Hace 20 años…

…Wes Anderson lograba estrenar su primer largometraje, Bottle Rocket.

Y como escribe, Criterion, unos chicos de Texas cambiaron el cine norteamericano.

20 años de mi cine favorito.

Por qué creo que Wes Anderson merece ganar en los Oscars

Se acerca la fecha. El domingo es el gran día. Bueno, les dejo un artículo que escribí para El Espectador Avezado. Porque como me conocen mucho por acá, él es mi gran ídolo y por lo tanto el texto no deja de ser muy personal, no importa cuánto intente ser objetiva.

Escribir sobre este hombre es algo que me resulta tan fácil como difícil, así de contradictoria como soy con muchas cosas en mi vida. Por un lado, me encanta explayarme sobre él, y podría hacerlo por horas. Por el otro, me es difícil organizar todo lo que hay en mi cabeza.
Son muchos los méritos que tiene Wes Anderson y su última película, El Gran Hotel Budapest, para llegar a ser una de las dos películas más nominadas a los Oscars y que ya tiene en su haber otras estatuillas como la de los Golden Globes o la del sindicato de guionistas (Writers Guild Awards). Uno, es que se convirtió en un impresionante éxito de taquilla, sorprendente incluso para un director cuya película anterior, Un reino bajo la luna, ya empezaba a mostrar atisbos de encantar a gente que no solía gustar de su cine.
Además, El Gran Hotel Budapest es de las películas nominadas que más temprano se han estrenado en el año, por lo que el hecho de que se la siga teniendo tan en cuenta habla de algo que no es fácil de pasar por alto, un producto que vale la pena seguir teniendo presente. Y de paso, el film logra algún reestreno (sucedió en algunas ciudades de EE.UU. pero también en nuestro país).
Pero el detalle principal que hace especial, al menos para quien les escribe, una ferviente admiradora de su cine desde hace diez años, es el hecho de que Wes Anderson no tuvo que cambiar o abandonar su esencia para llegar a donde está ahora. Mientras en una época el director tenía su círculo de fanáticos pero también una horda de detractores (que los sigue habiendo, pero el bando ya no es tan claramente delimitado), y parecía estar destinado a ser un director al que sólo se lo podía amar u odiar, logra llegar a más gente con una historia que tiene muchos de los rasgos de su cine y una impronta visual con cada uno de sus sellos y más consciente que nunca de su estilo.
Wes Anderson no cambió para enamorar a Hollywood, maduró, sí, pero siguió siendo tan fiel a sí mismo como lo fue siempre.
¿Quién es este director? Es difícil imaginar que hoy en día alguien que disfrute del cine no sepa quién es Wes Anderson. El joven director oriundo de Texas y estudiante de Literatura comenzó a escribir guiones para luego filmarlos junto a su amigo Owen Wilson y sus hermanos.
Mientras su carrera comenzó con el pie derecho, con el corto seleccionado por Sundance y la posibilidad de hacer su largometraje homónimo, Bottle Rocket, la carrera de Wes Anderson no fue toda cuesta arriba.
Con su primer largo no le fue bien pero al menos pudo captar la atención de alguien como Martin Scorsese, con quien luego intercambiaría películas europeas que le sirven de inspiración para cada uno de sus películas, y conversaciones interminables sobre cine.
No importa que una de sus mejores obras sea su segunda película, Rushmore, donde además descubre, como dice el crítico Matt Zoller Seitz (que escribió el bello libro que todo fanático del director debería tener en su casa, The Wes Anderson Collection), que Bill Murray estaba triste.
Recién para su tercer largometraje Wes Anderson logra un elenco multiestelar, el primero de varios, y sigue sumando gente a su grupito de actores que repitirá película a película, como Anjelica Huston. Hablo de Los excéntricos Tenenbaums, una comedia agridulce sobre una familia con niños que prometían ser genios pero en su adultez son fracasados y se encuentran deprimidos, que viven con la sombra de un padre que los abandonó y que para recuperarlos alude a una falsa enfermedad terminal.
A Los excéntricos Tenenbaums le va bien en crítica y taquilla y es entonces cuando el director tiene la posibilidad de filmar con un presupuesto mucho mayor al que acostumbraba. Disney le produce la aventura de La Vida Acuática de Steve Zissou, con Bill Murray como un oceanógrafo que acaba de perder a su mejor amigo por un tiburón jaguar al que quiere cazar sólo para matarlo. Pero esta vez no le va bien y el film termina siendo un fracaso, lo que convence al director de volver a filmar con presupuestos pequeños. Y tras un viaje por la India junto a Roman Coppola y Jason Schwartzman, los tres escriben el guión de Viaje a Darjeeling, una historia sobre tres hermanos que vuelven a encontrarse tras la muerte de su padre para realizar un viaje espiritual a través de la India, que no va a salir para nada como estaba planeado.
