Minirrelato

-Te amo.

Se le soltaron, se le escaparon de su boca antes de que pudiera pensar en cerrarla, de que pudiera decidir una vez más que no era momento, que probablemente nunca sería el momento. ¿De qué iba a servir decirlo?

Dos palabras. Cinco letras. Algo tan chiquito que podía abarcar tanto peso.

Soltó las palabras y se quedó muda, deseando desaparecer en ese mismo momento. Él también se había quedado mudo, aunque no sabía bien qué quería.

Se miraron a los ojos, expectantes el uno de la reacción del otro. Ella lucía asustada, él estaba nervioso y parecía a punto de sonreír. Y así lo hizo finalmente. Sonrió fuerte, con ganas, mostrando todos los dientes. Le dio un beso en la frente y la abrazó. No dijo  nada.

Ella tampoco, pero se dejó abrazar, hundirse en esos brazos donde tan cómoda se sentía, refugiada, a salvo del mundo exterior. Brazos que extrañaba cada vez que se iban, que la dejaban. Derramó alguna lágrima rebelde que por suerte se perdería en el sweater de él. Y se quedaron así. En silencio. Abrazados. Tal vez ese abrazo decía más que lo que podían expresar las palabras, pensó, se consoló ella.

¿Y ahora?

Oda al sofá

En el centro del departamento se rige él, eterno compañero, especialmente de tardes y noches frías. Enorme, negro, poderoso. Cubierto, por la frazada que una abuela tejió y muchos colores. Bajo la cual yacen sus cicatrices y marcas de guerra: rasguños, alguna tajada, marcas varias, producto de lo mucho que vivió y sobrevivió, en la casa de algún amigo o ahora en la mía.

Es el apoya cosas. Es llegar a casa y arrojarle la cartera y la campera. Si no encuentro mi celular es probable que esté hundido entre sus almohadas.

Es sofá y cama. Cama muchas veces sin necesidad de desplegarlo antes, cuando me quedo dormida y hago una siesta improvisada o es de noche, tarde y me da fiaca caminar hacia la cama.

Es mi asiento para comer, aunque la mesa ratona resulte bajita y termine improvisando una bandeja con alguna almohada. El lugar donde leo mientras suena algún disco de fondo. Nuestra butaca de cine favorita, ya que hemos visto incontable cantidad de películas sobre él.

Detrás suyo se esconde mucho más que la ventana. Cajas de cómics viejos de los que en algún momento nos vamos a deshacer. El paraguas (siempre seco) colgando del caño. La aspiradora. Una bicicleta fija que uso cuando se me antoja.

Es una casa dentro de otra casa. Sofá, cama, refugio. Un habitante más.

Constancia

Así como mencionaba antes que compulsiva es una palabra que creo que me define muy bien, constante es todo lo contrario para mí. Soy de tener una cabeza llena de ideas y pocas de ellas se quedan conmigo durante mucho tiempo. Quizás porque me aburro rápidamente, quizás porque la rutina (si bien una parte de mi día es rutina, por suerte la otra es imprevisible y siempre está sujeta a cambios) me agobia, o quizás porque siempre es más fácil abandonar las cosas que terminarlas.

Cosas en las que me gustaría ser más constante.

* Escribir. Especialmente con lo que respecta a aquello en lo que me formé, que si lo elegí fue porque realmente lo disfruto. Guión. Me gusta el cine y la idea de contar historias y un día decidí que quería hacer eso, y no dirección, por ejemplo, que hubiese sido la opción más fácil o rápida. Pero la mayoría de mis ideas terminan desvaneciéndose, cuando ya no me gusta lo que estoy escribiendo me siento abrumada, y como siempre, la opción más fácil es abandonar y empezar de cero. El tema es, ¿cuántas veces se puede empezar de cero? Todavía estoy averiguándolo.

* Leer. Si bien últimamente ando con mejor ritmo que el que acostumbraba, aún así tengo la costumbre de comprar una cantidad notablemente mayor de libros a los que tengo el tiempo de leer. En mi vida he empezado mucho que no he terminado, y la mayoría no porque no me hubiesen gustado o atrapado, sino porque me daba curiosidad empezar uno nuevo. Entre otros, nunca terminé de leer “El cine según Hitchcock”, “Lolita”, “Orange is the new black” y “María Antonieta” (la biografía de Antonia Fraser en que se inspiró Sofia Coppola para su película). Y no me lo perdono.

