Hace 20 años…

…Wes Anderson lograba estrenar su primer largometraje, Bottle Rocket.

Y como escribe, Criterion, unos chicos de Texas cambiaron el cine norteamericano.

20 años de mi cine favorito.

Mis parejas favoritas del cine

San Valentín es una fecha que para mí, no significa nada. Ya lo dijo Joel (Jim Carrey) en Eternal Sunshine of the Spotless Mind:

Fotos: Tumblr

Es exactamente eso, una fecha comercial. Si se utiliza como excusa para hacer algo lindo por alguien a quien amamos, bienvenido sea, pero no tiene por qué ser una obligación.

Así que en mi caso la utilizo como excusa para citar algunas, sólo algunas, de mis parejas favoritas que nos ha dado el maravilloso mundo del cine.

Margot y Richie y ese amor que se declaran en una carpita mientras suenan los Rolling Stones. Un amor que lo sienten imposible porque son hermanos, aunque adoptados.

Drácula y Mina, ese amor eterno. “He cruzado los océanos del tiempo para encontrarte”. Es que, como leí por algún lado alguna vez, sólo los vampiros pueden amarte para siempre.

Lee y el original Sr. Grey. Dos personas que se aman y se entienden y se necesitan.

Jesse y Celine. Porque han logrado plasmar en cada película una etapa del amor, de la manera más realista posible. El encantamiento de un amor nuevo, las desesperanzas tras haber desaparecido pero nunca ido de nosotros, y el trabajo que conlleva el llevar una pareja adelante, un trabajo de a dos y que nunca cesa.

Charlotte y Bob, y eso que se queda ahí, en un hotel, en Tokyo, en un susurro. Dos personas perdidas que sólo pudieron encontrarse con el otro.

Podría citar muchas más pero me limito a mencionar sólo cinco, como un Top Five pero sin orden aleatorio (aunque Margot y Richie sí son y siempre serán mi primer puesto).

  • Las películas son: The Royal Tenenbaums, Bram Stoker’s Dracula, Secretary, la trilogía Before Sunrise/Sunset/Midnight y Lost in Translation.

Wes Anderson y la literatura

¿Puede haber combinación más bella? I don’t think so.

Mi primer tatuaje

  • Sí, es por la película de Wes Anderson, que es mi película favorita en el mundo. Pero para mí no sólo es una cita, sino un modo de decir que siempre he querido (I’ve) pertenecer a su universo.
  • No, no me dolió. Tampoco fui con miedo. Siento cierta fascinación por las agujas pero esto se parece más a que te estuvieran quemando a que te pinchen.
  • No creo que sea el único. Siempre amé los tatuajes pero en mí nunca los imagino bonitos. Necesito que sean discretos y, claro, con mucho significado. Por eso la primera opción no podía ser otra. Y si bien no tengo diseños en mi cabeza (ni lugares en el cuerpo, lo que más me costó decidir), sé sobre qué o quiénes quiero que sean mis próximos dos.
  • No es tan grande como aparenta en esta única foto que le saqué por el momento. Es algo que me dijeron mucho, por eso lo digo, es pequeño, de hecho creo que la mejor definición es: “tierno”.
Por otro lado, no puedo dejar de agradecer a El Demiurgo de Hurlingham por incluirme en este premio. Me tomo algunos días más para pensar mis recomendaciones mientras tanto.

Necesito. Visitar. Este. Lugar.

Por si no se dan cuenta con ver las fotos, Bar Luce, situado en Milán (no muy cerca mío lamentablemente), fue diseñado por mi tan querido Wes Anderson. Soy capaz de vender mi alma y todo lo que tengo por poder ir a visitarlo (¡se escuchan propuestas!).