Sin embargo, cuando se hablaba sólo de cómo Wes Anderson continúa repitiéndose a lo largo de sus películas, él se anima a realizar Fantastic Mr. Fox, que se caracteriza por ser su primera película animada, con la técnica del stop motion, y además su primera adaptación (antes eran sólo historias originales escritas en compañía de algún amigo como al principio lo fue Owen Wilson), de un cuento de Roald Dahl. El resultado es un film muy peculiar, de aquellos que probablemente disfruten más los adultos que los niños.
Y en su próxima película, pone a dos niños como el centro de la historia. Decide mostrar el amor inocente entre dos niños que quieren escaparse para estar juntos. Un reino bajo la luna es una historia de amor con inocencia pero en la cual los chicos no actúan como la mayoría de los niños, sino que parecen más adultos que los propios adultos, los cuales se encuentran inmersos en sus traumas y tristezas. Y Wes Anderson logra encantar por primera vez a un público más amplio, que se enamora con los protagonistas de esta historia.
Entonces aparece El Gran Hotel Budapest, una película ambiciosa, que desborda de su estilo visual, con un elenco multiestelar comandado por un Ralph Fiennes nunca visto antes (si me preguntan, la nominación que le faltaba a la película era ésta).
Wes Anderson no deja de ser él mismo e introduce temáticas recurrentes: repite la presencia de un narrador, como el de Los excéntricos Tenenbaums, pero acá le pone rostro; el protagonista, un hasta el momento desconocido Tony Revolori, es huérfano y va a encontrar a su familia en este hotel; hay muerte, pero esta vez ésta se encuentra multiplicada mientras Anderson se permite introducirse al género de policial pero sin abandonar su peculiar humor; y hay una historia de amor entre jóvenes que “estábamos completamente solos en el mundo y profundamente enamorados”.
¿Quién no querría ser un botones en el hotel Grand Budapest? El amor que Wes Anderson le imprime a cada una de sus películas, donde trabaja siempre con una sonrisa en su rostro (y si no me creen los invito a ver los detrás de escena de cualquiera de sus películas, que se encuentran tanto en los extras de los dvds como online) y está atento a cada detalle, sin dejar un objeto, un color, una sombra, una canción (porque la música es fundamental en cada una de sus películas) librada al azar. Así, siendo más él mismo que nunca, enamora a un público que en los primeros días tras su estreno logra recaudar 800.000 dólares en sólo cuatro salas.
¿Merece El Gran Hotel Budapest ser ganadora en los Oscars? Es obvio no puedo contestar otra cosa que sí, absolutamente. Aun cuando intento separarme de mi admiración incondicional hacia todo lo que hace este hombre, no puedo dejar de pensar el avance que sería en una academia generalmente tan predecible y correcta decida jugarse por premiar un film como este. De todos modos, la cantidad de nominaciones que recibió es un logro impensable hace apenas unos pocos años atrás para el director.
Ahora, ¿tiene buenas chances la película? Si me preguntan, creo que la única de las estatuillas principales que realmente tiene chances de llevarse es la de Mejor Guión. Entre Birdman y Boyhood se disputarán las categorías principales y ninguno de ellas debería ser al menos en esa terna una fuerte competencia para la película de Wes Anderson. Después, claro, entre tantas nominaciones, algunas técnicas, como Mejor Producción de Diseño por ejemplo.
Pero vuelvo a resaltarlo: que hoy una película de Wes Anderson esté nominada a 9 premios Oscars es algo que ni yo, que lo quiero y lo apoyo en todo lo que hace, hubiese podido predecir. Pero lo hizo, y si bien siempre digo que estos premios para mí no son garantía de nada (sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de las ganadoras nunca son las que yo premiaría), no deja de ser un reconocimiento enorme y que le seguirá abriendo puertas, si es que acaso él necesita más, para hacer lo que quiera, para seguir construyendo universos hermosos y únicos en los cuales me gustaría encerrarme a vivir.

