Sueño

Anoche tuve un sueño extraño que paso a describir en cuanto me acuerdo. Como siempre pasa con los sueños, imposible recordarlos con mucha exactitud y, al menos eso hago yo cuando alguno me llama mucho la atención o me fascina, comienzo a llenar huecos con productos de mi imaginación hasta tal punto de no saber distinguir qué soñé y qué inventé.

Veía en las noticias, por twitter y luego por la televisión, que Keira Knightley y Adam Levine habían muerto. Creo, o inventé quizás, que era por la caída de un avión.

Lo primero que pensaba yo era en lo mucho que me costaba caer en que una de las actrices que más me gustan, y de quien he visto casi todas sus películas, ya no iba a estar más. Las redes sociales parecían estar más conmovidas y shockeadas por lo de Adam Levine.

Pero entonces después la gente comienza a atar cabos y se termina descubriendo que eran amantes. Sí, mis sueños son extraños. La cuestión es que mi pobre Keira además de estar muerta ahora era centro de insultos y críticas por lo que había hecho. Como siempre, la mujer es la culpable en estos casos.

Bueno, ya no sé qué parte de mi sueño fue realmente un sueño y cuál, más inconscientemente que de otro modo, fui llenando yo.

Tampoco quiero imaginarme las cosas que pensaría un psicólogo (a la terapia no me le he animado) de las cosas que sueño (¿y de las que pienso? peor).

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¿Puede una canción de amor salvar tu vida?

Después del amor, llega la obsesión. Y así como hace poco me declaraba obsesionada con Lana del Rey hasta el punto de no poder dejar de escucharla en ningún momento, ahora di rienda suelta a otra obsesión mía, siempre sanitas. Ya conté que me gustó mucho la película Begin Again hasta el punto de formar parte de mis diez películas favoritas del año que nos dejó. Bueno, una de las peores o mejores cosas que pude hacer en mi vida es incluir el soundtrack de ese film en la playlist de mi ipod. Pero lo más reciente es mejor.

Si bien ya había escuchado el tema Lost Stars incontable cantidad de veces, armé en mi iPod una lista con sólo dos canciones. Mejor dicho: una sola canción, dos versiones. Y sí, Lost Stars es esa canción.

Y saber que fue nominada al Oscar y que el 22 de febrero va a ser interpretada en vivo sólo me emociona más. Sí, soy la tonta que se emociona así, con películas, con música. Porque cuando digo que pongo Lost Stars en continuado no es que lo hago pero en algún momento dejo de prestarle atención, como para quedar de fondo. No, cada una de las cientos de veces que la he escuchado, me quedo prestándole atención a la letra, cantándola para mis adentros o, si estoy sola como sucede más seguido ahora en mi lugar de trabajo por las vacaciones, en voz un poco más alta. Y me emociono. Es así.

Ahora, ¿qué versión me gusta más? Difícil. Ambas me fascinan, como les dije, intercalo entre una y otra. Y depende de mi día, de mi momento, me gusta más una u otra. Aunque creo que me corro un poquitito más para el lado de la de Keira.

Lo cierto es que esta es la canción que más me ha acompañado en los últimos meses, que más conoce mis recorridos en colectivos o en cafeterías por la tarde, o cada rincón de la oficina en que trabajo.

Mi top 10 de las películas del año

Lista confeccionada para Visión del Cine pero aquí expreso el por qué de cada una de mis elecciones.

1. The Grand Budapest Hotel. Porque que Wes Anderson llegue al cine siempre es razón para festejar pero además su última película es una oda al cine, llena de amor por sus peculiares personajes y con un elenco enorme que, aún en los pocos minutos que tienen algunos actores secundarios, le permite a cada uno brillar. De esas películas que causan risas y emoción, y te dejan con el corazón contento. Y no es poco.

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2. Boyhood. Porque Richard Linklater hizo algo más que filmar una película durante doce años con los mismos actores. Se dedicó a seguir a una familia, en especial al niño, con una naturalidad y honestidad, pero sobre todo mucho corazón, que parece que uno viera su propia vida reflejada, no importa cuántas cosas tengamos en común con ellos. Al fin y al cabo, expuso miles de las sensaciones universales (como la adolescencia y el no saber exactamente qué va a ser de tu vida, o el dolor del momento en que una madre ve a su hijo irse de su casa, por ejemplo).