Dejo algunas fotos…

Una foto publicada por @luxkaysen el 14 de May de 2015 a la(s) 2:55 PDT
Una foto publicada por niccolo_avanzini (@niccolo_avanzini) el 13 de May de 2015 a la(s) 10:33 PDT
Una foto publicada por @x.x.x.vii.x.x.x el 13 de May de 2015 a la(s) 9:06 PDT

Candy for breakfast. #barluce #fondazioneprada #wesanderson @fondazioneprada

Una foto publicada por Elena Braghieri (@elenabraghieri) el 10 de May de 2015 a la(s) 3:34 PDT

#fondazioneprada#barluce#Wesanderson#retro#milano

Una foto publicada por Erika Guerrisi (@erikaguerrisi) el 10 de May de 2015 a la(s) 11:01 PDT

#BarLuce #FondazionePrada #WesAnderson #ordinaryseaman

Una foto publicada por ordinaryseaman (@ordinary_seaman) el 10 de May de 2015 a la(s) 4:07 PDT

En palabras de su propio diseñador: ““While I do think it would make a pretty good movie set, I think it would be an even better place to write a movie. I tried to make it a bar I would want to spend my own non-fictional afternoons in”. El lugar fue puesto junto a la Fundación Prada, con quien Wes Anderson ya trabajó cuando realizó el corto “Castello Cavalcanti”.

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Las películas nominadas a los Oscars 2015

Llegó el día nomás. A diferencia del último año no llegué a desarrollar mejor acá las categorías principales y cómo creo y también cómo quiero que se den estos premios, más allá de haber visto casi todas las películas nominadas (me faltaron algunas extranjeras, algunos documentales y muchas animadas). Pero a la vez, este año no puedo ser ni un poquito objetiva. Yo quiero todo para Wes Anderson, aunque sé lo poco probable que es que eso se suceda. Me limito a dejarles mi opinión sobre cada una de las películas nominadas a la categoría mayor, linkeando mis críticas.

Boyhood. En realidad no tuve oportunidad de escribir sobre la película pero en este artículo hablo sobre el director y también sobre esta curiosa película que va a pasar a la historia. Y porque, obviando la de Wes Anderson, es la que más me gustaría que ganara.
Birdman. Mi crítica lo dice todo.
The theory of everything (la crítica de abajo es la mía)
The imitation game. Una de las películas más nominadas y sin embargo creo que será bastante olvidada.
Selma. Nominada por corrección política seguro y nada más.
Whiplash. La única película de la cual no tuve oportunidad de escribir en absoluto, pero sin duda una de las sorpresas del año. Muy intensa y recomendable.

Por qué creo que Wes Anderson merece ganar en los Oscars

Se acerca la fecha. El domingo es el gran día. Bueno, les dejo un artículo que escribí para El Espectador Avezado. Porque como me conocen mucho por acá, él es mi gran ídolo y por lo tanto el texto no deja de ser muy personal, no importa cuánto intente ser objetiva.

