Lo nuevo de tres directores de cine de terror que me gustan

No es ninguna novedad que me gusta, y mucho, el cine de terror. Incluso siempre que me preguntan cuál es mi género favorito, elijo ése. Aunque mis películas preferidas no suelan pertenecer a tal.

Esta semana que pasó, vi tres películas a las cuales les tenía muchas ganas, por los nombres que cada una traía con ellas.

Blair Witch. Confieso que, quizás porque no la vi cuando recién salió, sino un par de años después, o quizás porque la considero culpable de la cantidad de películas de mediocres para abajo que usan y abusan del found footage, o quizás porque simplemente no era para tanto, es que la original nunca me gustó demasiado. Tengo muchos problemas con los found footages, siempre las veo las que son de terror pero en general las termino odiando. Me molesta su camarita inquieta (siento que es más inquieta de lo que sería si uno realmente protagonizara la película), su inconsistencia muchas veces desde el punto de vista subjetivo que mantiene, y no me creo que en momentos como en los que uno corre por su vida pueda acordarse de seguir filmando y enfocando. Bueno, confieso también que amo a Adam Wingard, que cuando vi You’re next me compró de manera inmediata y ni hablar con la inédita The Guest. Sus cortos en VHS y The ABCs of Death también me parece que son mejores que el resto. Y cuando me enteré que su próxima película The Woods sería en realidad una secuela de The Blair Witch Projects, le puse fichitas. Sobre todo porque además está escrita por su frecuente colaborador guionista Simon Barrett.

Entonces se estrenó y la fui a ver. Y si bien creo que tiene cosas interesantes (la cámara no es tan nerviosa, y todos sus gadgets me permitió distenderme un poco, sólo un poco, de las posibles inconsistencias que siempre busco -¿quién estaría filmando esta parte? ¿no se debería ver su pelo? ¿esa especie de distorsión de sonido no fue más bien algo que sintió el personaje y que la cámara no tendría cómo reflejar de ese modo?-), a la larga las termina desaprovechando. Y el guión, el bendito esqueleto de la película, es la principal causa de que al final, no hay caso, la película no funcione. Una pena, no bajo los brazos ante Adam Wingard pero sin dudas me parece un traspié y me da lástima incluso porque pensé que iba a ser su gran momento.

31. Entre mi cataratas de confesiones totalmente subjetivas y personales no puedo evitar la siguiente: amo a Rob Zombie. Me gustan sus películas (me debo de él sólo la animada), me encanta su mujer, los actores que suele elegir para acompañarla (Me enamoré de Bill Moseley por culpa especialmente de The Devil’s Rejects, por ejemplo), la estética setentosa, la banda sonora. Amo su cine, es así. Y si bien The Lords of Salem no logró gustarme lo mucho que esperaba que me sucediera, con 31 quedé encantada. Es cierto que a nivel guión, falta mucha profundidad en personajes, motivaciones y situaciones varias, pero cumple aunque sea a rajatablas. Y a nivel audiovisual, desborda, es Zombie en su máxima potencia. Lo gore con lo  estético se conjugan de una manera para mí sumamente atractiva. Los villanos ya me resultan icónicos (Doom-Head es increíble, pero hasta me quedé con ganas de más Sex-Head), y el final, implícito, también me gustó. La presencia femenina del film (Sheri Moon, Meg Foster, Elizabeth Daily) es de lo mejor junto al Doom-Head de Richard Drake.

No llega a ser el mejor Rob Zombie, como sucede en aquella película que además de todo esto (villanos, sangre, bizarreadas varias, Lynyrd Skynyrd…) tenía mucho corazón (sí, corazón) como sucede con la brillante The Devil’s Rejects, pero para mí cumplió con cada una de mis expectativas.

Hush. A Mike Flanagan lo descubrí de casualidad. Cuando había empezado a escribir sobre cine hacía no mucho, fui como prensa a la avant premiere de una película de terror muy chiquita llamada Absentia. Fue la primera película que vi en el cine, como dato de color, con quien hoy es mi novio. Y a ambos nos había gustado. Es de bajísimo presupuesto pero tiene una buena idea y un buen desarrollo de tal. Cuando se estrenó Oculus, confirmé que a este director había que seguirlo. Y cuando vi Before I wake (que todavía no pudo estrenar en los Estados Unidos), salí fascinada, eso que no es para nada una película de terror (bueno, empieza como tal pero lo cierto es que es inclasificable).