Fathers, fathers everywhere

Así es el cine de Wes Anderson. Lleno de padres. Aún cuando no tiene intenciones de que así sea; en alguna entrevista sobre The Darjeeling Limited comentó que al tener como protagonistas a tres hermanos a los que se le había muerto el padre, esta figura no iba a estar presente como siempre, pero entonces se dio cuenta de que lo iba a estar más que nunca. Y de hecho, su quinta película es sin duda en la que el padre como figura toma mayor relevancia. Pero en ninguna brilla por su ausencia.

En su primer película, “Bottle Rocket”, no hay padres, y que no lo haya no es un dato menor. Sus protagonistas, Dignan por sobre todo, están perdidos. Y es por eso que cae ante la figura de Henry, porque encuentra en él a un mentor. Mientras que Bob se refugia, ya cerca del final, en su hermano mayor con quien tiene una relación problemática.

En “Rushmore”, Max perdió a su madre y tiene como padre a un barbero al que no termina de aceptar como tal. No lo hace porque Max nunca aspira a cosas pequeñas, por eso miente y dice que es un neurocirojano. Y a la vez, Herman Blume es padre de unos mellizos toscos que no toleran, a su modo, el divorcio de sus padres.

Para su tercer película, Wes Anderson hace más que reunir un gran elenco. Pone a la familia como el centro de todo, como esa palabra que no es una palabra, sino una oración. Y en esta película de muchos personajes, dos de los que mejor terminan relacionándose son un padre y un hijo. Chas y Royal.
Chas es padre pero también es viudo y vive con miedo a que le pase algo a sus hijos. Y además, siente con mucho dolor la ausencia de su padre durante prácticamente toda su vida, ya que él nunca reparó en disimular su preferencia hacia Richie. Cuando los Tenenbaums se separan, las invitaciones de Royal sólo se extienden a Richie, dejando a Chas y a su hija adoptada, Margot, de lado. Pero nunca es tarde, o eso nos gusta creer. Y Royal vuelve por las razones equivocadas pero se termina quedando por las correctas. Y todo se resume en estas palabras:
Y a la vez que Royal descubre también su rol como abuelo, Chas se permite acercarse a él tras un “año muy difícil”, y termina acompañándolo en sus últimos momentos de vida, siendo el único testigo de su muerte.
 
