Camino a mi trabajo

Es un nuevo día pero aún parece de noche. Así de raro y fuera de lugar se percibe todo por la calle a estas horas. Como si el mundo no encajara en este mundo. Como si fuese una película de terror, todo tan extraño que hay algo mal, algo va a pasar.

Es casi un invierno y hace un calor primaveral. Las personas aparecen antes de poder escucharlas. Las hojas secas y mojadas de la vereda se convierten al poner el pie al lado en cucarachas que salen corriendo.

(Las cucarachas a estas horas resultan mucho más aterradoras).

La neblina o humo al acercarse no es más que una ilusión generada por la iluminación de esa esquina. Paso al lado de alguien y me mira, como si fuese a decirme algo, pero seguimos nuestros rumbos opuestos en silencio.

Siento como que me quiero escapar. Camino apresurada y transpiro y me cruzo todo el tiempo con gente que pasea a sus perros con correa. Perros que no ladran, que no juguetean, que respetan que a esta hora la mayoría está durmiendo.

La estación está desolada y guardo la bufanda en mi bolso. El tren no va a llegar hasta que no haya más gente; no sé cómo lo sabe.

Escucho una persiana que se levanta y es del edificio que da justo enfrente. Me imagino cómo sería vivir al costado de una estación de tren, cómo poder dormir, no por su traqueteo que es bastante silencioso, sino por la campana de la barrera baja. Y entonces recuerdo que yo viví casi todos los años que tengo de vida pegada a las vías. Que de chica saludaba al tren desde la ventana de mi living y que cuando ya era adulta -o eso decía mi dni- agregaron la campana y no la soporté hasta que me acostumbré y eventualmente me olvidé de que existía.

Ahora no tan lejos escucho a un hombre cantando Escándalo de Rafael. No es la primera vez que lo hago.

Nada parece muy normal acá, pero ya hay gente y viene el tren y adentro el aire acondicionado está tan fuerte que hace mucho frío y me duele la panza y viajo incómoda y de pie al menos dos estaciones más.

Y luego me siento y cierro los ojos. Intento dormirme y no puedo y hace mucho frío, aunque no es ése el motivo de que no pueda dormirme. Además la gente habla y yo quiero que se callen. ¿No se dan cuenta de que es muy temprano? No voy a abrir los ojos.

Pasa alguien pidiendo dinero y no lo veo porque finjo estar dormida así me ignora. Yo los ignoro, ellos me ignoran.

Quisiera que el viaje durara dos horas y no veinte minutos. Porque no importa lo cansada que esté debido a lo mal que dormí la noche anterior, ahí, en ese viajo, no logro conciliar ni un poco el sueño, aunque quien me viera creyera que sí, porque no voy a abrir los ojos, ya conozco los tiempos del tren y entre sus estaciones.

No puedo dormirme tan rápido más allá de que me acuna el suave movimiento. Necesito tiempo.

Necesito más tiempo.

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Otro extracto de diario

Tarde de miércoles lluviosa. Una lluvia leve, casi una imitación de lluvia.

Un café, un libro y un delicioso y tibio roll de canela es todo lo que necesitaba. Y luego ir a ver una película. No importa cuál, lo importante es ver cine.

Si no fuera por las películas no sé qué sería de mi vida.

Foto: mi instagram @enjoyjessica

Escrito el 17-ene-2018.

Sobre la segunda temporada de The Girlfriend Experience

Aunque el final la muestre igual que como empezó, no le creo. Nadie olvida (en todo caso, lo supera) a aquellas cosas o personas que nos lastiman. Sino no aprenderíamos de ello. Eso no me gustó de la serie (eso y mil cosas más en esta flojísima segunda temporada): Anna no aprende nada. Bria tampoco. Ya se las saben todas.

Me encanta esta especie de empoderamiento de la prostituta pero no creo que esté bien desarrollado. Sí sucedía en la primera temporada, como Christine. Al final ella se encuentra a sí misma y cómoda en ese mundo.

En fin, extrañé a Christine.