Escribir sobre este hombre es algo que me resulta tan fácil como difícil, así de contradictoria como soy con muchas cosas en mi vida. Por un lado, me encanta explayarme sobre él, y podría hacerlo por horas. Por el otro, me es difícil organizar todo lo que hay en mi cabeza.
Son muchos los méritos que tiene Wes Anderson y su última película, El Gran Hotel Budapest, para llegar a ser una de las dos películas más nominadas a los Oscars y que ya tiene en su haber otras estatuillas como la de los Golden Globes o la del sindicato de guionistas (Writers Guild Awards). Uno, es que se convirtió en un impresionante éxito de taquilla, sorprendente incluso para un director cuya película anterior, Un reino bajo la luna, ya empezaba a mostrar atisbos de encantar a gente que no solía gustar de su cine.
Además, El Gran Hotel Budapest es de las películas nominadas que más temprano se han estrenado en el año, por lo que el hecho de que se la siga teniendo tan en cuenta habla de algo que no es fácil de pasar por alto, un producto que vale la pena seguir teniendo presente. Y de paso, el film logra algún reestreno (sucedió en algunas ciudades de EE.UU. pero también en nuestro país).
Pero el detalle principal que hace especial, al menos para quien les escribe, una ferviente admiradora de su cine desde hace diez años, es el hecho de que Wes Anderson no tuvo que cambiar o abandonar su esencia para llegar a donde está ahora. Mientras en una época el director tenía su círculo de fanáticos pero también una horda de detractores (que los sigue habiendo, pero el bando ya no es tan claramente delimitado), y parecía estar destinado a ser un director al que sólo se lo podía amar u odiar, logra llegar a más gente con una historia que tiene muchos de los rasgos de su cine y una impronta visual con cada uno de sus sellos y más consciente que nunca de su estilo.
Wes Anderson no cambió para enamorar a Hollywood, maduró, sí, pero siguió siendo tan fiel a sí mismo como lo fue siempre.
¿Quién es este director? Es difícil imaginar que hoy en día alguien que disfrute del cine no sepa quién es Wes Anderson. El joven director oriundo de Texas y estudiante de Literatura comenzó a escribir guiones para luego filmarlos junto a su amigo Owen Wilson y sus hermanos.
Mientras su carrera comenzó con el pie derecho, con el corto seleccionado por Sundance y la posibilidad de hacer su largometraje homónimo, Bottle Rocket, la carrera de Wes Anderson no fue toda cuesta arriba.
Con su primer largo no le fue bien pero al menos pudo captar la atención de alguien como Martin Scorsese, con quien luego intercambiaría películas europeas que le sirven de inspiración para cada uno de sus películas, y conversaciones interminables sobre cine.
No importa que una de sus mejores obras sea su segunda película, Rushmore, donde además descubre, como dice el crítico Matt Zoller Seitz (que escribió el bello libro que todo fanático del director debería tener en su casa, The Wes Anderson Collection), que Bill Murray estaba triste.
Recién para su tercer largometraje Wes Anderson logra un elenco multiestelar, el primero de varios, y sigue sumando gente a su grupito de actores que repitirá película a película, como Anjelica Huston. Hablo de Los excéntricos Tenenbaums, una comedia agridulce sobre una familia con niños que prometían ser genios pero en su adultez son fracasados y se encuentran deprimidos, que viven con la sombra de un padre que los abandonó y que para recuperarlos alude a una falsa enfermedad terminal.
A Los excéntricos Tenenbaums le va bien en crítica y taquilla y es entonces cuando el director tiene la posibilidad de filmar con un presupuesto mucho mayor al que acostumbraba. Disney le produce la aventura de La Vida Acuática de Steve Zissou, con Bill Murray como un oceanógrafo que acaba de perder a su mejor amigo por un tiburón jaguar al que quiere cazar sólo para matarlo. Pero esta vez no le va bien y el film termina siendo un fracaso, lo que convence al director de volver a filmar con presupuestos pequeños. Y tras un viaje por la India junto a Roman Coppola y Jason Schwartzman, los tres escriben el guión de Viaje a Darjeeling, una historia sobre tres hermanos que vuelven a encontrarse tras la muerte de su padre para realizar un viaje espiritual a través de la India, que no va a salir para nada como estaba planeado.
Sin embargo, cuando se hablaba sólo de cómo Wes Anderson continúa repitiéndose a lo largo de sus películas, él se anima a realizar Fantastic Mr. Fox, que se caracteriza por ser su primera película animada, con la técnica del stop motion, y además su primera adaptación (antes eran sólo historias originales escritas en compañía de algún amigo como al principio lo fue Owen Wilson), de un cuento de Roald Dahl. El resultado es un film muy peculiar, de aquellos que probablemente disfruten más los adultos que los niños.
Y en su próxima película, pone a dos niños como el centro de la historia. Decide mostrar el amor inocente entre dos niños que quieren escaparse para estar juntos. Un reino bajo la luna es una historia de amor con inocencia pero en la cual los chicos no actúan como la mayoría de los niños, sino que parecen más adultos que los propios adultos, los cuales se encuentran inmersos en sus traumas y tristezas. Y Wes Anderson logra encantar por primera vez a un público más amplio, que se enamora con los protagonistas de esta historia.
Entonces aparece El Gran Hotel Budapest, una película ambiciosa, que desborda de su estilo visual, con un elenco multiestelar comandado por un Ralph Fiennes nunca visto antes (si me preguntan, la nominación que le faltaba a la película era ésta).
Wes Anderson no deja de ser él mismo e introduce temáticas recurrentes: repite la presencia de un narrador, como el de Los excéntricos Tenenbaums, pero acá le pone rostro; el protagonista, un hasta el momento desconocido Tony Revolori, es huérfano y va a encontrar a su familia en este hotel; hay muerte, pero esta vez ésta se encuentra multiplicada mientras Anderson se permite introducirse al género de policial pero sin abandonar su peculiar humor; y hay una historia de amor entre jóvenes que “estábamos completamente solos en el mundo y profundamente enamorados”.
¿Quién no querría ser un botones en el hotel Grand Budapest? El amor que Wes Anderson le imprime a cada una de sus películas, donde trabaja siempre con una sonrisa en su rostro (y si no me creen los invito a ver los detrás de escena de cualquiera de sus películas, que se encuentran tanto en los extras de los dvds como online) y está atento a cada detalle, sin dejar un objeto, un color, una sombra, una canción (porque la música es fundamental en cada una de sus películas) librada al azar. Así, siendo más él mismo que nunca, enamora a un público que en los primeros días tras su estreno logra recaudar 800.000 dólares en sólo cuatro salas.
¿Merece El Gran Hotel Budapest ser ganadora en los Oscars? Es obvio no puedo contestar otra cosa que sí, absolutamente. Aun cuando intento separarme de mi admiración incondicional hacia todo lo que hace este hombre, no puedo dejar de pensar el avance que sería en una academia generalmente tan predecible y correcta decida jugarse por premiar un film como este. De todos modos, la cantidad de nominaciones que recibió es un logro impensable hace apenas unos pocos años atrás para el director.
Ahora, ¿tiene buenas chances la película? Si me preguntan, creo que la única de las estatuillas principales que realmente tiene chances de llevarse es la de Mejor Guión. Entre Birdman y Boyhood se disputarán las categorías principales y ninguno de ellas debería ser al menos en esa terna una fuerte competencia para la película de Wes Anderson. Después, claro, entre tantas nominaciones, algunas técnicas, como Mejor Producción de Diseño por ejemplo.
Pero vuelvo a resaltarlo: que hoy una película de Wes Anderson esté nominada a 9 premios Oscars es algo que ni yo, que lo quiero y lo apoyo en todo lo que hace, hubiese podido predecir. Pero lo hizo, y si bien siempre digo que estos premios para mí no son garantía de nada (sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de las ganadoras nunca son las que yo premiaría), no deja de ser un reconocimiento enorme y que le seguirá abriendo puertas, si es que acaso él necesita más, para hacer lo que quiera, para seguir construyendo universos hermosos y únicos en los cuales me gustaría encerrarme a vivir.