Flanagan es ante todo un gran constructor de climas. Pero no es ahí en donde se queda cada una de sus películas, sino que siempre tienen una historia interesante para contar. Gracias a Netflix vi Hush, película que coescribió junto a su mujer y protagonista del film, Kate Siegel.

Según la trivia de imdb (soy adicta a leerlas), ambos escribieron el film al mismo tiempo que la actuaban, para que el film pudiera desarrollarse del modo más verosímil. No me puedo imaginar nada más divertido que escribir una película, de terror, junto a tu marido Mike Flanagan, de este modo. Por cierto, ella está maravillosa en el no fácil papel de una mujer sorda que un día es acechada, sin razón aparente (a mí me rememoró a The Strangers, “because you were home”), por un joven que quiere asesinarla, un joven que creyó que iba a ser un target fácil y se encuentra con una mujer que no se define por su discapacidad, y que es una luchadora (no puedo evitar ahora acordarme de otra película que vi el fin de semana, “The shallows” y lo obvio y pobre que está desarrollado allí este concepto, con lo que el padre le dice al principio sobre cómo su madre era una luchadora… pero me voy por las ramas).

Siento que el cine de Flanagan sigue madurando pero de la manera más impredecible (Before I wake es particularmente el ejemplo más claro de esto), y eso me hace sin dudas querer seguir viendo cosas suyas. Bueno, su próxima película es la secuela de una de terror malísima, obvia y totalmente olvidable: Ouija. No obstante, creo que desde el trailer de esta nueva entrega uno puede crearse lindas expectativas.

Oda al sofá

En el centro del departamento se rige él, eterno compañero, especialmente de tardes y noches frías. Enorme, negro, poderoso. Cubierto, por la frazada que una abuela tejió y muchos colores. Bajo la cual yacen sus cicatrices y marcas de guerra: rasguños, alguna tajada, marcas varias, producto de lo mucho que vivió y sobrevivió, en la casa de algún amigo o ahora en la mía.

Es el apoya cosas. Es llegar a casa y arrojarle la cartera y la campera. Si no encuentro mi celular es probable que esté hundido entre sus almohadas.

Es sofá y cama. Cama muchas veces sin necesidad de desplegarlo antes, cuando me quedo dormida y hago una siesta improvisada o es de noche, tarde y me da fiaca caminar hacia la cama.

Es mi asiento para comer, aunque la mesa ratona resulte bajita y termine improvisando una bandeja con alguna almohada. El lugar donde leo mientras suena algún disco de fondo. Nuestra butaca de cine favorita, ya que hemos visto incontable cantidad de películas sobre él.

Detrás suyo se esconde mucho más que la ventana. Cajas de cómics viejos de los que en algún momento nos vamos a deshacer. El paraguas (siempre seco) colgando del caño. La aspiradora. Una bicicleta fija que uso cuando se me antoja.

Es una casa dentro de otra casa. Sofá, cama, refugio. Un habitante más.

Experimentando

Quiero escribir sobre “The Girlfriend Experience” pero no sé cómo abordarla. Eso pensaba hoy. Y es así. Pero de todos modos, al escribirla acá, en mi blog, para mí y quienes quieran leerme, no es necesario, supongo, que sea de un modo ni formal ni adecuado. Se supone que es como yo quiera, personal, es mi fiesta y voy a llorar si quiero hacerlo.

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Lo cierto es que esta serie me resultó, justamente, toda una experiencia. Me la vi toda en un solo día y no soy de las personas que se ven una serie en un día (quizás en un fin de semana pero sólo lo he hecho, creo, con dos: Girls y Orange is the new black; creo que me interesan las series sobre mujeres principalmente). Es cierto que es corta, trece capítulos de menos de media hora. Pero también es cierto que es una serie que se toma sus tiempos, que cada capítulo no tiene necesariamente un eje principal, una acción o hecho importante, y muchas veces incluso el final de cada uno se siente abrupto, azaroso. Hoy leí que Soderbergh sugiere ver esta serie como si en realidad fuese una película muy larga, de unas seis horas aproximadamente. Y puede ser que así funcione porque así me funcionó a mí.