Esta temporada me resultó aburrida y ninguna de las dos historias me atrapaba, ninguna lograba interesarme, y me costó mucho terminarla. Nada que ver con lo que me sucedió con la primera, que el mismo día que empecé no pude dejar de verla hasta terminarla.

Las mejores películas del 2017

Mi humilde balance cinematográfico, basado antes que nada en las emociones que han sabido provocarme ciertas películas.

Estrenadas comercialmente en Argentina durante el año.

10. The Beguiled

Este año, tuve la suerte de poder ver, escuchar y hasta sacarme una foto con una de mis máximas ídolas, Sofia Coppola. De Nueva York me traje esta película en blu ray (cuando acá se estaba recién estrenando en el cine, con mucho retraso no hace falta decir) y la novela con la edición que tiene el póster en la portada (aunque todavía no la he leído). Si bien creo que no es lo más logrado de la directora, no deja de ser una historia tan interesante como atrapante. Un hombre que cae en medio de un grupo de mujeres tan fascinadas como al mismo tiempo hermanadas entre sí, algo que puede ser tan atractivo como peligroso, así como ellas.

9. Fai bei sogni

Lo último de Marco Bellocchio es una película que se parece mucho a la vida: a veces es linda y dulce, otras tantas dura y triste y siempre se percibe en ella cierto halo de misterio. Enorme, bella y conmovedora de una manera muy genuina.

8. Mario on tour

Escrita y dirigida por Pablo Stigliani, narra una historia pequeña que sus actores (con un gran Mike Amigorena como líder) y los momentos que combinan drama y humor la hacen grande. Un film sencillo y conmovedor sobre mantener ciertos lazos y remendar aquellos que se han cortado, con las canciones de Sandro como banda sonora.

7. Alanis

Lo último de Anahí Berneri escrito junto a Javier Van De Couter y protagonizado por lo mejor de Sofia Gala es un retrato necesario sobre la prostitución pero ante todo sobre una mujer fuerte y decidida.

6. Star Wars: The Last Jedi

El estreno de una de las películas de esta saga sigue convirtiéndose en uno de los eventos cinematográficos del año, es así. Y en este caso, de la mano de Rian Johnson, el resultado es una de las más sólidas corrigiendo errores anteriores al mismo tiempo que funciona tanto como homenaje como puerta a siempre nuevas historias y personajes.

5. La La Land

Un hermoso y luego de su segunda mitad algo agridulce musical sobre la ciudad de las estrellas. Emma Stone y Ryan Gosling cantan, bailan y se enamoran al mismo tiempo que persiguen sus sueños, caminos que no siempre irán de la mano. Damian Chazelle y su retrato sobre Hollywood como un lugar de ensueño en el que todos quieren pertenecer, pero que también conlleva cierto sacrificio.

4. L’ Avenir

En un año donde Isabelle Huppert estrenó unas cuantas películas, la mejor de ellas es la de la directora francesa Mia Hansen Love, aunque Elle haya llamado más la atención. Lo que podría haber sido un drama sobre una mujer que casi al mismo tiempo se queda sin trabajo y sin marido, es en realidad la muestra de la plenitud que puede alcanzar la mujer en cierto momento de su vida.

3. Paterson

Un conductor de buses que combina su rutina laboral con los imprevistos de una novia impredecible pero sobre todo con la poesía que escribe a diario en el cuaderno que siempre lo acompaña. Al igual que Paterson, su protagonista (interpretado por Adam Driver, actor que no se puede encontrar en un mejor momento), Jim Jarmusch encuentra poesía hasta en lo más mundano.

2. The disaster artist

Gran homenaje a Tommy Wiseau y a todas aquellas personas que quieren triunfar más allá de sus capacidades y talentos, siempre y cuando sigan trabajando sin nunca bajar los brazos. La consagración que necesitaba James Franco, su mejor película como director (lejos) y su mejor interpretación. Una película divertida y con mucho corazón.

1. A cure for wellness

Una película de terror que dura dos horas y media y sin embargo nunca decae, al contrario, en su segunda mitad despliega lo mejor del género. La muestra de que Gore Verbinski desligado de las grandes productoras trabaja mucho mejor. Pasó re desapercibida y es una gran pena, pero se quedó impregnada en mí con esas imágenes tan bellas como perturbadoras.