Su siguiente película, vuelve a poner en foco a un padre que no asume su rol de padre hasta que, quizás, es muy tarde. Es cierto que en un principio, Steve tiene la excusa perfecta, que nunca supo de su hijo, pero a la larga sabe y Ned lo descubre que eso no es del todo cierto.
Pero a veces uno nunca quiere algo hasta que se da cuenta que no es así. Y cuando Steve, que nunca quiso ser padre y nunca va a poder serlo por culpa del océano al que le dedicó toda su vida, lo pierde a Ned se da cuenta de lo mucho que le hubiera gustado adoptarlo más allá de su edad.
Y como Wes Anderson a veces parece que tiene muchas cosas para decir sobre un mismo tema, o quiere hacerlo de diferentes maneras, es que en su quinta película, “The Darjeeling Limited”, como decía anteriormente, si bien no quiso hablar inicialmente sobre padres toda la película termina girando ante esta figura. Porque Jack, Peter y Francis viven con el equipaje que su padre les dejó, les pesa pero no lo sueltan, todavía no están preparados. Primero necesitan descubrirse, localizarse y conectarse el uno con el otro y consigo mismos. Necesitan ser testigos del dolor de un padre al que se muere su hijo, un niño al que Peter no pudo salvar, Peter, que tiene a su mujer a punto de parir en otro lado del mundo, porque nunca imaginó que iba a llegar a ser padre, si incluso cuando se casó pensó que eventualmente terminarían divorciados (“¿no es así como terminan todas las parejas?”, seguramente habrá pensado).
Con “Fantastic Mr. Fox” hay una aparente ruptura en la filmografía del director, pero lo cierto es que el film es rápidamente identificable como un producto suyo (sí, es animado; sí, se animó al stop motion, y sí, no es por vez primera una historia original suya) el Sr. Fox es la figura del hombre de la casa, del padre. Es el que tiene que darle de comer a sus hijos, y proveerles las enseñanzas que le servirán el resto de sus vidas. Pero este Mr. Fox es también, como todos o casi todos los personajes de Wes Anderson, un niño en un cuerpo de adulto. Y como Max Fischer, no quiere aspirar a cosas pequeñas.
En “Moonrise Kingdom”, esa bella historia de amor entre dos niños muy adultos que deciden escaparse para estar juntos, la figura del padre se encuentra presente de diferentes formas. Sam no tiene padres, es huérfanos, y la familia que lo adopta no tarda en darse cuenta que quieren deshacerse de él ante el menor problema. Suzy tiene un padre que casi no está, es decir, se lo ve, está ahí, pero es casi como un fantasma, está como ausente. Es un marido y padre que sólo funciona por inercia, que siente hastío, aburrimiento y no hace nada para cambiarlo. El scout master, el Edward Norton que desde hacía tiempo había querido ver en una película de este director, va a sentir empatía cuando se entera que Sam es adoptado, es el momento en que deja de estar enojado consigo mismo por perder a uno de sus niños para comprenderlo. Y quien va a cumplir finalmente con el rol de padre es el policía, un Bruce Willis melancólico que adopta a Sam.
Y por último, “The Grand Budapest Hotel”, en otra película que, a lo “The Royal Tenenbaums”, está llena de actores y personajes y por lo tanto de historias.Con un comienzo con un autor que no sólo narra la historia en cuestión, sino que en esos pequeños minutos vemos interactuar con un niño, en esta película la figura paternal más importante está en el entonces desconocido Tony Revolori como Zero, que es huérfano y llega a este país escapando de la guerra que lo dejó sin familia. Y la figura del padre reside en su mentor en el hotel y en la vida, Mr. Gustave, un Ralph Fiennes brillante, que irradia sobre todo mucha calidez y es quien le deja todo su legado.
 
Así son los padres en el cine de Wes Anderson. Ninguno se siente como tal, muchos no quisieron llegar a serlo, y otros nacieron naturalmente ante la necesidad de alguien más. Se equivocan, se redimen, desaparecen, vuelven a aparecer… y sin dudas son inolvidables.

El mundo de Wes Anderson

Hace sólo unos días se lanzó un libro titulado “The Wes Anderson Collection” con fotos y datos y experiencias que recopila el crítico de cine Matt Zoller Seitz. Lo había fichado desde hace tiempo, en que en bookdepository.com (página que recomiendo para comprar libros de afuera) se podía pre ordenar. Y hace unos días que ya salió el ejemplar que me pedí, pero hace tan poco que MÍNIMO dos semanas tendré que esperar hasta poder tenerlo en mis manos.

El tema es que de repente aparecen en sitios como Vulture pequeños adelantos. Y este realmente me pone la piel de gallina. Pocas personas pueden comprender lo mucho que el mundo de Wes Anderson significa para mí, y en especial, el de los Tenenbaums, esa familia tan perfectamente imperfecta. Debo confesar que pasaba tras estas fotos y los ojos se me tornaban lagrimosos. The Royal Tenenbaums para mí es un mundo, un mundo al cual me encanta escaparme cada dos por tres. Porque es hermoso así, nostálgico, melancólico.