Christine, el personaje en cuestión, es calculadora y fría. La serie es fría también, los colores siempre son fríos, no hay nada de calor, planos muy calculados, muchas veces desde afuera, a través de ventanas o vidrios. Hay distancia, la misma que la propia Christine genera con cada una de las personas que la rodean. Juega a que uno crea conocerla pero ella sabe que en realidad nadie sabe todo de ella, quizás ni ella misma.

El último capítulo es el más extraño. El penúltimo funciona a simple vista mejor como cierre de temporada. Sin embargo, hay todavía más por ver ahí. A una Christine metida más y mejor que nunca en el mundo de las escorts, un mundo que en realidad entendió desde un principio. Recuerdo que el Joker de Heath Ledger decía “Si eres bueno en algo, nunca lo hagas gratis”, y esto parecería aplicarse a ella. El sexo es más bien algo que tiene de manera compulsiva, es otro de los mundos en donde quiere tener el control. Y en el último capítulo, que gira en torno a, digámoslo del modo más bruto, “un turno más”, a ella se la ve desenvolverse con total experiencia, aún ante situaciones que para muchos nos resultaría absurdas.

El mundo de la prostitución, de las escorts de lujo en este caso, fue tratado muchas veces en el cine. Incluso la serie tiene su origen en la película homónima de Soderbergh protagonizada por la increíble Sasha Grey (la quiero mucho). Pero creo que esta serie logra, más allá de su tono tan frío, retratarlo fuera de los juicios morales más básicos que podrían girar en torno al tema. “Porque me gusta”, contesta de la manera más directa y brutalmente honesta que encuentra la protagonista a su hermana sobre el tema. ¿Y qué si es así?

Mandarinas

Pensar en cítricos, especialmente en las mandarinas, me rememora inmediatamente a mi infancia. A cuando yo tenía cuatro años y mi madre estaba embarazada de mi hermana menor, el único de sus embarazos que puedo recordar (mi otra hermana nació casi inmediatamente después que yo). Recuerdo que vivíamos (alquilábamos) en una casa de San Martín, con patio y dos árboles: uno de limones y uno de mandarinas.

Puedo recordar también momentos como cuando nos subíamos a un poste que había y le tirábamos, con mi hermana un año menor que yo, piedras al gato del vecino. Recuerdo incluso que teníamos un gato, uno negro, uno que en realidad un día vino a casa y se quedó allí, uno que mis padres no planeaban tener. Y recuerdo que un día simplemente desapareció y no supimos más de él. No sé si mis padres habrán sabido y no nos quisieron contar o si realmente un día se fue, a la larga era un gato callejero.

Pienso en mi mamá embarazada y no tengo forma de recordar pero sí me han contado que siempre sintió antojos por lo cítrico. Y que, cuando por algún motivo el doctor se lo prohibió o se lo desaconsejó, nunca sé ni entendí (no entiendo qué tiene de malo comer cítricos pero tampoco sé qué es estar embarazada), mi padrino, que ayudó y estuvo mucho en nuestros años más tempranos, el hombre más bueno que hay sobre la Tierra, le traía a escondidas bolsas de naranjas.

Pero lo que sí recuerdo por mí misma, aunque vaya uno a saber cuánto se puede haber deformado ese recuerdo con los años, es cuando estábamos en esa casa de San Martín y mi madre estaba enorme a causa de su tercer embarazo, y no podía parar de comer. Y una de las cosas que más disfrutaba, era de las mandarinas. Lo que recuerdo es que se comía tantas que no le daba tiempo al árbol para que diera nuevas frutas, o al menos para que éstas maduraran. Me acuerdo que ella me convidaba, porque a mí también siempre me gustaron los cítricos, y me acuerdo que se comía muchas verdes. Literalmente, estaban verdes. Pero eran ricas igual, porque yo las comía con ella y no recuerdo que me disgustaran. Hoy pienso y supongo que eran más ácidas, pero eso no lo recuerdo.