Las que no entraron pero casi:

Thor: Ragnarok

Wonder Woman

Wind River

Manchester by the sea

Las no estrenadas comercialmente

5. Aterrados

Una de terror que logra asustar y poner los pelos de punta de manera genuina con una historia simple pero efectiva y redonda. Demián Rugna logra la que quizás sea la mejor película de terror argentina, y la actuación de Maxi Ghione es además memorable. Para tener muy en cuenta cuando la estrenen.

4. The Meyerowitz Stories

Un divertido, conmovedor y muy maduro retrato sobre una familia tan disfuncional como todas, con el ojo del gran Noah Baumbach y un elenco multiestelar frente a él. Una película que si bien fue realizada para verse en cines luego compró Netflix y allí se puede ver. Por suerte su paso por algunos de los festivales más importantes (en mi caso, por el de Nueva York, donde hasta me di el lujo de asistir a la charla que brindó, ya que para la conferencia de prensa llegué unos días tarde) dio la oportunidad de verla en pantalla grande. Baumbach sigue siendo uno de los directores más notables y al mismo tiempo modestos que hay en escena y no puedo creer cómo esta película está pasando tan desapercibida durante la award season.

3. Call me by your name

Lo último del italiano Luca Guadagnino (a quien también pude ver y escuchar durante el festival de Nueva York) no es más que una hermosa historia sobre el primer amor, aquel que siempre resulta tan intenso y perdurable. Un film de grandes interpretaciones, pequeños momentos y un plano final imposible de olvidar.

2. Lady bird

Hace tiempo Greta Gerwig está inmersa en el mundo del cine pero generalmente actuando o escribiendo el guión. Y su primera película como directora resulta una de las mejores coming of ages de los últimos años, con una brillante Saoirse Ronan en la piel de una inteligente adolescente que sueña con algo más grande que su Sacramento natal. Divertida, suspicaz y conmovedora al mismo tiempo. Admiro muchísimo a Gerwig y el Festival de Nueva York me dio la oportunidad de poder ver esta película (cuando acá se estrena recién a principios de marzo) y poder ver y escucharla a ella. Me da mucha alegría que con esta ópera prima le esté yendo tan bien y se haya metido a la crítica y al público en el bolsillo, así como hizo conmigo.

1. Wonderstruck

Porque Todd Haynes es uno de los realizadores más exquisitos que hay y si bien se caracteriza siempre por hacer un cine muy adulto, acá regala un lindo cuentito para todo público lleno de emoción, citas e imágenes bellísimas. Obviamente el hecho de haberla podido ver en Nueva York y luego presenciar desde la primera fila la conferencia de prensa con ese director tan grande que es Todd Haynes, el guionista Brian Selznick y el elenco (menos Michelle Williams), le dio un plus muy importante. Lloré casi toda la película de la emoción. Y encima cuando unas semanas después pasé por la librería Strand, encontré una copia hermosa del libro, tapa dura, ilustrada y ¡firmada!

Las que no entraron, pero casi:

A ghost story

The handmaiden

The shape of water

Thelma

Introducción a un diario de viaje que en algún momento planeo escribir

“Creo que estoy un poquito enamorada”, me digo a mí misma. Aunque sé que no es así, que no quiero reconocer la verdad. Que no creo nada, que lo sé. Y que no es un poquito, que estoy hasta los huesos. Que estoy enamorada cual adolescente que cree que si este amor no puede ser no habrá nunca otro igual. Pero me digo que es algo más leve, porque temo salir de ahí con el corazón roto, devastada por la partida, por alejarnos, por dejarnos, vaya uno a saber hasta cuándo.

La amé desde lejos por mucho tiempo y cuando llegamos a conocernos mejor ya no hubo vuelta atrás. Ahora estaba perdida en ella, totalmente sumergida por todo lo que es y me ofrecía, por entregarse así, aunque sólo fuese algo casual, con todo.

