue la de ponerme a llorar.

Mejor no intento interpretarlo, demasiado con cómo lo sentí.

Un año más y una muela menos

Cumplí 29 años este fin de semana. No vuelvo a cumplir más años hasta nuevo aviso. Me quedo en el título de “veinteañera” por propia elección. No me siento de 29, y nunca, ni dentro de varios años probablemente, me voy a sentir como una treintañera.

No pude festejar mi cumpleaños como correspondía porque me sacaron una muela. No me importó, mejor, tenía la excusa perfecta. Torta comí, a algunas personas vi, no necesitaba más que eso.

La maldita muela de juicio con la que hace años venía luchando (primero bancando el dolor en silencio, esperando aquellos tramos en que mágicamente dejara de molestar, y luego tras un par de intentos de extracciones vanos), ya no forma parte de mí. Me soltó. Me dejó ir. Costó, molestó, dolió pero se fue. Ojalá otros dolores, menos físicos, también fuesen así: uno anestesiara un poco y luego arrancara de una.

Supongo que se termina otro año y es una época que nunca me pega de la mejor manera.

Obsesionada con los cuadernos

“Keep a notebook. Travel with it, eat with it, sleep with it. Slap into it every stray though that flutters up into your brain. Cheap paper is less perishable than grey matter. And lead pencil markings endure longer than memory”.

Jack London.

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(en instagram soy CASI -alguien luego se apoderó de él un par de veces- la única persona que usa el hashtag #coleccióndecuadernos y allí podrán ver algunos a los que le he sacado fotos)

Soy adicta a comprar cuadernos. Es inevitable, ¿cómo no hacerlo si cada vez los hacen más bonitos? Después están otras cuestiones. La primera, ¿para qué lo uso? La segunda, también muy importante, ¿y si no le doy el uso que se merece? ¿Y si lo arruino? Tengo todavía muchos cuadernos preciosos que no he usado sólo porque me da pena hacerlo, lo cual si lo pienso es una estupidez, pero no puedo evitarlo. Quiero que sean eternamente bellos.

No sé cuántos cuadernos tengo. No sé cuántos tengo sin usar ni tampoco cuántos empecé (confieso que no terminé demasiados, por eso de constantemente empezar alguno otro), hace mucho que dejé de contarlos.

Actualmente, mis preferidos son:

-El de mi bullet journal. Ese de Brugges de Minnie Mouse que ven en la foto. Es hermoso.

-Mi diario personal. Un cuaderno-lata que dentro tiene hojas de todo tipo, rayadas, lisas, con puntos y hasta color madera. Ése es el que no dejo que nadie lo lea.

-Uno inclasificable, muy bonito y rayado, generalmente el que llevo conmigo si viajo a algún lado y tiene dibujos, reflexiones, frases, scrapbooking y lo que se me ocurra en el momento.

-Uno de Star Wars donde simplemente anoto todas las películas que veo a lo largo del año. Decidí de todos modos que el año que viene voy a hacer lo mismo pero agregando la fecha en que las veo, o quizás separando por mes -no sé, ya veré-.

-Uno pequeñito que va siempre conmigo en la cartera, también es íntimo -o sea no se lo mostraría a nadie-, y escribo todo lo que se me ocurre que quiero pero no tengo el cuaderno correspondiente a mano, así que luego transcribo.

-Un anotador de mano donde escribo frases o reflexiones que se me ocurren sobre las películas que veo y sobre las cuales luego tengo que escribir.

Obvio que tengo más en uso, como uno con frases de libros que transcribo, o dibujitos varios, o ideas para mi blog o lo que fuera. Pero los mencionados son los que suelo tener más a mano -en mi mesita de luz, una mesita de luz que rebasa de cosas, tengo que confesar-.

Para mí nunca habrá como escribir a mano, es algo que me encanta y me produce mucho placer. Escribir con una linda lapicera, que se deslice bien, que tenga un lindo color. En mi día a día uso las Uniball y en mi bullet journal las Staedtler, no las cambio por nada.

Cuando era más chica y mi madre me llevaba  a hacer las compras a principio del año escolar siempre volvía un poco decepcionada de no poder llevarme todo. Ahora que crecí y que yo manejo mi propio dinero, decidí que no tengo por qué no comprarme algo sólo por el hecho de que, es verdad, puede que no lo necesite. A la larga, lo considero pequeños gustos, de esos inofensivos. Así, acumulo cuadernos y útiles escolares, so what?

té de flor

lettering, bullet journal, infusiones, libros, labiales y lugares.

Bitácora de pensamientos

Lugar donde entierro las palabras y sentimientos que surgen de la voz de mi inconsciente, la cual es sutil, pero no descansa hasta ser escuchada.

Letrologias

Aqui danzan las palabras, formando galaxias de inspiracion, donde habitan millones de letras buscando sentido a su existencia...

Nada es real

Mi visión particular de las cosas

caminando...

mirando hacia adelante, buscando mi destino

Un gato mas en la ciudad

To bit or not to bit

Espacio de imágenes y palabras

El arte... Expresión de sensaciones, sentimientos, fantasías, ideas...

Junior

Un niño hecho hombre y va en solitario, con humildad.

Luna Paniagua

Escritura y lectura

VIENDOFOTOS

CarlosGF fotografía

Icástico

"Una cosa es ser solidario y otra serlo a cambio de nada" (Mariano Rajoy, quién sino)

ClemSinOxígeno

Escritora que vuela a un centímetro del suelo.

Todos los dias un viaje ~ Blog

Una mirada sobre el mundo. Viajes. Lugares. Gentes. Arte y Cultura.

Letras Desordenadas

Un blog sobre libros, escritores y lectores.

Mis historias y otros devaneos

Blog de Lídia Castro Navàs

Cafés para el alma

mientras sigo perdida entre palabras

A la Sombra de la Luna

Verdades que parecen Mentiras & Mentiras que parecen Verdades.

Ana Centellas

En un viaje hacia mi aventura literaria

Viajera Indómita

Relatos y fotografías itinerantes

ColorFul World by Magda

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Sometimes I watch films and write stuff down.

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