* Series de tv. Me pasa lo mismo que con los libros en el sentido de que muchas me gustan lo suficiente. El problema es que, claro, no soy constante, y la idea de sentarme muchas veces a seguir una misma historia me da un poco de pereza. Claro que hay excepciones y series que por lo visto han sabido atraparme locamente como bien han sido “Orange is the new black”, “True Blood”, “Girls” y hasta “The Carrie Diaries” (terrible placer culposo que supe tener y que cada tanto extraño).

Este año me puse algunas especie de resoluciones (no me gustan las resoluciones, en realidad) y una tiene que ver con la constancia y es la de escribir a diario en mi journal (hábito que retomé con mucho entusiasmo el año pasado). No voy a mentir y decir que la he cumplido al pie de la letra desde que empezó el 2016 pero, y juro que estoy diciendo la verdad, creo que los días en que no he volcado aunque sea un breve pensamiento allí no fueron más de tres. Supongo que tampoco es cuestión de sobreexigirme. Lo sé, tampoco debería ser muy dócil al respecto porque cuando una empieza a permitirse un poquito de algo, ese algo puede ser cada vez un poquito mayor.

Foto: mía

 

En fin, la verdad es que resoluciones propiamente dichas, he dejado de hacerlas cuando al terminar el año me encontraba con que no las tenía cumplidas casi en su totalidad. Por eso no me gusta pensar estas cosas como resoluciones, pero sí que el plasmarlas acá me pueda ayudar a recordarlas.

¿Qué planeás hacer?

Fotos: Tumblr

Escribir como modo de escape. Escribir para expresar, aunque no hable directamente sobre mí (si bien siempre es mi voz), lo que me pasa. Escribir porque no puedo evitar callar. Porque hablar no me gusta y mi voz sólo se escabulle a través de las letras.

Escribo porque me gusta y también porque no puedo evitarlo. Escribo aunque la mayoría de las veces sea sólo para mí, porque no me atrevo a exponerme tanto al mundo, o ni siquiera, ante unas pocas personas.

“Nunca descubriré por qué se escribe ni cómo no se escribe”, escribió Marguerite Duras en su libro “Escribir”, justamente

“When I finally have to explain my motives for writing this book, it really does come down to wanting to feel less lonely in this lonely feeling”, escribió Elizabeth Wurtzel al intentar explicar por qué hoy existe “Prozac Nation”.

Alguna vez leí en algún lugar (soy horrible a veces para registrar citas con fuentes exactas), “Un día sin escribir es un día perdido”. Por eso una de las resoluciones que hice para este año, resoluciones que en general no hago porque no cumplo y porque nunca suelo llegar a fin de año con un buen balance o al menos yo sentirme bien al respecto, fue la de escribir a diario, aunque sea unas pocas palabras, alguna línea, aunque sea en mi diario personal.

Hace mucho que no llevaba un diario personal, probablemente desde que era adolescente. Dejé de hacerlo porque siempre temía que alguien lo leyera (o mis hermanas o mi madre). Y si no podía escribir realmente todo lo que pasaba por mi cabeza, si tenía que cuidarme de no mencionar ciertas cosas por miedo a que lo vean, se estaba perdiendo la verdadera razón de ser de un diario personal (es un poco lo que me pasa con cada blog que abro: salvo que fuese anónimo, que cambiara mi nombre, la situación siempre sería así, muy cuidada, medida, menos auténtica quizás, lo sé). Por eso, ahora que vivo con mi novio, en quien confío y con quien no sólo mantenemos nuestro propio espacio cada uno, sino que no necesitamos ni revisarnos las cosas ni celulares ni nada por el estilo, decidí volver a tener uno.

Hay cosas que escribo en él que sé que no podría leer nadie, que no quisiera que nunca nadie lo leyera. Por eso sólo me aterra, en medio de mi nato pesimismo, pensar en qué pasaría si algún día llegara a sucederme algo. A mí ya no me cambiaría en nada si ya no estuviera acá, pero sé que podría impactar a gente querida ciertas cosas que o me han sucedido o han pasado por mi cabeza.

La cuestión es que cuando necesito escapar y no puedo tomarme un avión a algún lejano destino (porque además sé que nunca podré hacer algo así sola por más que sea algo que anhele bastante), escribo. Después llegan las relecturas, los sentimientos encontrados, las risas antes cosas que hoy parecen ridículas, o la vergüenza que puedo llegar a sentir de mí misma. Pero esos son efectos secundarios.

¿Quién soy? ¿Qué hago acá?

Foto: TheFashionSpot

Otro blog. Perdí la cuenta de cuántos he abierto. Pero pocos he mantenido a lo largo de todos estos años.

Me rehusé a WordPress mucho tiempo con una excusa simple que aún mantengo: no lo entiendo. Es cierto, me cuesta más de customizar, de seguir, pero lo cierto es que son más bellos y populares que los ya casi obsoletos blogspots.