3. Palo Alto. Porque apareció otra personita del clan Coppola demostrando que sus ganas de hacer cine vienen con conocimiento. Con cuentos de James Franco como base, Gia Coppola refleja la adolescencia como sólo alguien con una intuición tan precisa puede hacerlo, como aquel momento de caos a veces menos contenido que otros, lleno de incertidumbres y con las hormonas a flor de piel. Y con una Emma Roberts más linda que nunca.

4. Only lovers left alive. Porque los vampiros nunca fueron tan cools. Hermosos y sexy, sí, dos palabras que se asocian fácilmente al vampirismo. Pero acá Adam y Eva se aman desde hace una eternidad y aun así caminan de la mano, o se apoyan uno en el hombro del otro. Escuchan música o leen libros, mientras los humanos se destruyen o se convierten poco a poco en zombies.

5. Mommy. Porque odiamos a Xavier Dolan por tener sólo 25 años y hacer películas tan incuestionablemente interesantes. En este caso, con esta relación tan intensa entre una madre y un hijo problemático, en un formato cuadrado y con canciones pop hiper conocidas pero que uno al cantar entiende exactamente por qué suenan en cada uno de esos momentos.

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6. Begin Again. Porque además de las lindas voces de Keira Knightley y Adam Levine especialmente, la nueva película del director de “Once” es menos agridulce, más alegre aunque con su momento de melancolía y su final inevitable. “Pero somos todos estrellas perdidas tratando de iluminar la oscuridad”.

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7. Guardians of the galaxy. Porque últimamente blockbusters y películas basadas en cómics de Marvel o DC los hay por montones. Pero no todos logran no sólo contar una historia interesante, sino hacerla amena y llenarla de personajes queribles y simpáticos, y buena música marcada especialmente por la nostalgia. Porque todos somos Groot.

8. Aire Libre. Porque a veces es así, y una pareja no logra ser lo mismo que era cuando comenzaron. Y eso Anahí Berneri logró reflejarlo con mucha eficacia en esta película en la que pone a los dos bonitos de Celeste Cid y Leonardo Sbaraglia pero a discutir, a mirarse sin soportarse, a tocarse sin pasión y hasta a cantar “Provócame” de Chayanne en una versión mucho más cool.

9. Frank. Porque el sexy Michael Fassbender demuestra de nuevo ser algo más que una cara bonita, y en este caso no podía ser más literal: se pone una cabeza gigante durante el 90% de la película y aun así logra transmitir miles de emociones, casi queriéndonos hacer creer que podemos ver unos ojos tristes en los mismos que hace un rato vimos alegría al interpretar la música.

10. God help the girl. Porque vuelvo a lo mismo que ya varias películas mencionadas previamente me enseñaron: la música salva. Stuart Murdoch de Belle & Sebastien se animó a dirigir un musical con personajes ingenuos y encantadores, que en medio de sus soledades y tristezas se encuentran y comienzan a hacer música.

Me quedan muchas que no vi, no vi tanto cine argentino como me hubiese gustado por ejemplo, y muchas de las películas que más se mencionan para la época de premios acá no llegaron. Y no hace falta aclarar que es una lista muuuuuuuuuuuuuy subjetiva, ¿verdad?

Si el mundo se acaba, que sea a tu lado

Dodge y Penny se ven por primera vez, pero apenas se miran, apenas se registran. Se encuentran por primera vez en un llanto desesperado de ella y en la soledad de él a la que ya está acostumbrado. Y se prometen. Necesitan ayudarse a concretar cada uno su último deseo. El de ella, ver a sus padres; el de él, encontrar a su primer amor, quizás su único. Mientras tanto, afuera el mundo está por llegar a su fin.

“Pensé que de algún modo íbamos a salvarnos”, le dice ella cuando el final está cerca, eso que pasa afuera, que nunca vemos y que nunca nos interesa, porque sólo ellos importan, estas dos personas ordinarias que se juntan porque están solas, de lo contrario capaz ni se hubiesen visto. La chica amante de los vinilos y que cuando duerme es casi imposible de despertar. El hombre al que su mujer acaba de abandonar, pero la soledad lo encontró mucho antes.