Fue un romance tórrido, sin vueltas, intenso, en sólo unas semanas nos recorrimos hasta por rincones menos conocidos. Nos amamos como si no hubiese un mañana, porque no nos importaba, bueno al menos a mí no me importaba el mañana que ahora se hizo hoy y me tiene acá, tan lejos suyo, escribiendo para todo aquello por lo que se escribe: registrar, no olvidar, pero también aprender a soltar, a dejar ir. A ella no le debe importar demasiado, tiene miles de amantes desparramados por el mundo que viajan miles de kilómetros sólo para verla y que le escriben libros y le dedican películas.

La extraño y la deseo, y no la puedo tener ahora mismo. Gajes de haber entregado el corazón como siempre se hace, sin haber usado la razón, sabiendo que siempre hay más chances de salir con el corazón roto. Pero en este caso sabiendo que valió la pena, que los momentos vividos fueron suficientes para alimentar recuerdos eternos, y que me hizo conocerme mejor y darme cuenta de algunas cosas. Ella no pudo y no quiso venirse conmigo, y yo no me pude quedar con ella.

El mejor final de película es el que al mismo tiempo es un nuevo comienzo

Esta película demuestra que hay trenes que pueden volver a pasar en tu vida (aunque se tarde diez años en hacerlo) pero ahora vas a tener que estar dispuesto a perder el avión.

 

Detalles de Villa Urquiza

Mi barrio es lindo en cualquier época del año. Podría decir que es el barrio donde vivo pero no es sólo eso, es MI barrio, lo hice mío desde que hace unos años pude mudarme y dejar un sitio donde nunca me hallé.

Acá disfruto caminarlo, recorrerlo, descubrir siempre algún nuevo rincón o detalle, desde un cafecito chiquito y escondido con aires rococó hasta el duende que desde el medio de la terraza mira hacia la calle y parece vigilarte cuando pasás por enfrente.

Foto: mi instagram @enjoyjessica

El otoño lo hace especialmente lindo, no sólo a nivel estético, con ese ocre que tiñe veredas y árboles que ante la menor ventisca se despojan de sus hojas danzantes. La sensación de caminarlas, pisarlas, ese sonido crujiente a mis pies. Pocas cosas pueden provocar tanto placer y alimentar mi alma.

El invierno se pone un poco más triste, cuando ya los árboles se ven escuálidos y pelados. Aun así, hay un detalle que adoro y que cada año busco, y este apareció más tarde, haciéndome temer que no lo hiciera. Un cerezo que florece y le da un poco de color al invierno gris. Cada vez que regreso a casa desde mi trabajo, vuelvo desde la parada del colectivo por esa misma calle, camino y siempre paso a su lado y me detengo sólo a admirarlo. Ese fucsia hermoso que a mediados del invierno empieza a dejar crecer hojas verdes a su alrededor. Y de a poco, de manera pausada, todo se va preparando para la estación más colorida, la primavera. Lo viejo ya murió, se cayó y desapareció, y ahora da lugar a lo nuevo.

Foto: mi instagram @enjoyjessica

Cosas que quiero hacer en NY

Foto: Pinterest

En dos meses viajo a Nueva York por vez primera y si bien me voy más tiempo de lo que la gente suele pasar allá, siento que es poco porque quiero hacer mil cosas y no sé si me va a alcanzar el tiempo para tanto (a la larga es menos de un mes). Ya sabremos qué cosas saldrán de allí (lo no planeado también me encanta), pero por ahora esta es mi lista:

  • Visitar la casa de los Tenenbaums (bueno, verla desde afuera, porque prioridades son prioridades)
  • Caminar el Highland Park
  • Ir a los juegos de Coney Island
  • Merendar en Alice’s tea cup
  • Pasarme la tarde en The Strand
  • Recorrer el Central Park en bicicleta
  • Comer un cupcake de The Magnolia’s Bakery
  • Recorrer no sólo museos, sino galerías
  • Hacer la ruta de la papelería
  • Caminar por el Times Squares de noche
  • Viajar a Sleepy Hollow en tren
  • Ver El fantasma de la Ópera en Broadway
  • Ver al menos una película en el NYFF
  • Ir a la NYCC (ya tengo entrada para el primer día!)
  • Comer un bagel arcoiris en The Bagel Store
  • Ver a los Guns’n roses en el Madison Square Garden (Ya tengo la entrada!)
  • Ir al Grand Central Station y observar a la gente
  • Visitar muchos cementerios

A esto se le suman un par de escapaditas (de un día) una a Redbank, NJ y otra a Philadelphia. Todo armado por mí misma, ningún guía ni tour turístico.