¿Quién no querría serlo en el hotel Grand Budapest?

Photo via Creative ReviewSoy seguidora del cine de Wes Anderson desde hace alrededor de diez años. La primera película suya que vi fue The Life Aquatic With Steve Zissou, que tras ver el trailer esperando que sea una comedia me sorprendió y emocionó además de encantarme con una singularidad en las imágenes y la música que pocas veces había descubierto. A partir de ahí no pude parar y seguí viendo todas sus películas. Voy a ver todas sus películas al cine y hasta las repito. Me las sé de memoria, cada imagen, cada palabra, cada gesto, cada detalle. Obsesivo lo mío, sí.

Mi preferida, como me cansé de mencionar por estos pagos, será siempre The Royal Tenenbaums.

La cuestión es que repetí muchas veces, por acá y por cada una de las redes sociales por las que deambulo, que para mí premios como los Oscars no son garantía de nada, ya que en general no comparto sus gustos. Pero esto no impide que hoy estalle de alegría, porque sí soy consciente de todos modos del reconocimiento enorme que éste es. Y hoy se anunció que The Grand Budapest Hotel tiene 9 nominaciones (si hubiese quedado nominado Ralph Fiennes como actor, cosa que me hubiese encantado claramente, el número sería redondo y único), al igual que una de sus fuertes competidoras, Birdman (película con la cual no me gustaría nada que perdiera).