Les dejo las fotos, en el link a Vulture que puse arriba podrán leer los maravillosos textos que las acompañan que son de la misma persona que toma las fotografías. Las fotos son de Laura Wilson, sí, adivinaron, tiene algo que ver con los hermanitos Wilson, es ni más ni menos que la madre, que se dedica justamente a la fotografía.

Miren y suspiren.

Dos reseñas mías publicadas en Cinevivo.org

Primero y principal, ya van a ir saliendo el resto de mis reseñas del BAFICI. Ando reacomodándome. Intentaré esta semana terminarlas a todas.

Ahora sí. Les dejo dos notas que se pueden leer ahora en cinevivo.org firmadas por mí. Una, es sobre Un Amour De Jeunesse (que ya publiqué entre mis primeros posts sobre el BAFICI). Y la otra, sobre mi queridísima Bottle Rocket. Les adjunto esta última, ya que no la publiqué en el blog:
Bottle Rocket es el primer largometraje que dirige Wes Anderson, ese director al que se lo ama o se lo odia, y yo personalmente amo, pues es mi director preferido, fuente constante de inspiración para mí. Por aquella época, Wes Anderson estudiaba literatura junto a Owen Wilson en la Universidad de Texas y juntos comenzaron a escribir el guión de un cortometraje. Wes cuenta que siempre le gustó escribir y tuvo en claro que quería hacer eso, pero constantemente aparecían películas en su cabeza. El corto se filma siendo protagonizado por, en aquel momento, tres desconocidos Wilsons (los tres hermanos, Owen, Luke y el menos reconocido Andrew). Por cosas del destino, el cortometraje llega a manos de unos productores que se interesan en hacer la película. Para sorpresa del director, incluso le proponen que mantengan ese ‘elenco de desconocidos’ aunque sí una figura habría que agregar para que llame la atención entre la gente. Y así aparece James Caan en el proyecto. Años después, Wes diría en una entrevista que siempre pensó en Bill Murray (que desde su segundo largometraje trabajó siempre con él) pero no tuvo modo de contactarlo.
 
La película se estrena pero termina siendo un fracaso en la taquilla. Aún así, empieza a cosechar buenas críticas y a medida va pasando el tiempo, va juntando muchos adeptos en la época del videoclub. Esto es un poco histórico y anecdótico. Hablemos del film en sí.
 
Wes Anderson se presenta desde el vamos como un realizador visionario. Con poco presupuesto y filmada en Texas, esta pequeña gran película cuenta la historia de tres amigos que tienen en común algo que tienen casi todos los personajes protagonistas que concibe Wes Anderson: son niños en cuerpo de adultos. La película empieza cuando Anthony (Luke Wilson) escapa de un hospital voluntario con la ayuda de su amigo Dignan (Owen Wilson) y se junta con Bob (Robert Musgrave), niño rico, que sufre siempre el abuso de su hermano Futureman (Andrew Wilson), y el único que puede proveer un auto al equipo. James Caan es Mr. Henry, el hombre al cual Dignan admira y aspira a ser como él.
 
Durante esta aventura pocas son las cosas que les salen bien. Estos tres ‘perdedores’ a los que se les toma cariño inmediatamente dan vida a una película con un humor sutil y un tono encantador. Como si fuera esto poco, Wes Anderson, que siempre está metido en cada rama del cine, sabe elegir cómo musicalizar sus escenas y, en este caso, hace algo increíble con la canción 2000 Man de los Rolling Stones (banda que siempre suele sonar alguna vez en sus películas). Aparentemente las cosas no se dan, pero como dice Dignan en algún momento, ‘¿Lo hicimos, verdad?’. Anthony encuentra el amor, Bob logra enmendar la relación con su hermano, y Dignan… Dignan termina sin rencores y optimista. Sin duda, es uno de los mejores papeles que Owen Wilson haya interpretado. Y como hizo varias veces el director, su último plano es en cámara lenta, como si él quisiera aletargar ese momento para que no termine tan pronto.
 
El Bafici fue una gran oportunidad para ver esta película en pantalla grande, sobretodo porque aquí nunca pasó por los cines. Es una película que no envejece. Como me pasa con las películas del director, siento que cuando se vuelven a ver éstas gustan incluso más. Ojalá no hayan perdido la oportunidad de disfrutarla en el cine.

