El mejor final de película es el que al mismo tiempo es un nuevo comienzo

Esta película demuestra que hay trenes que pueden volver a pasar en tu vida (aunque se tarde diez años en hacerlo) pero ahora vas a tener que estar dispuesto a perder el avión.

 

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Nadie se puede reemplazar

Yo siento que nunca puedo olvidar a alguien con quien he estado porque cada persona tiene sus propias características. Uno no puede reemplazar a nadie. Lo que se perdió, se perdió. Cuando termino cada relación me lastima mucho. Nunca me recupero del todo. Por eso tengo mucho cuidado al involucrarme porque me duele mucho. Incluso cuando sólo me acuesto con alguien, en realidad no hago eso, porque extrañaré las cosas de esa persona. Me obsesionan las cosas pequeñas.

Tal vez estoy loca.

Cuando era una niña, mi mamá me dijo que siempre llegaba tarde a la escuela. Un día ella me siguió para saber por qué. Yo me quedaba viendo las castañas caer de los árboles y rodar por la vereda, o a las hormigas cruzando el camino, la sombra de una hoja proyectarse en el tronco del árbol… cosas pequeñas.

Creo que lo mismo pasa con la gente. Veo en ellos pequeños detalles, muy propios de cada uno, que me conmueven y que extraño, y que siempre extrañaré.

Nadie se puede reemplazar porque todos están hechos de detalles hermosos y específicos.

Hoy no escribo. Hoy la cito. Palabras de Celine en la que quizás sea la mejor de la trilogía protagonizada por Ethan Hawke y Julie Delpy y dirigida por Richard Linklater. Palabras que siempre sentiré propias.

Lo que dejó el 2013: las películas del año

Primero y principal, porque Sofia Coppola nos trajo su quinta película. Y si bien en general parece que no convención ni al público ni a la crítica, a mí no me interesa, pues me encantó. La directora se encarga de plasmar la decadencia de los jóvenes de LA, que se creen que se llevan la vida por delante y, que más allá de su vida acomodada, siempre quieren más. Viven pisando la frontera del peligro, no aprenden de sus errores y sólo se basan en apariencias y en bienes materiales. Hay que amarla u odiarla a la hija del legendario Coppola, yo elijo amarla.

El puesto por MI película del año está bien peleado por estas dos, una la ya mencionada, y la otra, la tercer parte de una de las historias de amor más bellas que dio el cine. Esta vez, más cansados, menos soñadores, y más agridulces que nunca, Jesse y Celine se encuentra vacacionando en Grecia, con sus dos hijas mellizas y miles de cosas que no se dijeron en este tiempo y parecen salir a flote todas en ese cuarto de hotel. La fantasía se volvíó una imperfecta realidad.

Hubo otras películas del año para quien les escribe, pero ya las pueden chequear acá, y próximamente, con algún aditivo (incluyendo lo peor también) en El Espectador.

Un pasado real

Cómo el tiempo se me escurre como agua entre mis manos. Me es raro pensar en eso, pero así lo siento. Ya no tengo noción del tiempo, cuánto pasa, cuánto pasó. Tres años se me sienten como uno,y diez años como veinte.

Recuerdo ciertos hechos de mi vida y me resultan tan lejanos, casi como si le pertenecieran a otra persona, a otra yo, quizás de otra vida. Un personaje ficticio, ni más ni menos que el gran y sabio Hannibal Lecter, dijo, “las cicatrices están para recordarnos que el pasado fue real”. Y no podría coincidir más. Algunas no se borran, están siempre ahí, y aunque muchas veces sienta que no me pertenecen, que ya no, son mías, no puedo erradicarlas.

Realidad vs. fantasía

Siempre fui fantasiosa. No quiere decir que no haya aprendido a separar la realidad de la fantasía. Lamentablemente, las diferencio muy bien. Pero nunca dejé de armarme historias en mi cabeza que lejos estaban de algo que alguna vez podría llegar a suceder. Era común en mí irme a la cama, cerrar los ojos, y “escribir” una historia, en general, siempre la misma, que continuaba noche a noche. A veces, las volcaba al papel, pero otras tantas mi mente iba tan a prisa contándola que la mano no daba a basto, y decidía simplemente dedicarme a disfrutarla. Así como era, irreal.