No sé realmente cuántas chances tenga de llevarse a su casa las estatuillas más relevantes, aunque las ilusiones la tengo. Sobre todo teniendo en cuenta que en los recientes Golden Globes su película ganó por sobre su mencionada competidora (al menos como Mejor Película, ellos se llevaron inexplicablemente el de Mejor Guión y, predeciblemente, Mejor Actor). De todos modos, si Boyhood le ganara no me molestaría.

Ahora resta esperar al 22 de febrero para saber qué va a suceder con todo esto. Mientras tanto mi alegría es inmensa porque es cuestión de remontarse un poquito atrás, no mucho, unos pocos años, para darse cuenta de que este éxito que hoy está teniendo mi director de cine favorito no era de imaginarse. Siempre supe que es un realizador muy de nicho, sus películas pueden ser tan amadas como odiadas, pero con las últimas películas logró encantar a un público más extenso y hoy es una de las películas que no faltan en cada uno de los premios de la temporada. Si les interesa, en Rushmore Academy (web page de la cual me siento muy orgullosa de ser parte) intento actualizar seguido todo lo que va sucediendo con su película.

Mi top 10 de las películas del año

Lista confeccionada para Visión del Cine pero aquí expreso el por qué de cada una de mis elecciones.

1. The Grand Budapest Hotel. Porque que Wes Anderson llegue al cine siempre es razón para festejar pero además su última película es una oda al cine, llena de amor por sus peculiares personajes y con un elenco enorme que, aún en los pocos minutos que tienen algunos actores secundarios, le permite a cada uno brillar. De esas películas que causan risas y emoción, y te dejan con el corazón contento. Y no es poco.

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2. Boyhood. Porque Richard Linklater hizo algo más que filmar una película durante doce años con los mismos actores. Se dedicó a seguir a una familia, en especial al niño, con una naturalidad y honestidad, pero sobre todo mucho corazón, que parece que uno viera su propia vida reflejada, no importa cuántas cosas tengamos en común con ellos. Al fin y al cabo, expuso miles de las sensaciones universales (como la adolescencia y el no saber exactamente qué va a ser de tu vida, o el dolor del momento en que una madre ve a su hijo irse de su casa, por ejemplo).

3. Palo Alto. Porque apareció otra personita del clan Coppola demostrando que sus ganas de hacer cine vienen con conocimiento. Con cuentos de James Franco como base, Gia Coppola refleja la adolescencia como sólo alguien con una intuición tan precisa puede hacerlo, como aquel momento de caos a veces menos contenido que otros, lleno de incertidumbres y con las hormonas a flor de piel. Y con una Emma Roberts más linda que nunca.

4. Only lovers left alive. Porque los vampiros nunca fueron tan cools. Hermosos y sexy, sí, dos palabras que se asocian fácilmente al vampirismo. Pero acá Adam y Eva se aman desde hace una eternidad y aun así caminan de la mano, o se apoyan uno en el hombro del otro. Escuchan música o leen libros, mientras los humanos se destruyen o se convierten poco a poco en zombies.

5. Mommy. Porque odiamos a Xavier Dolan por tener sólo 25 años y hacer películas tan incuestionablemente interesantes. En este caso, con esta relación tan intensa entre una madre y un hijo problemático, en un formato cuadrado y con canciones pop hiper conocidas pero que uno al cantar entiende exactamente por qué suenan en cada uno de esos momentos.

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6. Begin Again. Porque además de las lindas voces de Keira Knightley y Adam Levine especialmente, la nueva película del director de “Once” es menos agridulce, más alegre aunque con su momento de melancolía y su final inevitable. “Pero somos todos estrellas perdidas tratando de iluminar la oscuridad”.