El cine de Wes Anderson: The Darjeeling Limited


Esta vez, Wes Anderson se reúne con Jason Schwartzman y Roman Coppola para escribir la historia de tres hermanos que no se ven desde hace un año, fecha en la cual se sucedió el funeral de su padre, una muerte que aún no han sabido superar, una figura que no deja de estar muy presente en sus vidas.

Uno de estos tres hermanos, el mayor, interpretado por un Owen Wilson que ya no escribe pero por lo menos siempre está en las películas del director, que viene de tener una experiencia muy cercana a la muerte, propone realizar un viaje espiritual a través de la India junto a sus dos hermanos, un Adrien Brody brillante en la piel de un hombre que se casó enamorado pero no esperaba tener hijos porque sabría eventualmente se divorciaría (¿acaso no le sucede a todas las parejas?) sin embargo tiene a su mujer embarazada y muy cerca de dar a luz y aún así la deja, y un Jason Schwartzman interpretando al menor de los Whitman, quien escapa de una relación con una mujer a la que no puede olvidar, escribe historias que jura son absolutamente ficticias (pero da la casualidad se parecen mucho a hechos de su vida) y se deja usar por alguna bonita mujer que se le cruza en el camino.
Lo que Francis (Owen) no les dice, es el verdadero motivo del viaje. La idea espiritual no es más que un disfraz, lo que él en realidad quiere es ir a buscar su madre, figura siempre muy ausente en sus vidas (por lo cual ellos se sintieron siempre tan pegados a la figura paterna), que se convirtió en monja y tiene cierta necesidad de ayudar a estos niños como pocas tuvo de madre para con ellos.
Con el humor al que Wes Anderson nos tiene acostumbrados, el viaje en tren se dará entre diferentes percances, uno de los cuales derivará en la expulsión que los dejará varados en el desierto. Y como últimamente él se ha tornado más melancólico que de costumbre, nos regala alguna escenita más triste que el resto. Si de algo peca esta película, es de ser demasiado wesandersoniana. Por eso, es imposible que no nos guste; aunque no esté entre sus mejores películas, es una de mis preferidas.


¿Qué más puedo decir? Disfrútenla pero antes, no se olviden de ver Hotel Chevalier.

El cine de Wes Anderson: The Life Aquatic with Steve Zissou

Let me tell you about my boat.

Wes Anderson sigue en el terreno que mejor conoce. La figura del padre ausente. En este caso, no adrede.

Ned Plimpton va a ver a Steve Zissou tras la muerte de su madre, diciéndole que es muy probable que sea su hijo. Zissou lo intenta, pero ser padre le cuesta. Es que, como él mismo confiesa, “I hate parents and I never wanted to become one”.
A esto le agregamos el contexto de un equipo (Team Zissou) que se dedica a hacer documentales, pero no les va muy bien. Además Steve acaba de sufrir la muerte de un gran amigo suyo a manos de un, como él lo bautiza, tiburón jaguar. Es por eso, que su nuevo documental tendrá cómo hilo narrativo la búsqueda de este tiburón para matarlo, así simplemente, por venganza.
Por supuesto las cosas no le van muy bien, hay muchas situaciones absurdas, y, si bien es una comedia, Wes Anderson hace algo muy parecido a lo que hizo en The Royal Tenenbaums, que es en algún momento volverse un poco más trágico de lo que esperamos, siendo muy probable que nos haga llegar a derramar alguna lagrimita (y yo que no soy nada sensible y que las películas de Wes Anderson no me llegan en lo absoluto…).
Bill Murray es esta parodia de Jacques Yves Costeau. Owen Wilson (que es la primer película del director que no co-escribe, dejando este cargo en manos de Noah Baumbach) es Ned Plimpton, este supuesto hijo. Anjelica Huston es Eleanor, la esposa de Steve, que lo deja no muy empezada la película, y es el cerebro del equipo. Cate Blanchett es una periodista embarazada que va a complicar también bastante la relación entre Zissou y Plimpton, y de quien nunca sabremos exactamente de qué escapaba. El elenco lo completan Michael Gambon, Jeff Goldblum y Willem Dafoe, entre otros.