(Acá es cuando empiezo a divagar sobre Before Midnight y recomiendo no leer si no la vieron)
Celine y Jesse también se alimentaron de una fantasía. Ojo, la de ellos tenía un poco más de razón de ser que las mías. Celine le dice a Jesse en París que idealizó aquella noche. Pero no es la única vez que lo hace él, porque años después, sobre su reencuentro en París, volcado esta vez en un nuevo libro, también vuelve a relatarlo de un modo en que no se percibe real, sino producto de quien siente que su fantasía se ha hecho una realidad. Pero como me cansé de decir, ninguna fantasía es real, para convertirse en real se pierde la fantasía, y pasa a ser real. ¿Y cómo es esa realidad? Imperfecta. Porque la perfección no existe, no importa cuánto aspiremos a encontrarla, nunca vamos a hacerlo.

Que Jesse y Celine se aman no hay dudas. No importa cuánto se hieran con palabras. “¿Crees que arruiné tu vida?” le pregunta ella, y él le asegura que no, en un momento de una discusión de varios y largos minutos en un hotel donde deberían estar pasando una hermosa noche romántica a solas. Pero en otro momento, más adelante, le dice una de las líneas a mí parecer más simples y fuertes de toda la película: “Me encanta tu forma de cantar. Arruiné toda mi vida por tu forma de cantar”. Lo que pasa es que ambos esperaban otra cosa. Los cuentos de hadas que les leen a sus hijas, en los que siempre se termina con un casamiento también parecen haberlos afectado a ellos. Pero Jesse está un paso adelante. Él idealizó las primeras noches junto a Celine, pero hoy es quien entiende que esto no puede ser de otro modo. “No es perfecta, pero esta vida es real” le dice a una Celine casi en lágrimas, aquella feminista y activista que se cree un Quijote de la Mancha (“Estoy cansada de luchar contra molinos de viento”, dice casi al comienzo de la película”). Por eso, la pareja que conforman Jesse y Celine se parece tanto a alguna relación que hayamos tenido, o que vayamos a tener, o que tienen nuestros hermanos, o amigos, o padres. Porque se la percibe real, honesta, con todo lo que conforma el llevar adelante una relación y una familia. Porque creer que sólo con amarse es suficiente es mentirse y no afrontar los problemas verdaderos. Por suerte, más allá de ser la más agria de las tres entregas, es también la más necesaria.

“Así es. Así es como la gente comienza a separarse”. Que se escuche eso casi al comienzo de la película es un indicio triste, así como el hecho de que la película se suceda en Grecia no es azaroso. Pero afortunadamente para nosotros y para los seguidores y enamorados de esta parejita, el final es optimista. Sin ser explícito, digno de un buen final de Linklater, y con una posibilidad latente de que regresen en nueve años, se despiden con el “Bueno, debe ser una tremenda noche la que vamos a pasar” de Celine, antes de la medianoche.

Still there. Still there. Still there. Gone.

Me conocen si me leen y saben que suelo obsesionarme con ciertas películas. Creo que Before Midnight tendrá el record de película vistas mayor cantidad de veces en el cine por mí, ya que se estrenó ayer y cuento con mucha ventaja (ya la vi tres).

Necesaria

Sí, esta tercer entrega es necesaria. Porque así como Celine le repite a Jesse tras reencontrarse con él nueve años después, idealizó esa noche. Tenía que pasar. Tenían que demostrarnos que esa historia de amor que tanto nos había cautivado no era más que una fantasía y que al concretarse todo pasaría a ser real, y por lo tanto, imperfecto.
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Así, honesta, directa, agridulce, es Before Midnight. Una historia de amor entre dos seres imperfectos que se enamoraron pero que hoy tienen que vivir con todo lo que conlleva ser una pareja. Es distinta a las dos entregas anteriores, pero igual de excelente.
En una semana, mi reseña para El Espectador Avezado.

UPDATE: Ya pueden encontrar el link a la reseña, haciendo clic ahí mismo (es la segunda).

El amor según pasan los años

Ellos tenían veintitantos cuando se ven por primera vez en un tren y se enamoran a primera vista. Sí, desde la primer mirada se percibe. Y la conversación posterior sólo comprueba esa conexión, esa electricidad, ese lazo invisible que sintieron al cruzarse uno enfrente del otro. Se bajan del tren y durante unas horas viven un amor más grande que el que muchos podrían llegar a tener algún día.

Se besan por primera vez una romántica tarde con la puesta de sol y con la vista de Viena. Hablan de la vida, del amor, de sus relaciones, de sus sueños, de sus pensamientos. En una misma noche pasan por todas las etapas, incluso por su primera discusión. Pero se mienten a ellos mismos diciendo que deben ser adultos y racionales, y por eso aceptan que no podía durar más que aquellas horas todo esto que les pasaba. Que después cada uno debía volver a su vida, uno en Estados Unidos, ella en París. Tienen miedo a decir lo que sienten, que en realidad la conexión es tan fuerte que bien podrían adaptarse a las distancias, ella incluso viajaría hasta allá, no importa cuánto tema viajar en avión.