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7. Guardians of the galaxy. Porque últimamente blockbusters y películas basadas en cómics de Marvel o DC los hay por montones. Pero no todos logran no sólo contar una historia interesante, sino hacerla amena y llenarla de personajes queribles y simpáticos, y buena música marcada especialmente por la nostalgia. Porque todos somos Groot.

8. Aire Libre. Porque a veces es así, y una pareja no logra ser lo mismo que era cuando comenzaron. Y eso Anahí Berneri logró reflejarlo con mucha eficacia en esta película en la que pone a los dos bonitos de Celeste Cid y Leonardo Sbaraglia pero a discutir, a mirarse sin soportarse, a tocarse sin pasión y hasta a cantar “Provócame” de Chayanne en una versión mucho más cool.

9. Frank. Porque el sexy Michael Fassbender demuestra de nuevo ser algo más que una cara bonita, y en este caso no podía ser más literal: se pone una cabeza gigante durante el 90% de la película y aun así logra transmitir miles de emociones, casi queriéndonos hacer creer que podemos ver unos ojos tristes en los mismos que hace un rato vimos alegría al interpretar la música.

10. God help the girl. Porque vuelvo a lo mismo que ya varias películas mencionadas previamente me enseñaron: la música salva. Stuart Murdoch de Belle & Sebastien se animó a dirigir un musical con personajes ingenuos y encantadores, que en medio de sus soledades y tristezas se encuentran y comienzan a hacer música.

Me quedan muchas que no vi, no vi tanto cine argentino como me hubiese gustado por ejemplo, y muchas de las películas que más se mencionan para la época de premios acá no llegaron. Y no hace falta aclarar que es una lista muuuuuuuuuuuuuy subjetiva, ¿verdad?

Fathers, fathers everywhere

Así es el cine de Wes Anderson. Lleno de padres. Aún cuando no tiene intenciones de que así sea; en alguna entrevista sobre The Darjeeling Limited comentó que al tener como protagonistas a tres hermanos a los que se le había muerto el padre, esta figura no iba a estar presente como siempre, pero entonces se dio cuenta de que lo iba a estar más que nunca. Y de hecho, su quinta película es sin duda en la que el padre como figura toma mayor relevancia. Pero en ninguna brilla por su ausencia.

En su primer película, “Bottle Rocket”, no hay padres, y que no lo haya no es un dato menor. Sus protagonistas, Dignan por sobre todo, están perdidos. Y es por eso que cae ante la figura de Henry, porque encuentra en él a un mentor. Mientras que Bob se refugia, ya cerca del final, en su hermano mayor con quien tiene una relación problemática.

En “Rushmore”, Max perdió a su madre y tiene como padre a un barbero al que no termina de aceptar como tal. No lo hace porque Max nunca aspira a cosas pequeñas, por eso miente y dice que es un neurocirojano. Y a la vez, Herman Blume es padre de unos mellizos toscos que no toleran, a su modo, el divorcio de sus padres.

Para su tercer película, Wes Anderson hace más que reunir un gran elenco. Pone a la familia como el centro de todo, como esa palabra que no es una palabra, sino una oración. Y en esta película de muchos personajes, dos de los que mejor terminan relacionándose son un padre y un hijo. Chas y Royal.
Chas es padre pero también es viudo y vive con miedo a que le pase algo a sus hijos. Y además, siente con mucho dolor la ausencia de su padre durante prácticamente toda su vida, ya que él nunca reparó en disimular su preferencia hacia Richie. Cuando los Tenenbaums se separan, las invitaciones de Royal sólo se extienden a Richie, dejando a Chas y a su hija adoptada, Margot, de lado. Pero nunca es tarde, o eso nos gusta creer. Y Royal vuelve por las razones equivocadas pero se termina quedando por las correctas. Y todo se resume en estas palabras:
Y a la vez que Royal descubre también su rol como abuelo, Chas se permite acercarse a él tras un “año muy difícil”, y termina acompañándolo en sus últimos momentos de vida, siendo el único testigo de su muerte.
 