El otro día pasé con el colectivo, como paso siempre, por las mismas calles cerca de casa. Como paso siempre por los mismos lugares, a veces dejo de mirar porque simplemente doy cosas, lugares, paisajes, por sentado. Estaba por bajarme y veo fugazmente un árbol con mandarinas. Lo vi tan rápido que hasta un poco dudé de mi vista.

Hoy, que no tuve que ir a trabajar, salí a comer, sola, por el barrio, a un lugar que siempre quise visitar, de tanto pasar frente a él con el mismo colectivo, pero no lo había hecho aún. Al volver, recordé ese árbol y lo busqué. Estaba segura de que estaba en cierta esquina y cuando llegué allí y no lo vi, dudé una vez más de mí misma. Había otros árboles, más aburridos, sin frutas, sin otro color que no sea el verde. Pero seguí caminando y a la esquina siguiente lo encontré. Estaba ahí. No pude porque estaba muy alto pero no hubiese agarrado seguramente uno de sus frutos. Sólo le saqué una foto, desde abajo porque soy chiquita y así sentí que me envolvía. Esta foto:

Mi problema con Suicide Squad

Hola, soy una más de la incontable cantidad de personas que vio Suicide Squad y no le gustó. No soy la más indicada para hablar sobre la película, porque DC en el cine no me suele gustar. Y no me interesa, ahora, jugar a ser crítica de cine.

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Así que me limitaré a decir que mi problema principal tiene que ver con un guión que, más allá de no saber desarrollar varios (casi todos) los personajes, me duele especialmente con esta dupla que tanto me gusta: Harley Quinn y el Joker.

Me gusta no porque crea como una boba que son una pareja loca y hermosamente enamorada, sino porque son dos personajes oscuros y traumados. Harley Quinn no es una heroína, ni cuando la quieren obligar a serlo, es víctima de un amor/obsesión irremediable que siente hacia una persona que en realidad sólo la maltrata, usa y abusa de ella. A él no le importa en absoluto su bienestar, salvo que le convenga. No puede amar a nadie.

En la película, la trama de ellos dos se reduce a una tonta historia de amor como la que lee Harley en la escena de la foto que elegí para ilustrar el post.

En cuanto a las actuaciones, Margot Robbie está encantadoramente sexy como Harley Quinn. Imposible no amarla, por eso da tanta bronca que no supieran aprovecharla. Con respecto a Jared Leto, nunca me convenció como el Joker. Entiendo que quiso hacer algo distinto, no copiar (menos mal) a Heath Ledger por ejemplo, pero nunca pude ver al Joker, ni siquiera en los trailers que prometían un mejor retrato del personaje. Siempre vi a Leto disfrazado.

Y después me reservo el derecho de mencionar las muchas otras cosas que no me gustaron de la película.

Random

La espera me agotó

No sé nada de vos

Dejaste tanto en mí

El nuevo editorial de Raquel Zimmermann, para la revista Harper’s Bazaar, me contó una historia que me rememoró a esta canción.

Estado actual

 

No pregunten por qué pero me la paso viendo Sex and the city. Decidí maratonearla toda desde el principio (siempre la he visto, pero creo que ni siquiera en orden, a capítulos sueltos por la televisión, donde los he visto tanto que de todos modos no hay capítulo -parece- que no haya visto).

Cada vez me arrojo más a mis guilty pleasures, cada vez con menos culpa.

Nadie se puede reemplazar

Yo siento que nunca puedo olvidar a alguien con quien he estado porque cada persona tiene sus propias características. Uno no puede reemplazar a nadie. Lo que se perdió, se perdió. Cuando termino cada relación me lastima mucho. Nunca me recupero del todo. Por eso tengo mucho cuidado al involucrarme porque me duele mucho. Incluso cuando sólo me acuesto con alguien, en realidad no hago eso, porque extrañaré las cosas de esa persona. Me obsesionan las cosas pequeñas.

Tal vez estoy loca.