Pero recién en los últimos minutos que tienen juntos se dan cuenta que eso no podía terminar así, era demasiado cruel. Y prometen volver a verse. En un año, no, mejor en seis meses, no importa el frío que haga durante esa época, y que sin duda la estación que siempre elija acompañarlos sea el verano.

Se van, cada uno por su lado. Ninguno puede dejar de pensar en todo aquello que vivió, fueron sólo horas que alimentarían años de pensamientos y recuerdos. Y es que no se volvieron a ver. Ella escribió una canción, quizás para llevarlo siempre con ella. Él, un libro. No sólo para no olvidarla, sino para encontrarla. Y es por eso que nueve años después se vuelven a encontrar. Podría haber sido antes, ¿no es cruel el destino?

No, no es lo suficientemente cruel. Porque afuera el mundo es un desastre pero hoy ellos dos se encontraron y se permiten por un rato recordar una noche que nunca pudieron olvidar, ponerse un poco al tanto, y terminar confesando sus miedos y frustraciones. Él no la quiere dejar. No puede entender  por qué fueron tan idiotas de no intercambiar teléfonos. Cómo quisieron jugar a ser adultos y en realidad fueron estúpidos. Todo podría haber sido diferente. Hoy se miran y es casi como si el tiempo no hubiese pasado, como si aquello que vivieron hubiese sido hacía sólo unos meses. Hace nueve años paseaban de la mano, abrazándose y besándose. Ahora se miran simulando ser grandes amigos.

¿Ya es tarde? Sí, él está casado, tiene un hijo, pero no puede lidiar más con esa vida, con ese matrimonio, con ese hogar. Ella hace algo, se mueve, no se queda sólo en la queja. Pero por dentro está rota. Sufrió demasiadas desilusiones que ya no se permite ilusionarse en el amor, es un rincón de su cuerpo que tiene entumecido.

Él no se disuelve cuando ella lo abraza. Permanece ahí, quieto, sin saber cómo reaccionar, con su mirada brillante, como si no pudiera creer que sí, que ella está ahí, frente suyo, tan linda como hacía nueve años. Se va a ir el avión, no importa, él quiere que se vaya. Quizás el tren no pasa una sola vez en la vida.

Mañana temprano veré la continuación de esta hermosa historia de amor que me acompañó durante tanto tiempo. El 27 de junio la estrenan, y ese mismo día volveré a sala. Jesse y Celine son parte de mi vida.

Un amor hecho trilogía

Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy. Esos tres nombres son los culpables de todo.

¿Puede el amor más grande de tu vida durar sólo una noche?” preguntaba el póster de Before Sunrise. Por suerte ellos nos muestran que no. Que los años pasan pero uno no olvida. Y que la chispa siempre está, esperando a que el otro llegue y avive las llamas. Lo han hecho de manera sutil. Ellos no nos dijeron nunca que al final de Before Sunset, Jesse perdía el avión. Pero lo imaginamos así. Porque así como uno quisiera prolongar los últimos minutos de ese hermoso film, Jesse alarga la despedida que no llega.

Pero si bien podemos llenar nosotros la parte de la historia que no nos cuentan, y ya dije lo mucho que me gusta en general hacerlo, ellos sabían que nosotros queríamos más. Y esta vez se fueron a Grecia. Y ahora nos traen la tercer parte de la saga más romántica (y su encanto radica probablemente en lo realista y cercana que la sentimos), Before Midnight. Lamentablemente a nosotros nos toca esperar bastante hasta que podamos disfrutarla en pantalla grande. Pero hagámonos ilusiones, alimentemos expectativas y sigamos idealizando el amor, porque desde que se estrenó en Sundance sólo ha recibido comentarios positivos. Yo estoy segura de que me van a hacer suspirar y emocionarme de nuevo.

Sí, es mi película más esperada de este año.

Top 10 Movies

Es dificilísimo elegir sólo diez películas. Mucho más incluso ponerlas en un orden específico. Hay películas para cada momento, del día o de nuestras vidas. Pero aquí haré un intento. No será el único. Intentaré cada tanto, al menos una vez por año, rehacerlo, para ver qué ha cambiado y qué se mantiene intacto. Y aclaro que salvo el primer puesto, el orden del resto de las películas es prácticamente arbitrario. También, que sólo puse una película de Wes Anderson para no inundarlos de lo mismo, pero probablemente aparecerían varias. Entiendan por favor lo difícil de seleccionar qué poner en esta lista.