Algo genial en la música de la película, es que además de la música compuesta por Mark Mothersbaugh nuevamente, y algunas canciones como de David Bowie, o Iggy Pop, o incluso Devo, en la película actúa Seu Jorge interpretando a uno de los miembros del equipo, Pelé Dos Santos. Y es él quien interpreta varias canciones de David Bowie traducidas por él mismo al portugués. Y créanme, no tiene desperdicio alguno. Si no me creen, les dejo uno de los temas:

 

El cine de Wes Anderson: Bottle Rocket


El primer largometraje de Wes Anderson, surge después de un corto que él hace con los hermanos Wilson en su época de facultad. Un corto en blanco y negro que cuando una pequeña productora lo ve, ofrece convertir en largo.

Sin poner muchas presiones, el elenco de desconocidos deciden mantenerlo pero sí quieren agregar una figura para que sirva de gancho. Y allí aparece James Caan. En entrevistas más recientes (bueno, no tanto, si no me equivoco eran de la época en que Wes promocionaba The Darjeeling Limited) Wes habló que le habría gustado hubiese sido Bill Murray pero en su momento no habían logrado contactarlo.
La película trata sobre tres perdedores, tres adultos en cuerpo de niños. Uno de ellos es Anthony, interpretado por Luke Wilson. La película empieza cuando él se escapa de una especie de instituto mental pero voluntario. Esto lo hace con la ayuda de Dignan, un Owen Wilson genial, quien arma un plan de 75 años en los cuales incluye conocer a Mr. Henry (James Caan), el hombre que lo despidió. Con la ayuda de Bob (o mejor dicho de su auto), los tres se emprenden en una aventura como delicuentes que sólo les servirá para: Anthony conocer a una paraguaya de la cual se enamora, Bob arreglar la relación con su hermano Futureman (el tercer Wilson, Andrew) y Dignan, termina engañado, traicionado pero con aires optimistas.
El film fue un fracaso comercial pero con el tiempo logró muy buena aceptación de los críticos y ya gracias a los videoclubs hubo gente que fue descubriendo al joven director. Lo que le permitió seguir filmando. En mi siguiente post, les hablo de su segundo film, Rushmore.
Aquí pueden ver cómo comienza el corto. Y les dejo el link de una página de admiradores que tiene mucho material sobre la peli, incluyendo ambos guiones.

Medianoche en la ciudad de las luces


La nueva película de Woody Allen me ha encantado. Me hizo acordar bastante a mi película preferida del director, ‘Purple Rose of Cairo’, por el tono de fantasía y el anhelo por algo irreal (en este caso es real, pero pasado, un pasado que nunca se vivió).

El protagonista, mi amado Owen Wilson, un poco menos verborrágico a lo que acostumbran los protagonistas de las películas de Woody Allen, es un escritor enamorado de París, pero sobretodo la París de la década del 20. Un escritor un poco frustrado, ya que trabaja como guionista para Hollywood, con ganas de convertirse en un gran escritor de novelas.
Comprometido con la hermosa Inés (Rachel McAdams), una mujer realmente insoportable (del estilo de Christina Ricci en ‘Anything Else’ o Scarlett Johansson en ‘Match Point’), posesiva y caprichosa. A diferencia de su pareja, no viviría ni loca en París; quiere quedarse en Estados Unidos y prefiere que su marido trabaje como guionista.

Una noche, un poco borracho, un poco perdido, Gil se encuentra con un auto que lo invita a su añorada época dorada, al mismo momento que suena la campana que indica la medianoche.
Allí, Gil, entre encuentros con célebres figuras que ha admirado toda su vida, como Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí y Cole Porter, entre otros, aunque confieso algunos me han parecido un poco caricaturizados, pero no me quejo, tiene que ver con el tono. Es cierto que al principio le cuesta a Gil creerlo, piensa es un chiste o algo raro, pero inmediatamente se deja sumergir en este mundo tan querido por él y gracias al cual encuentra su inspiración para escribir.