Cuando era una niña, mi mamá me dijo que siempre llegaba tarde a la escuela. Un día ella me siguió para saber por qué. Yo me quedaba viendo las castañas caer de los árboles y rodar por la vereda, o a las hormigas cruzando el camino, la sombra de una hoja proyectarse en el tronco del árbol… cosas pequeñas.

Creo que lo mismo pasa con la gente. Veo en ellos pequeños detalles, muy propios de cada uno, que me conmueven y que extraño, y que siempre extrañaré.

Nadie se puede reemplazar porque todos están hechos de detalles hermosos y específicos.

Hoy no escribo. Hoy la cito. Palabras de Celine en la que quizás sea la mejor de la trilogía protagonizada por Ethan Hawke y Julie Delpy y dirigida por Richard Linklater. Palabras que siempre sentiré propias.

El famoso hilo rojo

Estoy al tanto de casualidad supongo sobre todo lo que concierne mediáticamente a los protagonistas de esa película. Aunque me guste vivir en una burbuja y muchas veces lo haga adrede, hay cosas de las que uno tarde o temprano siempre lee o le cuentan. Es que en serio, poco me interesa más que la farándula barata de nuestro país.

Yo quería ver El hilo rojo porque es de la misma directora que Abzurdah. Quise verla aún con más énfasis cuando leí el libro recién editado (que me lo devoré en un solo día de lo mucho que me atrapó), aquel en el que está “inspirada” la película. Lo cierto es que hasta hoy, que leí esta entrevista, no entendía cómo y cuándo había surgido el guión y el libro, en qué orden.

Así que, efectivamente, fui a verla. Y salí muy decepcionada. No me parece justo comparar libro y película, no en este caso, donde a la larga están tan alejados el uno del otro.

Mi idea no es acá hacer una crítica de la película pero paso a enumerar las cosas que ahora recuerdo que no me gustaron: clichés (el beso bajo la lluvia como mejor ejemplo), diálogos horribles, personajes secundarios desaprovechados (por ejemplo, ¿qué onda la amiga? después desaparece ese personaje, y creo que en la historia es cuando más debería estar), situaciones forzadas (el encuentro entre los cuatro personajes me pareció horrible, sobre todo la actitud del personaje de Vicuña), cero empatía con los protagonistas (ella es una histérica, él es un regalado e insistente). Hubiese sido genial que se aprovechara en serio esa idea de dos personas que parecen realmente estar conectadas por algo invisible, que el destino parezca que quiere que estén juntos. También hubiese estado bueno que se exploraran temas como la infidelidad, pero acá se cae en los lugares comunes de siempre.

Incluso el final es cobarde. No es abierto, es cobarde. Si no la vieron y no quieren saber, no lean mi próximo párrafo.

El “Ahora no puedo” es sólo otro rasgo más de la indecisión/histeriqueo del personaje principal. No es un “vamos a ver qué pasa con esta decisión”, sea cual fuera, como debería ser un lindo final abierto. Sabemos que es un personaje al que le cuesta tomar decisiones, que le cuesta tener responsabilidades, sobre todo porque, error, ella lo dice explícitamente.

A la larga, termina siendo una película aburrida, melodrama de telenovela berreta. No sólo nunca nos creemos el amor entre ambos personajes, sino que tampoco la pasión la sentimos más que en unas pocas escenas.

Estoy decepcionadísima porque me encantaba la premisa y quería mucho que me gustara, pero es imposible. Si hasta mi canción favorita de Amy Winehouse (You know that I’m no good) suena un par de veces en ella (confieso que no me quedé a escuchar la versión de la China Suárez durante los créditos, empezó y dejé la sala, porque en serio, estaba indignada).

Lo más curioso es que al libro no le tenía nada de fe, pero se me quedó bastante impregnado.

Lecturas

Pensando sobre qué escribir en el blog (hay otras ideas pero necesitan un poco más de preparación), llegué a la literatura. Generalmente mi vida es cine, cine, cine, pero también intento leer, aunque no lo hago tanto como quisiera así como compro una cantidad obscena de libros que no sé cuándo terminaré de leer.