10. Purple Rose of Cairo. Mi película preferida de Woody Allen simboliza el amor que uno puede sentir por el séptimo arte. Es mágica, pero a la vez, el desenlace nos muestra cómo es la vida en realidad.

9. Girl, Interrupted. Angelina Jolie y Winona Ryder es para mí una de las duplas más hermosas del cine. Si a esto le sumamos un ‘manicomio’, tenemos adicción asegurada. Como si fuera poco, verse reflejada siempre es algo que en el cine me encanta, por más que no sea el reflejo de lo que más me guste de mí.

8. Bram Stoker’s Dracula. La versión que Francis Ford Coppola tiene todo lo que esperaba. Romántica, seductora, oscura… desearía que alguien me amara del modo en que Drácula ama a Mina.

7. Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Una hermosa historia de amor, de un amor que no podemos evitar, que nada ni nadie puede borrar.

6. Marie Antoinette. No será la mejor película de Sofia Coppola, pero es la que más me gusta. Esa María Antonieta inocente, enamorada, que se tira sobre la cama suspirando por su amor secreto, se entretiene con la ropa y los peinados, y come cupcakes y bebe champagne mientras juega a las cartas. Glamour y rock.

5. Before Sunrise/Before Sunset. Simplemente la historia de amor que sueño con vivir.

4. High Fidelity. El amor y la música, ¿qué mejor combinación? Rob Gordon es el altér ego de muchos melómanos.

3. Garden State. Esta película me encanta por todo lo que abarca en una historia tan pequeña: el regreso a casa, los lazos familiares que a veces aprietan tanto, la amistad y el amor que aparece y lo cambia todo.

2. Velvet Goldmine. Sé que no la he mencionado nunca en mi blog pero siempre pienso en qué escribir sobre ella. Es que a veces, las palabras sobran.

1. The Royal Tenenbaums. La película que marca mi vida. Ya expliqué mil veces cómo y por qué. Simplemente lo es todo.

La condesa sangrienta


Erzebet Bathory fue una mujer muy poderosa en Hungría que es conocida por ser una de las mayores asesinas seriales de la historia, llegando a aparecer en el libro Guiness.

Su leyenda (porque hoy en día es más leyenda que otra cosa, nadie sabe hoy realmente qué pasó, qué hizo, qué pensó, qué cosas pasaban por su cabeza, qué sintió) cuenta que, en busca de la juventud y belleza eterna, asesinó, torturó y bebió y se bañó de la sangre de ciento de siervas, jóvenes, vírgenes.
Les recomiendo que investiguen un poco, si les interesa, y verán la cantidad de cosas que pueden encontrar sobre ellas y mucho incluso que se contradicen. Yo llegué a ella de casualidad, hace largos años, cuando leí un artículo sobre ella en una revista. Desde ese día, he investigado y leído bastante al respecto; es un personaje que me fascina más que nada por todo el misterio que la rodea.
Pero el motivo de esta entrada, era más que nada para hablar de dos películas. Una la vi hace un par de años ya, y la otra la vi ayer, por lo que la tengo bastante más fresquita. Y son dos películas que están basadas en su vida, aunque bastante distintas una de otra.
La primera, The Countess, dirigida, escrita y protagonizada por la bonita y talentosa Julie Delpy, es un retrato cautivante, bastante fiel a su historia (la más conocida), donde si bien vemos o sabemos las cosas macabras que hace la condesa, la mayoría están en un fuera de campo, es muy sutil al respecto.
La segunda, Bathory, protagonizada por Anna Friel, refuta la idea que la mayoría tiene sobre esta mujer, e insiste en que todo fue una trampa que le han hecho, porque era mujer sumamente poderosa y de la cual nadie se podía aprovechar. Por ejemplo, no se daba baños de sangre, eran baños de hierba que pintaban el agua de un color tan similar que la imagen era sumamente confusa.
Tanto a nivel cinematográfico como a nivel argumental, la primera me parece una opción mucho más interesante. La película es brillante mientras que Bathory se torna larga innecesariamente, parece ser una película hecha para la televisión y cuenta más que nada con una linda fotografía y diseño de vestuarios. Me dejó con mucho sabor a poco. El film de Julie Delpy vale muchísimo más la pena.
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