Su siguiente película, vuelve a poner en foco a un padre que no asume su rol de padre hasta que, quizás, es muy tarde. Es cierto que en un principio, Steve tiene la excusa perfecta, que nunca supo de su hijo, pero a la larga sabe y Ned lo descubre que eso no es del todo cierto.
Pero a veces uno nunca quiere algo hasta que se da cuenta que no es así. Y cuando Steve, que nunca quiso ser padre y nunca va a poder serlo por culpa del océano al que le dedicó toda su vida, lo pierde a Ned se da cuenta de lo mucho que le hubiera gustado adoptarlo más allá de su edad.
Y como Wes Anderson a veces parece que tiene muchas cosas para decir sobre un mismo tema, o quiere hacerlo de diferentes maneras, es que en su quinta película, “The Darjeeling Limited”, como decía anteriormente, si bien no quiso hablar inicialmente sobre padres toda la película termina girando ante esta figura. Porque Jack, Peter y Francis viven con el equipaje que su padre les dejó, les pesa pero no lo sueltan, todavía no están preparados. Primero necesitan descubrirse, localizarse y conectarse el uno con el otro y consigo mismos. Necesitan ser testigos del dolor de un padre al que se muere su hijo, un niño al que Peter no pudo salvar, Peter, que tiene a su mujer a punto de parir en otro lado del mundo, porque nunca imaginó que iba a llegar a ser padre, si incluso cuando se casó pensó que eventualmente terminarían divorciados (“¿no es así como terminan todas las parejas?”, seguramente habrá pensado).
Con “Fantastic Mr. Fox” hay una aparente ruptura en la filmografía del director, pero lo cierto es que el film es rápidamente identificable como un producto suyo (sí, es animado; sí, se animó al stop motion, y sí, no es por vez primera una historia original suya) el Sr. Fox es la figura del hombre de la casa, del padre. Es el que tiene que darle de comer a sus hijos, y proveerles las enseñanzas que le servirán el resto de sus vidas. Pero este Mr. Fox es también, como todos o casi todos los personajes de Wes Anderson, un niño en un cuerpo de adulto. Y como Max Fischer, no quiere aspirar a cosas pequeñas.
En “Moonrise Kingdom”, esa bella historia de amor entre dos niños muy adultos que deciden escaparse para estar juntos, la figura del padre se encuentra presente de diferentes formas. Sam no tiene padres, es huérfanos, y la familia que lo adopta no tarda en darse cuenta que quieren deshacerse de él ante el menor problema. Suzy tiene un padre que casi no está, es decir, se lo ve, está ahí, pero es casi como un fantasma, está como ausente. Es un marido y padre que sólo funciona por inercia, que siente hastío, aburrimiento y no hace nada para cambiarlo. El scout master, el Edward Norton que desde hacía tiempo había querido ver en una película de este director, va a sentir empatía cuando se entera que Sam es adoptado, es el momento en que deja de estar enojado consigo mismo por perder a uno de sus niños para comprenderlo. Y quien va a cumplir finalmente con el rol de padre es el policía, un Bruce Willis melancólico que adopta a Sam.
Y por último, “The Grand Budapest Hotel”, en otra película que, a lo “The Royal Tenenbaums”, está llena de actores y personajes y por lo tanto de historias.Con un comienzo con un autor que no sólo narra la historia en cuestión, sino que en esos pequeños minutos vemos interactuar con un niño, en esta película la figura paternal más importante está en el entonces desconocido Tony Revolori como Zero, que es huérfano y llega a este país escapando de la guerra que lo dejó sin familia. Y la figura del padre reside en su mentor en el hotel y en la vida, Mr. Gustave, un Ralph Fiennes brillante, que irradia sobre todo mucha calidez y es quien le deja todo su legado.
 
Así son los padres en el cine de Wes Anderson. Ninguno se siente como tal, muchos no quisieron llegar a serlo, y otros nacieron naturalmente ante la necesidad de alguien más. Se equivocan, se redimen, desaparecen, vuelven a aparecer… y sin dudas son inolvidables.
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