“Ponerme al día conmigo mismo”, le dije Dodge que piensa hacer por el resto de su vida. Más adelante, cuando el tiempo que queda ya es menos, ella confecciona una lista de cosas que nunca va a poder cumplir, porque a veces necesitamos llegar a esos puntos límite para darnos cuenta del tiempo perdido: “No voy a perder el tiempo con la persona equivocada. No voy a perder el tiempo de mis padres presentándoles a un futuro extraño. No pasaré más días eligiendo que voy a usar en noches que no significan nada. Basta de preguntarme si estoy con la persona indicada o si es la persona con la que podría tener hijos. Todas esas preguntas ridículas. Es liberador. Así lo siento”.

Pensé que de algún modo íbamos a salvarnos. “Lo hicimos”, le contesta Dodge. Y nada más queda por decir, ellos logran salvarse, porque logran encontrarse.

Esta historia de amor tan rara como hermosa, con estos dos protagonistas a simple vista tan diferentes, es una de las que más me ha conmovido recientemente.

No se pregunta por qué cuando se trata de amor

En “Anna Karenina”, de Joe Wright, todo es bello. Keira Knightley es hermosa. Son hermosos sus vestidos. Y sus joyas. Y sus tocados. Es hermoso (aunque no me guste) Aaron Johnson, con un look tipo Tadzio (“Muerte en Venecia”). Son hermosos los decorados. Las coreografías.

Lo que hace Joe Wright con esta novela, es no sólo adaptarla para el cine, sino que lo hace acercándose y mucho a una adaptación teatral. No en el sentido “pocos escenarios, escenas muy dialogadas, actuaciones muy teatrales”, sino que él va más allá y muchas veces nos muestra el escenario en sí, transformándonos de manera más directa que nunca, en su audiencia. Pero así como “achica” algunos cuartos para que puedan entrar en el escenario del teatro, también agranda otros con el fin de hacernos sentir esa soledad, o esa marginalidad en la que sus personajes se encuentran inmersos.

En la película no sólo los bailes son coreografiados (y cómo, haciendo desaparecer al resto de la gente para centrarse en los dos amantes que de repente se olvidan del mundo). De hecho en alguna escena, da la sensación de que alguien (ajam Matthew MacFadyen) se va a poner a cantar.

“Al igual que Anna, yo siempre trato de ser mejor, pero los errores son inevitables en el camino de la vida”, dice Keira. Anna encuentra por primera vez la felicidad en un amor prohibido, un amor que es prohibido porque llegó tarde, con una Anna ya casada y madre. Y si bien muchas veces duda del amor que el otro siente por ella, seguramente más que nada por inseguridad porque esas dudas siempre aparecen en sus peores momentos, siempre tiene la certeza de que ella conoce la felicidad gracias a este amor, que antes cuando hablaba de amor en realidad hablaba de otro sentimiento que ella confundía por amor. Porque por momentos, todo parece ser un poco un histeriqueo. Pero es producto de la razón y el corazón que se pelean por dominar. “Lo mejor sería que te fueras”, y luego un “No te vayas”. El “No tengo vergüenza de lo que soy” antes de decidir salir públicamente para luego volver destrozada gritando “Si me amaras lo suficiente, me hubieses encerrado”.

“Anna Karenina” es rara, por momentos demasiado artificiosa, pero en el fondo, y esto creo que es más que nada gracias a Keira Knightley que parece haber nacido para estos personajes, logra expresar ese deseo (amor, yo creo que es amor) por alguien que está prohibido y que llega para atemorizarnos y luego controlar nuestras vidas.
No conocía la historia en su totalidad porque no he llegado a leer la novela pero sin duda alguna quiero hacerlo, sobretodo porque me da la sensación que que no se queda más que nada en esta historia de amor como sí lo hace el film.
Porque Anna tiene el único final posible para ella. SPOILER. Y está marcada por el tren, ése que le presentó su amor, y hoy se lleva su vida.

Somos cómplices los dos

Last Night cuenta paralelamente dos noches que son la misma.