Hablando de compras… Cosas que me compré en la Feria del Libro (paralelamente compré otros libros en el medio pero bueno, el tema de mi adicción a las compras no viene al caso):

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Como adicta a los cuadernos que soy, no pude evitar traerme uno más a mi colección. Y como últimamente descubrí que me gusta mucho colorear, me tenté también con las postales de Buenos Aires.

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Hace tiempo que le tengo ganas a la saga de Kiera Cass. Y como soy así, a todo o nada, me compré los cuatro, sé que me faltan un par más de cuentos y el último creo que ni siquiera está editado aún acá. No me digan que no son las portadas más preciosas.

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Siempre encuentro cosas interesantes en ese stand, pero esta vez lo más curioso es que el año pasado también me había comprado allí mismo dos libros: uno de Sylvia Plath y otro de vampiros. Recién en casa me di cuenta, en el momento ni lo había pensado.

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Cuentos de Virginia Woold y Emma de Jane Austen, porque siempre puedo leer a más mujeres.

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Hasta una Mia Wallace me compré, ¿no es divina?

Todavía no toqué los libros de aquella compra tan discreta. No obstante, sí les dejo acá mis últimas lecturas y algunos breves comentarios sobre cada una de ellas:

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“No ficción”, de Alberto Fuguet. Me lo devoré. La verdad es que es muy atrapante. A Fuguet ya lo había leído un par de veces, aunque tiene muchos libros (yo tengo incluso un par que aún no toqué) y tengo muchas ganas de leer el último. Hay mucho Fuguet para leer, si interesa.

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“Madame Bovary” de Flaubert. Siempre lo había querido leer pero nunca me di la oportunidad hasta que me enteré que iba a ser el primer libro del Club de lectura de Crónicas de Moda (entren al link si tienen ganas de ir, lo recomiendo). La verdad es que me encantó, Emma es un personaje que a simple vista uno no podría querer pero creo que encontramos en ella mucho más, yo al menos, hay una constante insatisfacción en ella y sí, muchas veces en mí también. Ah, y me bajé versiones cinematográficas, ya que tampoco vi ninguna, así que supongo que cuando tenga un poco más de tiempo para mí me pondré a verlas también, conseguí ni más ni menos que cuatro (sé que hay una miniserie también pero no conseguí esa)

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“El hilo rojo”, el libro que inspira la película que se estrena la semana que viene. La verdad, me lo leí en un solo día, me encantó. No sé por qué creí que iba a ser un poco más osado, pero igual me gustó mucho. Eso sí, no le tengo nada de fe a la película, ojalá me equivoque; la anterior de la directora, Abzurdah, me había gustado más de lo que esperaba.

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Hmmm, decepcionante. Siempre me interesa leer a mujeres escribiendo sobre sexo y celebro que ella escriba tan libre de prejuicios sobre sus experiencias, pero no encontré pasión, no sé a dónde quería llegar con todo esto. Igual, ansiosa como soy, cuando me compré éste también me compré su último libro, “Celos”, que es como una especie de continuación de este. Así que supongo que en algún momento lo leeré.

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Este es el que no pude terminar. En general, me aburre, no puedo evitarlo. Este libro fue regalo de mi novio porque, de impulsiva, sí, me había comprado la secuela sin saber que era secuela. Así que como el caso anterior, tengo más para leer. Sé que en algún momento lo terminaré, pero por ahora lo dejé simplemente en stand by.

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Y el que empecé ahora. Me costó, y mucho, decidir cuál empezar pero por un lado, es el último de la trilogía y los dos anteriores de Stephanie Perkins me habían gustado mucho, y por el otro, hace bastante que no leo en inglés. Así que como lo empecé recién, recién ahora, no tengo mucho para decir por ahora.

Creo que eso es todo por ahora, se me ocurrió que podía ser buena idea comentar un poco mis lecturas. Estoy abierta a sugerencias. Personalmente tengo una adicción importante a instagram y amo seguir ciertos hashtags y de ahí saco muchas ideas sobre qué leer.

Las fotos son todas mías, claramente, en su mayoría (se darán cuenta de cuál no) de instagram.

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