No obstante, a lo que no me rehúso es a abandonar a mi previo blog. Quizás la apertura de este indique el comienzo de un lento proceso de traspaso, pero aún no lo sé.

Este blog es tanto una especie de continuación como un empezar de cero. A lo mejor ni siquiera sé qué es y mucho menos qué es lo que será de él. Tal vez me aburra rápidamente (como de muchas cosas) y quede en la nada misma. El tiempo sabrá.

Hoy por hoy me definen:

* mi hambre por el cine

* mi amor absoluto por Wes Anderson

* mi eterna admiración por Angelina Jolie

* mi obsesión por Lana del Rey

* mi adicción a Instagram

* mi identificación con las Girls de la serie de HBO

Además, no salgo de casa sin mis auriculares y me gusta subrayar mis libros con birome. También compro compulsivamente cuadernos y otros artículos de librería.

Compulsiva, creo que esa palabra logra definirme bastante bien.

¿Resoluciones?

Nunca las hago, porque las odio, sobre todo al llegar a fin de año y darme cuenta de que no las cumplí. Por eso, esta vez más que “resoluciones”, son metas que intentaré ponerme, sin ser muy específica. O sea, mi idea no es llegar a un lugar en particular, sino recorrer cierto sendero. No tiene mucho sentido, digamos, lo importante no es llegar, lo importante es el camino. Así que lo que quiero, y espero, de este próximo 2016, son estas cosas:

+ Escribir más. Y volver a escribir pensando en cine, dejé mi faceta de guionista enterrada así que necesitaré una pala y jalar bastante pero la idea es recuperarla.
Una foto publicada por Jessica Johanna (@enjoyjessica) el 4 de Sep de 2015 a la(s) 8:13 PDT
+ Dibujar y pintar más. Porque es como una terapia para mí. Tirarme en el piso a hacer enchastres, no más que eso.
Una foto publicada por Jessica Johanna (@enjoyjessica) el 24 de Ago de 2015 a la(s) 1:06 PDT
+ Ver más películas. Bueno, esta no es muy grave porque este año llegué a mi promedio de ver una película por día (incluyendo algunas que reveo), pero nunca está demás.
+ Leer más. Creo que apenas pasé los veinte libros leídos en su totalidad en este año y no es que me parezca muy poco pero, pensándolo, más que “leer más”, debería poner “ser más constante”. Me compro cantidad enorme de libros, empiezo unos cuantos al mismo tiempo, y así demoro mucho en terminar uno. Supongo que constante es algo que no soy en muchos aspectos de mi vida.

Una foto publicada por Jessica Johanna (@enjoyjessica) el 13 de Oct de 2015 a la(s) 8:13 PDT
+ Seguir buscando inspiración. A partir de lo que sea. Personas, lugares, instagram, pinterest, películas, libros, ¿qué importa?

Una foto publicada por Jessica Johanna (@enjoyjessica) el 27 de Oct de 2015 a la(s) 1:41 PDT
+ Usar más mi Diana Mini

Una foto publicada por @ratulines el 8 de Nov de 2014 a la(s) 6:50 PST
+ Usas más cuadernos. Tengo miles, porque es otra cosa que compro compulsivamente. Y se ven tristes y solitarios allí en un mueble sin ser usados, rayados, coloreados, lo que fuera. Y no salir de casa sin uno en mi cartera.
Una foto publicada por Jessica Johanna (@enjoyjessica) el 15 de Jul de 2015 a la(s) 3:34 PDT

 

Como verán, nada de “ponerme a dieta”, “hacer más (o algo al menos de) ejercicio”, “ahorrar”, y todas esas resoluciones aburridas. Probablemente también debería hacer todas esas cosas pero… supongo que vivo pensando que ya tendré tiempo para cosas como esas, y en algún momento me voy a dar cuenta de que no. Mientras no sea ahora este momento puedo seguir empujándolas.

Día del escritor

“Nunca descubriré por qué se escribe ni cómo no se escribe”
Marguerite Duras en su libro “Escribir”.

Otra noche más

Este relato surge a partir de un “juego”, una consigna que nos pusimos con mi novio, en la cual paseando por el Museo Provincial de Bellas Artes “Dr. Pedro E. Martínez” (en Paraná, Entre Ríos), en nuestras últimas vacaciones elegimos cada uno una obra para el otro. Esa imagen tenía que funcionar como disparador para un relato que escribiéramos. Mi novio eligió esta para mí:

Y yo escribí lo siguiente:
Otra noche más
 
Otra noche más. Abril se cepillaba su cabello frente al espejo de su cómoda. Lo hacía de manera mecánica, no porque su cabello necesitara ser cepillado aún. Esperaba. Ya estaba vestida (o casi), esperando a que el reloj marcara el momento de comenzar.
 