Se enamora de una mujer de otra época, que lo termina abandonando para irse a lo que es para ella la época de oro, la Belle Epoque, donde Degas y Gauguin coinciden en que para ellos, el Renacimiento fue mejor. Sí, de mensaje fácil, “siempre añoraremos lo que no tenemos en lugar de disfrutar del presente en el que vivimos”, Woody Allen nos regala una linda historia de amor enmarcada en la preciosa París.
Destaco la gran actuación de Owen Wilson, sus gestos, su modo de hablar, creo que es una de sus mejores interpretaciones.

Alison Pill y Tom Hiddleston como Zelda y F. Scott Fitzgerald. Corey Stoll como Ernest Hemingway. Adrien Brody como Salvador Dalí. Kathy Bates como Gertrude Stein.

Películas sobre familias #10: The Life Aquatic With Steve Zissou

Sé que dije que no iba a poner más películas de Wes en esta lista rara de películas sobre familias que ni siquiera están en el orden preciso en el que las publico pero es que si hay tres películas de Wes Anderson, mi futuro marido, que retratan con genialidad, y varios recursos más, lo que son las familias disfuncionales, son éstas: The Royal Tenenbaums, The Darjeeling Limited y sí, The Life Aquatic With Steve Zissou.

Si hasta está la frase que para mí mejor lo define todo: “I hate parents. And I never wanted to become one“.

Para quienes no lo saben, la película protagonizada por un Bill Murray más brillante que nunca, es el primer largometraje que Wes Anderson no escribe con Owen Wilson (una pena, de aquí en adelante, hasta ahora no han vuelto a hacerlo), para hacerlo con, otro mencionado ya por estos pagos, Noah Baumbach. Una especie de parodia de Jacques Yves Cousteau (a quien Wes Anderson ya citaba en películas anteriores, más claramente en Rushmore con la frase suya que escribe en el libro). Una aventura.

You don’t know me, you don’t want to know me… I’m just a character in your stupid film.

Steve es un oceanógrafo que filma documentales junto a su muy singular equipo. Está casado con Eleanor, el cerebro del equipo, que poco después de empezada la película lo abandona. La película empieza con una conferencia de prensa en la cual Steve cuenta cuál va a ser su próxima expedición: ir en busca de un tiburón jaguar -como él lo bautiza- que se comió a su mejor amigo, para matarlo, por el simple hecho de vengarse. Pero entonces aparece Ned Plimpton, interpretado por el infaltable Owen Wilson, que le dice que podría llegar a ser su hijo.

No quiero contarles demasiado de la película porque sé que me voy a extender demasiado describiendo pequeños momentos, pero es que la película, que fue producida por Disney y un fracaso de taquilla, a mí me parece una genialidad.

No olvidar las canciones de David Bowie cantadas, interpretadas y traducidas al portugués por el mismísimo Seu Jorge (que interpreta a Pelé Dos Santos). A Cate Blanchett, como Jane Winslett-Richardson, la periodista embarazada de la cual nunca sabemos con exactitud de qué se está escapando. A Willem Dafoe como Klaus, en un personaje aniñado, divertido, celoso. En fin, el elenco que lo completa es de lujo, Michael Gambon, Jeff Goldblum, Noah Taylor. No olvidar tampoco las imágenes animadas de extrañas criaturas cortesía de Henry Selick.

El final, es perfecto. Si bien la película es una comedia, es más bien tragicómica. Hace llorar. A mí me hace llorar. Con la excepción de Fantastic Mr. Fox, Wes se ha vuelto cada vez más asiduo a mostrarnos escenas muy dramáticas. Y esta quizá esté en la cumbre de todas.

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"La mujer que lee, almacena su belleza para la vejez''.

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este blog no va a cambiar el mundo, pero me servirá para escribir sobre música.

No me Olvidé de Vos

Cartas entre personas que todavía creen en las cartas.

El segundo estante a la derecha

Blog literario donde comentar y compartir lecturas de diferentes temáticas