Una es la de Michael, el marido, frío, que intenta no tentarse con Laura, su compañera de trabajo que no para de provocarlo (Eva Mendes, quien me parece muy poco atractiva por cierto, y bastante mala actuando). Michael hace un viaje de negocios, donde por supuesto ella va, y de quien su mujer, Joanna, ya comienza a sospechar. Trillada y aburrida, que no tiene más que ver con la atracción sexual, no importa las conversaciones que tengan sobre sus parejas y su perspectiva de estas relaciones.
La otra, la parte más interesante, es la noche de Joanna, una escritora que ya no escribe, excepto artículos, espontánea, que disfruta de fumar y beber a veces un poco demás. Aquel mismo día que se queda sola se cruza con Alex, un amor del pasado que es evidente que nunca olvidó. Una noche tienen, pues él al día siguiente viaja. Es una noche entre dos personas que se conocen, aunque ya no estén al tanto el uno del otro, que se miran, se ríen, se abrazan y cada tanto se confiesan. Recuerdan y se reprochan y tratan de entender por qué no están juntos.
Mientras que la otra historia pasa más por lo sexual, ésta pasa más por lo romántico. Es más inocente y cómplice. Y más triste. Y la química que tienen ambos actores (Keira Knightley y Guillaume Canet) es inversamente proporcional a la que tienen Sam Worthington y Eva Mendes, que no me gustaron ninguno demasiado en este film.

In the middle of the night when I can’t sleep, I still reply you.

Si conoceré esa sensación. Agradable y horrible a la vez.

Last Night puede ser vista como una película sobre la infidelidad. Pero no creo sea sólo así. Para mí es una película sobre las elecciones que hacemos en nuestra vida. Es una película que supo conmoverme, estremecerme y quizás un poquito lagrimear.

What I wouldn’t give to have tired of you.
 
Esas historias que nos llenan pero a la vez no parecen haber nacido para ser compartidas, sino para guardarse para uno (por algún motivo, cuenta ella, ni siquiera en momentos de mucha felicidad con su marido, o de cierto emborrachamiento, nunca sale a la luz). Para recordarnos cómo somos y cómo sentimos. Aunque nuestra elección sea la más correcta y segura y por lo tanto menos apasionada.

No me dejes ir

None of you will go to America. None of you will work in supermarkets. None of you will do anything, except live the life that has already been set out for you. You will become adults, but only briefly. Before you are old, before you are even middle aged, you will start to donate your vital organs. And sometime around your third or fourth donation, your short life will be completed. You have to know who you are, and what you are. It’s the only way to lead decent lives.

Sobre Never Let Me Go no sabía prácticamente nada. Sólo conocía a sus protagonistas y como mucho había visto algún que otro still del film. Por la estética, me imaginaba un drama romántico.

Si, en parte lo es. Pero además es una película de ciencia ficción y de horror. Si digo de qué se trata, muchos la asociarán con una de las malísimas películas de Michael Bay, The Island. Pero por suerte no, no se le parece en nada.
Los tres protagonistas de niños son criados en una especie de escuela idílica, donde aprenden, juegan e interactúan entre ellos. Lo que no saben y no son conscientes, es de que, como les advierte una maestra que tras el discurso es despedida, ellos no tienen un futuro como el resto de las personas del mundo. Estos niños fueron creados genéticamente para que, en la eventualidad, donaran sus órganos.
En el trío protagonista sucede que hay dos personitas enamoradas (Carey Mulligan y Andrew Garfield, tan distinto de su Wardo) que tras una especie de trampa de parte de la tercera (Keira Knightley) no pueden estar juntos porque ella lo ‘atrapa’ primero.
El tiempo pasa, ellos crecen, se acercan a su objetivo, y se separan. Kathy (Carey) se vuelve cuidadora. Con eso retarda un poco más sus donaciones pero a la vez es testigo de tantas otras. Y gracias a este trabajo vuelve a encontrarse con una ya bastante devastada Ruth (Keira). Ruth fantasea con un viaje y juntas van a buscar a Tommy (Andrew) para realizarlo. Allí, se enteran que el motivo de Ruth era otro: les confiesa que no quería estar sola por eso se quedó con Tommy pero que sabe que son ellos dos los que están enamorados y les da un dato sobre una posible postergación para sus donaciones que se les da a los que están realmente enamorados.
El filme es de un ambiente opresivo. Por momentos, los personajes parecen un poco distantes. Y es triste. Es triste ver cómo se manejan estos personajes que saben están destinados a una vida tan corta. Y cómo se aferran a una leve esperanza que tan rápidamente se desvanece.
Sin duda es una experiencia que no dejará indiferente.
té de flor

lettering, bullet journal, infusiones, libros, labiales y lugares.

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Lugar donde entierro las palabras y sentimientos que surgen de la voz de mi inconsciente, la cual es sutil, pero no descansa hasta ser escuchada.

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