En punto golpearon la puerta y, sin esperar un “adelante”, entró Ricardo. Se paró detrás de Abril y la miró a través del reflejo del espejo. “Estás hermosa”, le dijo casi en un susurro y besó suavemente su frente. Ella le creyó, como le creía cada noche. No porque se creyera hermosa, el tiempo y las experiencias comenzaban a hacerse notar en su rostro y en su cuerpo, sino porque sabía que así la veía él.
 
“¿Ya estás lista?”, le preguntó y Abril asintió en silencio. Ricardo se retiró sin decir más. La puerta se cerró y ella se puso perfume en el cuello. Apoyó el frasco en el mismo momento en que golpearon la puerta. “Adelante”, dijo ella y la puerta se abrió y entró un hombre al que aún no miraba, todavía con sus ojos puestos en la imagen que le devolvía el espejo. No se moría por saber, en cierto modo ya lo sabía. Eran todos parecidos. En su mayoría, hombres mayores, casados, pagando para que juegues a interpretar un personaje, para que les hagas creer aunque sea por un rato que son deseados y que tienen el control sobre una.
 
Serían varios así esta noche. Todavía era temprano y quedaba mucho trabajo por hacer. Abril cerró los ojos y cuando los abrió era otra persona. Ahora sí estaba lista para otra noche más.
 
*****
 
Confieso que me inspiré en algo que escribí hace mucho tiempo (algo que empecé a escribir pero nunca terminé, una constante en mi vida), digamos que utilicé ese mismo universo, y a esos mismos personajes.

Escapes

Con esta frase (de uno de los cuatro libros que tengo de Alberto Fuguet, ¿quién iba a decir que iba a leerlo tanto, aunque todavía no haya terminado todos?) y una idea robada del post de Escribir.me, un blog que descubrí recientemente y me estaría gustando mucho, escribo algunas de las cosas que hago cuando necesito escaparme:

Bueno, antes que nada, las que cita Fuguet en su libro “Missing (una investigación)”: cine, escribir, leer. Mis tres métodos preferidos de escape. Podría citar también una película que vi en el último BAFICI, “The Royal Road” (porque soy citadora compulsiva) donde su protagonista lo resume así: “All I want to do is read novels and go to the movies”. Otros:

* Salir a merendar. Sola. Decidir que hoy me merezco, sin importar calorías (odio que me estén importando cada vez menos, mejor dicho, me corrijo, que esté queriendo creer que me afectan menos de lo que me afectan realmente), algo bien rico.

* Ir de compras. Sí, seré superficial, materialista, llámenme como gusten, pero la sensación de llegar a tu casa con una o más cosas nuevas y ya pensar en estrenarlas es algo que me permite olvidarme un ratito de cualquier cosa que pudiera estar haciéndome mal.

* Los abrazos de mi novio. Suena a cliché, suena cursi, y un poco me odio a mí misma por hacerlo, pero es así, son mi casa, donde me siento protegida.

* Cerrar los ojos y fantasear. Con cualquier cosa. Generalmente, duh, escapar. Con salir un día de mi casa y no llegar nunca a mi trabajo. No puedo evitar preguntarme, ¿cuánto tiempo pasaría hasta que comenzaran a preguntar por mí? ¿En qué momento se daría cuenta mi novio de que no le respondí ningún whatsapp?

* Dormir. Y antes de irme a dormir, seguir fantaseando. Pero me gusta la sensación que tengo de que al dormir todos mis problemas y preocupaciones se van a evaporar. No siempre sucede, pero es cierto que muchas lucen peor de noche y al despertar las cosas tienen otro color.

La importancia de escribir

Gracias a esa necesidad de escribir de Elizabeth Wurtzel es que somos afortunados de poder leer su gran libro autobiográfico que es Prozac Nation. En él escribe, casi al finalizarlo: “When I finally have to explain my motives for writing this book, it really does come down to wanting to feel less lonely in this lonely feeling”.
También en palabras de mi querida Lana del Rey, lo importante de poder sentarte a escribir.
Mientras tanto, yo sigo escribiendo. Para mí, porque no puedo evitarlo. Porque es mi modo de catarsis. No necesito que nadie me lea, necesito leerme yo y quizás con el tiempo entenderme.
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Pinta y Troquela

Pinta y troquela es mi blog, en el que ire colgando algunos de mis trabajos de scrap.

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