Minirrelato

-Te amo.

Se le soltaron, se le escaparon de su boca antes de que pudiera pensar en cerrarla, de que pudiera decidir una vez más que no era momento, que probablemente nunca sería el momento. ¿De qué iba a servir decirlo?

Dos palabras. Cinco letras. Algo tan chiquito que podía abarcar tanto peso.

Soltó las palabras y se quedó muda, deseando desaparecer en ese mismo momento. Él también se había quedado mudo, aunque no sabía bien qué quería.

Se miraron a los ojos, expectantes el uno de la reacción del otro. Ella lucía asustada, él estaba nervioso y parecía a punto de sonreír. Y así lo hizo finalmente. Sonrió fuerte, con ganas, mostrando todos los dientes. Le dio un beso en la frente y la abrazó. No dijo  nada.

Ella tampoco, pero se dejó abrazar, hundirse en esos brazos donde tan cómoda se sentía, refugiada, a salvo del mundo exterior. Brazos que extrañaba cada vez que se iban, que la dejaban. Derramó alguna lágrima rebelde que por suerte se perdería en el sweater de él. Y se quedaron así. En silencio. Abrazados. Tal vez ese abrazo decía más que lo que podían expresar las palabras, pensó, se consoló ella.

¿Y ahora?

Recuerdo de cuando me enamoré del cine

Cuando era adolescente y estaba en la secundaria, casi sin querer descubrí que amaba el cine. Más que la gente “normal” que disfrutaba sentarse a ver una película.

Había descubierto que podía ir sola al cine (aunque yo lo tenía lejos y abarcaba un viaje importante en colectivo) pero además mi padre solía copiarnos películas y cada fin de semana nos traía varias.

No tenía internet en ese momento en mi casa, por lo que no tenía acceso a cientos y miles de películas como ahora, así que siempre las veía a todas (ahora no tengo tiempo para ver todas las que tengo en mi disco y cuando lo haga probablemente el número de películas allí sin ver hubiese aumentado potencialmente).

Cuando veía alguna que lograba fascinarme, era capaz de verla muchas veces. A veces dos en el día, varias en la semana. Así me enamoré de Big Fish (El gran pez) de Tim Burton.

Vi esa película tantas veces que me aprendí cada línea, y siempre me emocionaba en las mismas partes, no importaba que ya supiera todo lo que venía.

Unas compañeras de la escuela que también disfrutaban de ver películas me habían pedido una recomendación. O quizás yo se las hice sin que la pidieran, confiando en que la disfrutarían (casi) tanto como yo. Bueno, eso no pasó. Cuando me dijeron que la vieron, les pregunté a las dos hermanas mellizas qué les había parecido. “Sí, está bien”, sin ser muy expresivas. Y mencionaron lo gracioso que les había parecido la escena en que nace el bebé.

Yo no lo podía creer. De una película tan perfecta, llena de emociones, de situaciones tan originales, profunda, enorme… ellas se habían quedado con un gag menor.

Y así fue la primera vez que se me rompió el corazón. No fue un chico que me gustaba y no me dio bola.

Hoy creo que quizás por eso terminé, sin haberlo planeado, haciendo crítica de cine. Para expresar esas cosas tan increíbles que ciertas películas me generan. Hoy también ya estoy acostumbrada, especialmente en ciertos ámbitos, a recomendar películas y que la devolución luego no fuera ni cercana a la esperada. Ya no me suele afectar así, salvo si justo recomiendo con unas ganas alguna película a alguien que conozco (o creo conocer) mucho y no me puedo imaginar que no pueda apreciarla como yo. Ahí es otra historia.

Pero siempre tendré la posibilidad de sentarme a escribir, probablemente acá, y que alguien lea, o no. Al menos yo lo saqué de adentro.

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